Archivo de la categoría: Clásicos

El lobo estepario (Hermann Hesse)

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El lobo estepario (Hermann Hesse)

El lobo estepario es una de las novelas de mayor renombre de la Literatura del S.XX. Inicialmente se presenta como una novela, aunque según avanza en la profundidad del personaje protagonista acabas percatándote de que te falta el oxígeno, y entre bocanada y bocanada de aire resultó que estás atrapado en el puro existencialismo, y te encuentras leyendo un tratado de Filosofía.

Me explico: en mi caso, El lobo estepario ha sido ese regalo que se te presenta seductoramente envuelto y para el que guardas grandes expectativas. Se inicia con una introducción sobre el protagonista, Harry Haller, que le hace un supuesto conocido y  después de la cual me dejó con muchas, muchas ganas de echarme a Haller en cara. A ver qué narices era eso de ser un lobo estepario.

Me dispongo a abrir mi regalo.

Cuando el propio Harry toma la palabra y  narra sus vivencias en primera persona, hablando de lo que supuestamente es una personalidad compleja y atormentada, me encuentro con cargantes y reiteradas exposiciones de un cincuentón descontento y depresivo. Sin mayor calado. Lamentaciones de alguien sin aspiraciones sobre su propia vida que pretende hacernos ver  una profundidad de carácter en el mero hecho de ser sencillamente algo asocial. Chin púm 😦

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Finalmente resulta únicamente que Haller es un intelectual instisfecho y desencantado de la vida,  quien no reconoce un lugar propio en este mundo y por lo cual reniega – insistente y machaconamente – de la burguesía. Como veis, ese encanto inicial que se le sospechaba al protagonista acaba siendo simple y llanamente la historia de un hombre triste y decepcionado, con un carácter poco o nada  interesante, pero que se autodenomina a sí mismo “lobo estepario”.

Esto es: un globo pinchado.

Ahora bien… ¡lo bueno empieza al final de la obra! Ahí es cuando Hesse se desmarca de esa reiterada insistencia en contarnos cómo es Harry para directamente ponerlo en acción. Conoce a una mujer que lo hace cambiar de aires, Haller empieza a sentir las contradicciones entre lo que siempre ha sido y lo que está empezando a ser, y de repente lo invitan a un fantástico y misterioso teatro… Sin duda, la mejor parte de El lobo estepario, donde lo onírico hace que olvides al plasta de las 70 páginas anteriores, cierres los ojos, escuches un saxo y sientas esas ganas de bailar un fox trot

No para cualquiera, sólo para locos…

 

 

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Tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca (William Shakespeare)

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Tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca (William Shakespeare)

No se puede entender una obra como Hamlet con 15 años. Por supuesto que en ese momento me gustó, independientemente a que fuera una lectura obligatoria. No obstante, la complejidad de las emociones que experimenta nuestro querido príncipe – de la ira al desengaño, pasando por el intenso dolor – no es un descubrimiento accesible,  en toda su profundidad, a una mente no madura aún. Por ese motivo me he lanzado a  la relectura sin red, para empezar 2.018 dándole a Hamlet otra perspectiva. Así, sin despeinarme ni nada, oyes.

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Madre, el marrón que tengo encima con esto de la sucesión a la Corona

La historia del príncipe danés que llora desconsoladamente la muerte de su padre, el rey, nada menos que a manos del asesino y traidor de su propio tío y hermano del difunto, que además ha tenido la osadía de contraer matrimonio con la reina viuda, lleva al pobre Hamlet al borde de la locura; la intensidad de las emociones que padece, como he mencionado antes, discurren entre la sorpresa ante la horrible traición familiar, el insoportable peso de la responsabilidad de asumir su destino, el asco frente a la actitud de su madre, y la cólera ante la injusticia. Total, quién no hubiera rozado la locura en una situación como ésa. Criatura…

Si bien la lectura de teatro implica cierta fluidez, que la hace mucho más abordable que muchas novelas, no penséis que Hamlet no puede dejarte bizco con algunos giros en la exposición, que crean confusión al no corresponderse con la típica estructura lineal. Esto se debe a que el protagonista se encuentra confuso, perdido, llega a fingir enajenación; ¿creéis de verdad que esta historia debe narrarse como si fuera un cuento infantil?

