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Un monstruo viene a verme (Patrick Ness)

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Un monstruo viene a verme (Patrick Ness)

Atención amigos lectores, si además sois aficionados al cine: ¡este post contiene spóilers!

Nuevamente los monstruos y los miedos son los protagonistas cuando se dirige una historia al público joven. En “Un monstruo viene a verme” Conor, un chaval de 12 años, recibe diariamente, a la misma hora, la visita de un monstruo cuya intención es ayudarle a superar una pesadilla frecuente.

Como también hemos visto en grandes obras de la literatura juvenil como “El principito”, “La historia interminable”, o “Donde viven los monstruos”, es bastante recurrente que los autores traten de comunicarse hacia este tipo de lectores mediante un lenguaje metafórico sobre las grandes cuestiones de la vida. Por ejemplo, en el caso de “Un monstruo viene a verme”: Conor es un chico con problemas de acoso escolar; también, y especialmente, sufre debido a la grave enfermedad que padece su madre; y por último, es hijo de un matrimonio deshecho, con una infidelidad y abandono familiar de por medio. En fin, amigos, que el terreno del sufrimiento está abonado para este monstruo, cuyo aspecto sí que no vamos a desvelar. En este contexto, este monstruo-amigo tiene trabajo suficiente para hacer que el protagonista llegue a conocerse un poco más a sí mismo a través de los bloqueos que le generan sus propios miedos vitales. Por si fuera poco, Conor no le tiene absolutamente nada de miedo. Como véis, no es trabajo fácil.

Tengo que revelar que me encantan este tipo de historias, que pueden pecar en algún momento de facilonas y hasta previsibles en ciertos momentos, pero que consiguen a través de sencillas historias llegarte a lo más profundo. Sí, amigos, no soy un lector especialmente ñoño pero he de reconocer que me toca la fibra sensible cuando llego a sentirme como Conor: joven, triste, solo. Asustado. ¿O es que nunca habéis tenido 12 años?

Muchos sabréis ya que Patrick Ness continuó la historia inicial de la autora Siobhan Dowd, de quien es la idea original tal y como el propio Ness comenta en la introducción. Ella falleció apenas había empezado el relato, y el encargo de su continuación fue para Patrick Ness. Yo creo que no le ha quedado nada mal. Tanto es así, que este otoño se estrena una peli de J.A. Bayona con el mismo título, donde adapta esta bonita historia, y cuyo tráiler podéis ver aquí. En mi humilde opinión, si le queda tan bien como a mi querido Spike Jonze la adaptación de “Donde viven los monstruos”, de Maurice Sendak, estamos ante una deliciosa película.

El libro del cementerio (Neil Gaiman)

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El libro del cementerio (Neil Gaiman)

Es la primera vez, desde que cumplí los 18, que he vuelto a leer novela juvenil. De hecho, lo hice con cierto compromiso y a la vez mucha curiosidad, que es como debe comenzarse cualquier libro. Lo cierto es que había oído, y mucho, hablar de Neil Gaiman: esa especie de gurú para los lectores juveniles (que me perdone la señora Rowland) y de cómic de medio mundo  a los que les gusta ese áura siniestra, combinada con un toque infantil y tierno.

Efectivamente, este señor Gaiman gusta y mucho. Pero no sólo eso. Es algo así como un referente en lo que a Literatura juvenil y fantástica se refiere. Tiene una amplia bibliografía, pues se trata de un autor muy polifacético. Comenzó en el mundo de los libros a través del cómic; es por ello que dedica una especial atención a las ilustraciones de sus obras, que si bien no son del propio Gaiman, ciertamente son maravillosas.

En 1987 apareció su primera novela gráfica en colaboración, llamada Casos Violentos, que resultó ser todo un éxito. A partir de ahí las publicaciones de Gaiman en el mercado norteamericano han sido muchas y muy notables. The Sandman ha sido hasta la fecha, su mayor éxito convirtiéndose en un auténtico cómic de culto. Preciosísimas imágenes las que podemos disfrutar en la premiada "Los Mundos de Coraline"

Ha tocado muchos palos: desde obras para niños (Los mundos de Coraline), hasta otras para adultos (American Gods, ganadora de numerosos premios). Varias de sus novelas han sido llevadas al cine (y otras están en proyecto), como la ya citada Los mundos de Coraline o Stardust, con muy buenos resultados, especialmente en el caso de la primera.

No puede decirse que "Stardust" disfrutara del éxito de la crítica en su momento.