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Sea como fuere, las reminiscencias a las tragedias griegas, en las que se da la combinación de todas estas situaciones: incesto, muerte, injusticias, vilezas y engaños varios, a menudo en el real entorno familiar, y la sufrida lucha de la víctima, es bastante evidente desde mi humilde punto de vista. Por supuesto, el estudio de Hamlet no ha terminado 500 años después de su publicación.

Por otro lado, está generalizada la opinón de que Shakespeare se inspiró en una obra anterior, Ur-Hamlet, para la escritura de Hamlet, considerándose posible incluso que el drama que conocemos fuera una adaptación de Shakespeare de aquélla anterior.

Ya en su día fue una de las obras clave de Shakespeare. Pero además a lo largo de la historia de la Literatura se ha sometido Hamlet a infinitos análisis, (que no tengo agallas para plantear en este incompleto e insignificante post), por supuesto desde los diversos enfoques que para cada corriente literaria, momento histórico y/o movimiento cultural debieran ser objeto de  planteamiento. Esto es así tanto en lo relativo a la estructura dramática, tratamiento religioso y filosófico de los hechos, pero muy especialmente acerca del personaje: su conflicto personal, intensa lucha interior y ¿fingida? locura.

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Ni que decir tiene que Hamlet es una de las obras teatrales más representadas de la Historia y que cuenta con todo tipo de versiones. Cabe destacar la eterna controversia en torno a la autoría de las obras de Shakespeare (en la que no entraremos aquí), pero tengo que confesar que desearía con todas mis fuerzas llegar a conocer la verdad antes de verme como Ofelia.

Matar un ruiseñor (Harper Lee)

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Matar un ruiseñor (Harper Lee)

Cómo pudo Harper Lee lograr con su única novela un Premio Pulitzer y convertirla en un clásico imprescindible del S.XX es algo que escapa de cualquier entendimiento y que me reafirma en eso tan sobado de la realidad supera, bla, bla, bla… Pero carajo ¡¡¡QUÉ P#&*TO CRACK!!!

Verdaderamente escribo estas letras con el sombrero quitado y es que Matar un ruiseñor es a la vez tan sencilla y complicada, evita los tópicos sin excesos, dando explicaciones de una franqueza incontestable evitando las simplezas… Y resulta tan actual. Me he quedado en shock y espero no recuperarme.

Scout es la (maravillosa) narradora, a ella le debemos esa sinceridad infantil del relato. Situémonos. Todos, en mayor o menor medida, conocemos parte de la situación social, política y económica que sufrió EE.UU en la década de los 30, esto es: penosa recuperación tras el Crack del 29 y que se llevó por delante miles de empleos dejando a muchos americanos en la miseria.

 

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Familia campesina de Alabama, 1936. Haceos idea el nivel de indigencia de los más desfavorecidos.

 

 

En el sur del país la Gran Depresión se acusó especialmente puesto que muchos de sus habitantes eran campesinos. En Alabama vive Scout junto a su hermano y a su padre, un viudo entrado en años al que amaréis con todas vuestras fuerzas si tenéis la suerte de que Matar a un ruiseñor se cruce en vuestras vidas. Atticus Finch es un abogado bien situado y muy respetable, en una población donde pertenecer a una u otra familia nos define mucho más que cualquier otra cosa.

La honradez de Finch le lleva a aceptar la defensa de un hombre negro acusado de violar a una joven blanca. Ahora bien, no es un hombre de acción por lo que no necesita una confrontación directa con sus vecinos, que representan el racismo no superado de la sociedad sureña de la época. Sus acciones le preceden, él es un hombre cristiano, de buena familia y razonable. Todos lo conocen por lo que, sorprendidos, le reprenden  su actitud, impropia de un caballero de su posición y trayectoria, de forma bastante sibilina. Como hace la gente de bien.

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La fina sutileza con la que Lee describe las relaciones sociales y el costumbrismo sureño en la época ha sido sencillamente una delicia.

Por otro lado, descubrir a Atticus Finch ha sido de lo mejor que me ha podido pasar como lector. No puedo parar de recordar la escena en la que Atticus espera en la puerta de la cárcel, solo, de noche, con una lámpara que se lleva de casa…

Me gustó especialmente saber que Lee se inspiró en la figura de su propio padre. Es comprensible que si Atticus lo personifica, su hija estuviera tan orgullosa. Posteriormente a su publicación en 1.960, Matar un ruiseñor fue adaptada al cine siendo Gregory Peck el mejor protagonista de la historia que ha podido verse nunca jamás en una película clásica.

La Cartuja de Parma (Stendhal)

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La Cartuja de Parma (Stendhal)

¿Dónde está la auténtica cartuja de la ciudad de Parma a la que alude la novela cumbre de Stendhal? ¿Existe realmente? Alucinad con el dato, amigos lectores: ni la trama se desarrolla en una cartuja, ni se menciona este edificio sino en la última página del libro. Se ha cuestionado siempre el motivo de este título para la obra. Cosas de genios.

Pero pongámonos serios y eruditos, pardiez; La Cartuja de Parma ha sido siempre considerada por todos (los que son más listos que yo) como una gran obra maestra de la Literatura, y concretamente del realismo literario del XIX, que surgió como contraposición al romanticismo y a su idealización de los sentimientos. Ya hablamos de ambas corrientes en el post de Papá Goriot. No es gratuito que mi adorado Balzac la nombrase novela más importante de su tiempo. Y este dato, junto con la ardorosa recomendación que Bryce Echenique, entre otros, hacen de ella me animó a empezar la aventura.

Pues bien, no me ha parecido para tanto. Efectivamente, y tal como había oído decir, la historia acerca de Fabrizio, el protagonista, no es tan seductora como resulta ser el tratamiento de la psicología que Stendhal hace de los personajes. Parece ser que ahí está el quid de la cuestión, y lo que a mí me hace pensar que yo me he perdido algo en esta fiesta de culturetas.

Para empezar, Fabrizio del Dongo es un “señorito bien” de una noble y antigua familia italiana que no sabe qué hacer con su vida desde que descubre que su hermano (no son precisamente amigos) será el heredero del título y él solamente un segundón sin horizontes. Después de todas las andanzas a las que le lleva su indefinición e inmadurez, – entre las que destaca presentarse a luchar en Waterloo en favor de Napoleón sin llegar a saber si realmente ha participado en la batalla-, acaba preso en Parma. Allí su tía, la duquesa de Sanseverina, es una mujer influyente que mueve Roma con Santiago con tal de favorecer el destino de su preferido (y secretamente amado) sobrino Fabrizio, mediante lo cual intrigará sin descanso junto con su amante, el primer ministro conde Mosca, entre lo mejorcito de la corte parmesana.

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Toma ya fiestón, en cualquier corte europea, S.XIX. No tiene pinta de que sirvan garrafón.

Dicho esto, cabe destacar que he quedado maravillada con el sesudo y detalladísimo tratamiento de la actividad y mecánica de una corte de la época. También sobre la conciencia de nobleza, de clase aristocrática y superior, de la oligarquía y los  privilegios por mero nacimiento. Ya había leído antes a autores contemporáneos a Stendhal y también otras obras relativas a estos escenarios, pero pocas veces he visto tan claro el funcionamiento y las intrigantes relaciones entre sus participantes. De reality televisivo, lo juro.