Por no extendernos más con la bibliografía tan prolífica de Gaiman, nos centraremos en El Libro del Cementerio, su última novela juvenil, ganadora de la medalla Newbery (2009), el Premio Hugo a la Mejor Novela (2009) y la medalla Carnegie (2010). La novela está ilustradad por Dave McKean para sus ediciones en inglés y por Chris Riddel para las ediciones en español. También está en trámites de ser adaptada al cine por Neil Jordan, el director de El juego de las lágrimas y Entrevista con el vampiro.

Se trata de una obra que hay va subiendo de nivel según vamos avanzando, profundizando en la historia de Nad, ese chico que por un oscuro episodio en el que toda su familia resulta asesinada, acaba residiendo en un cementerio. Por supuesto, cuidado, mimado y educado por los muertos que allí descansan. Lo que aparentemente puede parecer un argumento vano e infantil, termina por ganarte a base de giros en la historia, aventuras en la vida cotidianda pero nada ordinaria de Nad, y que coinciden con diversas etapas de su crecimiento como persona (viva). Siempre con ese halo siniestro y oscuro, victoriano, un tanto onírico. Muy “british” todo.

“Los Jack”. Una de las ilustraciones de El libro del cementerio, edición en español.

Por otro lado, la ternura que despiertan personajes como los Owens, la pequeña bruja y especialmente y por encima de todos, Silas, termina por dejarte un gusto francamente dulce al terminar de leer. De hecho, es fácil reconocer en este libro un homenaje al El libro de la selva, y su autor, Kiplin, del que Gaiman es un gran fan.

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas (Haruki Murakami)

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El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas (Haruki Murakami)

Me confieso públicamente fan-fatal de Murakami. Lo cierto es que aún no he leído todas sus novelas, y he de reconocer también que llegó a mí un poco de rebote (por no contar la historia “larga” de que llegó a casa y no fuí yo quien había escuchado hablar de él. Vamos, en la inopia total). Sin embargo el hecho de que El fin del mundo… fuera una edición de Tusquets ya me olía bien. Así que me dispuse con mucha curiosidad a ver de qué iba esto de los autores japoneses.  Bien es verdad, y lo digo por si hubiera alguien interesado en iniciarse con este autor, que no tiene muchas coincidencias con otros autores japoneses contemporáneos que yo conozca. Porque… cómo explicarlo… Murakami es capaz de crear universos enteros en cada una de sus novelas. Y eso no lo digo yo, que soy una pobre bloggera aficionada a la lectura. Se le ha catalogado como el escritor más cool del mundo, o como artífice del pop art literario. Casi ná. Anda que también los críticos literarios tienen sus días de máxima inspiración…

Os aconsejo fervientemente leer este “retrato robot” sobre el escritor que realizó el periódico The Times, y que encontraréis traducido aquí gracias a Papel en Blanco. Vamos, que es todo un personaje.

Como decía, como persona este señor debe ser ciertamente especial. Tiene ciertas fijezas con algunos de sus hobbies como dejó bien claro con la obra De qué hablo cuando hablo de correr, una especie de diario profesional de lo que son sus entrenamientos, sus dietas, sus marcas, las maratones en las que ha participado (debidamente documentado y acompañado de fotografías), así como las sensaciones que le proporciona esta actividad, anotadas con todo detalle, como suele hacer siempre que un tema le interesa y le produce cierta fascinación. Pero no engañarse: no es una novela. De hecho es un libro que me veo incapaz de llegar más allá de hojear. Demasiado atletismo para ser leído.

Lo que quiero decir con esto es que Murakami… is different.

Retomemos El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas. Esta obra me dejó fascinada. Tanto, que aunque he seguido leyendo a este autor, aún no he encontrado otra de sus obras que me dejara con la boca igual de abierta. Eso sí: no es una novela que yo aconseje a principiantes. Es árdua de leer al menos en sus primeros capítulos. Porque su estructura, como ocurre en algunas otras de sus novelas como Kafka en la orilla (de la que hablaremos en otra ocasión), se repite eso de las dos historias paralelas que se alternan y que aparentemente no tienen puntos coincidentes. Hasta que llega un momento en que ambas convergen, bien a través de los personajes, bien a través de las situaciones. Y entonces todo empieza a encajar. O todo lo contrario. Pero lo que sí puedo asegurar es que la trama llega a ser hipnótica (y esta palabra no está elegida al azar), enganchándonos con la historia aunque no seamos capaces de entender muy bien qué narices está pasando. Murakami dosifica las explicaciones de manera que llegues a sentir un poco esa ansiedad y desorientación que están sufriendo sus protagonistas. Personalmente, creo que no es una sesación fácil de provocar a través de las palabras. Y en eso le doy  un 10.

A través de historias que parten de personajes atormentados, perdidos, en plena búsqueda de respuestas, este autor consigue meternos en mundos que pasan de la intriga propia del género policíaco, a la pura ciencia ficción. Pasando por la Filosofía.