 

 

 

Los Miserables (Víctor Hugo)

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Los Miserables (Víctor Hugo)

Quizá este post hable peor de mí que del propio libro. No voy a mentir a nadie (que Dios me perdone): Los Miserables es un libro aburrido de pelotas aridísimo. Tanto en contenido como en forma. Como suele pasar con muchos clásicos, uno empieza la aventura con las referencias de otros, que pueden ser aficionados – como yo –, o bien que ya te hubieran vendido la moto desde la clase de Literatura en el instituto. Que parece que estos libros lo ha leído todo el mundo menos tú, que eres un pringado…

Con todo ese batallón de expectativas me enfrenté a Los Miserables, augurando para mí los más intensos momentos de éxtasis cultureta. Pues bien: el ritmo esta novela es tan lento que, por cada descripción de una emoción o situación, con sus correspondientes epítetos e interminables comparaciones (más o menos poéticas), al terminar me habían crecido el pelo y las uñas. Que llegué a pensar que a Víctor Hugo le pagaban por número de páginas, como le sucedía a mi querido Benito Pérez Galdós.

Dicho esto, lo cierto es que Los Miserables tenía otro irresistible atractivo para mí, y es que la época en la que transcurren los hechos me seduce especialmente, habiendo cuenta que se había doblado la esquina de la Revolución Francesa a todo correr, para continuar por el estrecho pasillo de la Restauración borbónica, después de que el país atravesara los amplios y soberbios salones del Imperio Napoleónico. Efectivamente: me estoy tirando el pisto para deciros que la Francia del S.XIX tiene mucha miga histórica.

Podéis consultar más en La Aldea Irreductible. http://irreductible.naukas.com/2013/11/06/ver-cadaveres-una-de-las-diversiones-mas-populares-de-paris-en-el-siglo-xix/?sa=X&ved=0CCQQ9QEwB2oVChMIr8KynJnzxgIVRe0UCh3RuwCw

Durante el XIX, la visita a la morgue de París para ver cadáveres era una de las macabras atracciones de ocio para los cuidadanos.

Y aquí es donde Víctor Hugo tiene su mejor baza: en la descripción del antes, durante y el después.

Ahora bien: hay que estar pero que muy documentado para seguirle el hilo de personajes reales – coetáneos o anteriores -, de circunstancias, hechos históricos y situaciones, porque si no eres catedrático de Historia Contemporánea es fácil que te pierdas entre tanta cita. Por daros un dato: la edición del libro que cayó en mis manos tiene unas 50 páginas de notas al pie. ¿Igual demasiado detalle?… No obstante, el mérito es suyo y sólo suyo. No es fácil encontrar a un autor con tal nivel de abrumadora minuciosidad. Sólo quiero citar, para vuestro deleite, el recuerdo tan amargo que guardo de la descripción de la configuración y ampliaciones de las cloacas de París a lo largo de la historia de la ciudad. Unas páginas memorables, sí señor.

Por lo demás la historia, la trama meramente personal de los protagonistas, me ha parecido triste, sí, obvio; pero (humilde, humildísimamente) opino que Víctor Hugo abusa a la hora de dar pena. Es como si se regocijara en la lástima que provocan sus personajes. Personajes que, por otro lado, son tan extremos que resultan poco creíbles. Con algunas salvedades. Me explico:

Jean Valjean es el bueno. Tan extremadamente bueno que no se sostiene. Desde Jesucristo no ha visto cosa igual. El comisario de policía Javert es tan moralmente rígido que es imposible, literalmente, que un adulto, con sus cotidianeidades, pueda seguir semejante línea de comportamiento las 24 horas. Imposible. Cosette es la dulce. Tan cándida, que es plana; un personaje sin matices ni aristas. Como una princesa de cuento. Salvo de esta hoguera a Marius Pontmercy, porque es el único personaje que plantea ciertas ambigüedades. En una palabra: humano y contradictorio como la gente real.

También me sorprendió la facilidad que tienen todos los personajes de Los Miserables en encontrarse una y otra vez y cruzar sus vidas, a menudo sin buscarse, en el París post-revolucionario. Unos datos: París duplicó su población durante la primera mitad del siglo XIX, pasando a tener hacia 1850 en torno al millón de habitantes. Durante el total del s.XIX la ciudad cuadruplicó su población. Me ha gustado mucho la descripción de la época que ha hecho El Arte no viene de Marte, y desde aquí os recomiendo, si queréis ampliar.

Ilustración de una carnicería con fresquísimo y apetecible género en perros, gatos y ratas, en los arrabales del París del S.XIX

Ilustración de una carnicería con fresquísimo y apetecible género en perros, gatos y ratas, en los arrabales del París del S.XIX

Pero bueno, quién soy yo para criticar de esta manera una obra cumbre de la Literatura europea, tan venerada, tan versionada en tantos formatos, que casi me estoy arrepintiendo de mis palabras… Víctor Hugo es un autor prácticamente con una calle a su nombre en cada ciudad de Francia. Aunque, por otro lado, siempre mejor ser sincer@ y haberlo leído, que intentar quedar bien diciendo cuanto me gustó sin haberlo tenido en mis manos.

Madame Bovary (Gustave Flaubert)

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Madame Bovary (Gustave Flaubert)

Tenemos ante nosotros otra de esas historias para las que el mojigato S.XIX no estaba preparado, ante ustedes, todo un clásico: Madame Bovary. La publicación de Madame Bovary provocó un gran escándalo y Flaubert fue llevado a juicio por inmoral (¡!). Para tranquilidad de todos, informaros que fue absuelto y el proceso generó un grandísimo éxito editorial a la novela.

¡Corre Madame Bovary, que nos pilla la misa de 12:00!

Madame Bovary cómic. Comunidad Lectora

Madame Bovary ha sido adaptada varias veces al cine, al teatro y hasta al cómic.

Emma Bovary es esa mujer y esposa perfecta: mujer florero definición de los cánones de rigor de este siglo para con las mujeres en general; y las mujeres casadas en particular. Pero con una singularidad: Emma se aburre. Las expectativas sobre el amor que se crea durante el noviazgo no se corresponden con la cotidianeidad de la vida marital (OMG!! El caso es que este dato me suena… ¿será que el ñoño romanticismo del XIX sigue aún entre nosotros? ¿Entonces el amor no es tan bonito como se ve en el cine? Esto es rabiosa actualidad, amigos).

El concepto del amor y la mujer en el S. XIX estaba en parte moldeado por el romanticismo. Esta corriente intelectual y cultural idealizaba el amor y las relaciones amorosas, y el sentimiento y sensibilidad de las mujeres se acoplaba cómodamente al lugar que socialmente se le adjudica (bella, dulce, instruida y culta sin llegar al exceso, sin ideas políticas, discreta, modosa, obediente, sumisa y madre amantísima), así como también adapta esta forma de vivir el noviazgo, primera y principalmente, y el matrimonio, posteriormente, y con mayor o menor suerte. En la novela, en la parte opuesta a Emma, su anodino marido y el resto de personajes representan el cinismo y los valores que regían la vida social del momento frente la insatisfacción (y terquedad) de la protagonista por alcanzar una felicidad utópica e irreal.

En este encuadre social en que fue publicada Madame Bovary – primeramente por entregas y después como obra completa – el adulterio era un concepto ambigüo en su consideración: bien visto y habitual si se es hombre, absolutamente condenable si se es mujer. A esta valoración hay que añadir que en realidad Madame Bovary rompió con las pautas de la literatura romántica, considerándose uno de los exponentes del realismo, la corriente que surge como contrapunto a la aparatosidad del romanticismo, poniendo sobre la mesa cuestiones más mundanas y con una visión más fiel a la realidad.

Las manitas quietas, que nos miran.