Porque he encontrado ciertos rasgos que aparecen en numerosas de sus novelas, como suele pasar cuando hay temas que preocupan e inquietan de forma particular a algunos autores. En el caso de Haruki Murakami son la Literatura, la Filosofía, el amor más platónico, la muerte. Cuando trata más ampliamente estos temas es cuando podéis encontrar que sus novelas se hacen un poco más… densas. También hay detalles (menos profundos, no va a ser todo ponerse intelectual) que aparecen en varias de las obras de este señor: las bibliotecas, los gatos (¡!), el mundo más espiritual (incluyendo aquí a los espíritus y personajes malignos), el sexo, la comida o la higiene personal. Me gusta especialmente cuando describe con tanta precisión cómo cocinan o se asean sus personajes. Le queda todo tan pulcro y tan bien contado, que te da por pensar en si él hace este tipo de cosas tan mecánicamente. ¡Cuánto detalle en tan pocas palabras!

Por lo demás remarco aquello de que consigue imbuirte en un mundo totalmente personal, único, y profundamente asocial, así que si en algún momento buscáis una lectura un poco más sofisticada, un libro que os haga revolveros en el sofá, disfrutar de la turbación y las historias imposibles, Murakami es vuestro autor.

Drácula (Bram Stocker)

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Drácula (Bram Stocker)

Otro clasicazo, en este caso, de terror. Escrito en 1.897, en pleno romanticismo literario, con todo lo que ello implica: la fascinación por lo exótico y lo sobrenatural. De toda la vida hemos escuchado historias sobre vampiros. Pero en mi caso hasta que no llegué a la época adolescente no descubrí que había un libro, Drácula, y también un personaje histórico, el conde Vlad Dracul, y que ambas historias se habían fusionado en la leyenda de los vampiros que yo, y casi toda la gente de mi generación, conocíamos casi exclusivamente por las películas que veíamos en los 80, cuando solamente había 2 cadenas (la 1 y la UHF, para los olvidadizos). Me refiero a esos tipos que te mordían la yugular, repelían el ajo, y con quienes se podía acabar únicamente clavándoles un crucifijo en medio del corazón. En fin, que si lo piensas puede dar miedo, sí (a mí me lo daba, qué narices), pero romántico, lo que se dice romántico, se puso después.

En los 90 los vampiros retomaron cierta relevancia para la gente de mi edad con las Crónicas Vampíricas de Anne Rice, empezando por Entrevista con el Vampiro, y sobretodo con la peli que siguió el rastro de aquel éxito literario. Aquí sí podemos decir que los vampiros supieron rodearse de cierta aureola de glamour, pasando a ser un poco divos, héroes románticos del mal, de aparecer en las carpetas forradas de quinceañeras de la época (ojo: en la mía no).

Después., también en los 90 y puede que a rebufo de todo lo anterior, Coppola llevó al cine la novela que nos ocupa el comentario de hoy: el Drácula original de Stocker.

La película es increíble, concentra todo lo que puede conocerse de este personaje a través del libro y sobre todo, pasa olímpicamente de antiguos clichés sobre vampiros de los que os hablaba al principio de este post. Se centra en la historia de Drácula, como digo inspirada en la del Conde rumano Vlad Dracul (uno que de verdad sí que daba miedo y del bueno), y sobre todo de la historia de amor con su eterna prometida: Mina. En ésta la historia que Sotcker narra en su novela, amor a través de los tiempos con un velo de terror sobrenatural que tanto gusta a los góticos. En realidad no se trata de una novela que dé tanto miedo que no te deje dormir por las noches; recordemos que está escrita a finales del XIX y toda la trama rodea una historia de amor atenporal, por lo que los ramalazos románticos de la novela y por tanto del libro, están por doquier. Famosa donde las haya es la frase del Conde cuando “recupera” a su amada varios siglos después de su “muerte”: “he cruzado océanos de tiempo para encontrarte“.

Coppola dió en el blanco, en mi opinión, sobre todo con dos aspectos de su película:

1) sigue fielmente la narración a través de los diarios de los principales personajes

2) la recreación del Conde Drácula avenjentado

 

 

 

Stocker aúna en su obra las tradiciones orales y leyendas medievales de Centroeuropa donde se habla de los muertos vivientes, aquellas personas que necesitan beber sangre para poder así vivir eternamente, con la romántica “telenovela” del Conde y su prometida a través de los tiempos. Al hilo de estas referencias no quiero olvidarme del mítico Nosferatu, una peli muda de 1922, donde el argumento viene a ser el mismo de siempre, pero ese vampiro: ¡¡qué miedo da!!