Sin este contexto no puede entenderse una obra como Madame Bovary,  en la que el propio Flaubert a veces parece condenar a Emma por su idea infantil del amor, pero otras veces la compadece en su infelicidad. El propio autor detestaba los dogmas sociales de la época y llegó a afirmar “Madame Bovary c’est  moi”.

Y me repito en lo que antes afirmaba sotto voce: los ideales románticos y los prototipos de hombre/ mujer son dañinos, pero siguen vigentes. Madame Bovary es un clásico, pero porque su esencia se mantiene en nuestra cultura occidental sin acusar poco más que unas pocas arrugas en el corsé.

La casa de Bernarda Alba (Federico Garcia Lorca)

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La casa de Bernarda Alba (Federico Garcia Lorca)

Me dispongo a comentar uno de los títulos más representados de la historia del teatro. Una creación de Lorca, uno de los autores más relevantes, admirados y también más idolatrados (para algunos como un dios de las letras, para otros como un falso ídolo-demonio rojo. Y léase rojo en su más amplio sentido). Aquí vamos a hablar exclusivamente de su obra. Y creedme cuando os digo que es una de las mejores obras de teatro que hayan pasado por mis manos.

Lo primero para adentrarse en el mundo de Lorca, (y de muchos otros autores, qué duda cabe), es conocer su entorno. Su infancia, su tierra, el folklore – lo sé, la palabra es casposa, pero aquí es obligada – andaluz de finales del XIX y principios del XX, todo ese mundo rural, del campo, de huertas, de los pueblos, de las mujeres, el mercado, los vecinos, la honra, los secretos; todo eso es algo que iremos percibiendo poco a poco según avancemos, acto tras acto, hasta llegar a convertirnos en una de las hermanas Alba más. Ese asfixiante “por el qué dirán” acaba atrapándote. El fin justifica los medios. La tradición y la represión. Y se lleva por delante las vidas de las hermanas protagonistas en “La casa de Bernarda Alba”.Casa de Bernarda Alba. Comunidad Lectora

La historia tiene su miga, auque pienso que es mejor no desvelar ningún detalle, porque leyendo teatro, las páginas vuelan. Siempre he dicho que se trata de un estilo de muy fácil asimilación, precisamente porque se describen los escenarios, apariencias, iluminación… la imaginación trabaja algo menos, sin embargo la trama y los diálogos nos arrastran muy rápidamente. Esta obra tiene cientos de interpretaciones en sus variadas representaciones teatrales, desde versiones flamencas hasta zombies.

La casa de Bernarda Alba. Comunidad LectoraLa historia de La casa de Bernarda Alba tiene su origen en una familia real, un matriarcado en toda regla donde las hijas solteras son poco menos que secuestradas en su propia casa por su madre, doña Bernarda. Parece que Lorca, en su infancia, conoció a estas mujeres en el pueblo donde sus padres tenían una pequeña finca. Sus casas se encontraban parejas y él veía pasar por la calle, siempre de luto y sin hablar jamás con nadie. Y parece ser que espiaba algunas conversaciones a través de un pozo hueco del patio. Aquella reclusión tan extrema le impactó. Y no sólo le sucedió con esta historia. Parece que “Bodas de Sangre” también tiene su origen en una historia real, conocida por el autor. Me pirran estas historias y también la recomiendo fervientemente.

La casa de Bernarda Alba. Comunidad LectoraPero es “La casa de Bernarda Alba” la que nos ocupa. Fue la última obra escrita por Lorca. Ni que decir tiene que no pudo representarse en España hasta muchos años después de su muerte. De hecho, la primera representación se dió en Buenos Aires en 1.945. Los personajes no son muchos, pero están metódicamente definidos. De esta manera llegamos a entender de qué manera y por qué llegan los enfrentamientos. Efectivamente, ya habéis deducido que se trata de un auténtico drama con aires andaluces.

Como digo, hay numerosísimas versiones. Personalmente, he tenido la oportunidad de ver aquella serie de RTVE y que me pareció sencillamente maravillosa. Dejo aquí el enlace para vuestro disfrute.