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Invencible (Laura Hillenbrand)

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Invencible (Laura Hillenbrand)

Verdaderamente hay vidas que parecen irreales hasta tal punto, que cuando uno sabe de su existencia no puede llegar a creer que todo lo que se cuenta sea verídico. Es el caso de Louie Zamperini. Este hombre fue un adolescente seriamente conflictivo que consiguió redimirse a través del atletismo. Estaba tan dotado para este deporte que llegó a ser atleta olímpico, nada menos que en las Olimpiadas de Berlín organizadas por Hitler en 1.936 junto a Jesse Owens.

Zamperini atleta. No sabía la criatura lo que se le venía encima.

Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial se alistó en la Fuerza Aérea norteamericana, pilotando un bombardero. No respiréis que la historia sigue… Sufrió numerosos ataques de las fuerzas japonesas, salvando milagrosamente su vida. Hasta que un accidente finalmente hundió su avión, dejándolo con dos compañeros vagando por el Océano Pacífico en una situación mucho más que precaria.

No suelo informarme mucho cuando comienzo una biografía; lo imprescindible para decidir si me interesa el personaje. En el caso de “Invencible”, – o “Inquebrantable”, como también ha sido publicado en español-, ya sabía de sus glorias en las ventas y también que tenía su adaptación cinematográfica con bastante buen resultado, llevada a cabo por Angelina Jolie en 2.014, (que ya se sabe que los americanos catapultan rápidamente las historias personales tan excepcionales, pero especialmente cuando existe un telón de fondo patriota, que eso vende mucho).

Louie Zamperini, a punto de subir a un B-24, un bombardero que necesitaba de 11 tripulantes para su funcionamiento.

 

En cualquier caso, preferí dejar que Hillenbrand me sorprendiera con la historia de Zamperini. Precisamente por eso me quedo a la mitad de lo que se narra en “Invencible”  cuando llegamos al naufragio. Solamente con el terrible relato de supervivencia de esa parte podría haberse hecho un único libro. Eso significa que si pensáis que no se puede sobrevivir a tantas penurias, deberíais empezar a leerlo.

Liberación de prisioneros de guerra americanos en un campo de concentración japonés.

Liberación de prisioneros de guerra americanos en un campo de concentración japonés.

Laura Hillenbrand resulta ser, más que una novelista, una cronista de los hechos. Quiero decir con esto que en “Invencible” no hace alarde de un gran talento narrativo, en el aspecto más creativo y literario, sino más bien realiza una labor periodística muy bien documentada, sin valoraciones personales. Hillenbrand es toda una autora superventas que solamente tiene dos libros publicados hasta la fecha, pero ambos fueron llevados al cénit del bestseller y adaptados al cine (el primero de ellos es “Seabiscuit”, dedicado a un legendario caballo de carreras).

 

Curiosamente, padece del síndrome de fatiga crónica; no quiero ni pensar lo que sería de Hollywood si esta mujer publicara un libro al año.

Hillenbrand, agotada solamente de pensar en las penurias del asombroso Zamperini.

Hillenbrand, agotada solamente de pensar en la azarosa supervivencia del asombroso Zamperini.

 

Metafísica de los tubos (Amèlie Nothomb)

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Metafísica de los tubos (Amèlie Nothomb)

Muchos de vosotros conoceréis, aunque sea de oídas a Amèlie Nothomb, una jovencísima autora belga que lo petó con su novela “Estupor y Temblores”. Por cierto, que recomiendo a todo el mundo su lectura porque además del particular estilo de Amèlie para contar historias, en este caso está también la historia en sí misma: veréis que la realidad puede en ocasiones superar a la ficción, ciertamente.

Nothomb pertenece a una familia belga acomodada, de padre diplomático, por lo que ha vivido en países tan exóticos como China, Japón (ella nació en Kobe), Birmania o Bangladesh. Ya podéis imaginar que con ese recorrido tendrá muchas cosas que contar en sus obras. Pero como suele suceder en estos casos, a todo esto se suma su propia y particularísima percepción de la vida, las personas, las relaciones, y sus vivencias personales como individuo digamos… un tanto diferente. Yo, obviamente, no tengo la suerte de conocerla en vivo y en directo, pero habiendo leído alguna de sus novelas no me cabe duda de que debe tratarse de alguien extravagante e insólita.

Como también hemos visto en otros casos de autores de recorrido vital similar al de Amèlie Nothomb (véase por ejemplo, Bryce Echenique), a menudo estos parten de hechos biográficos para construir algunas de sus obras. Éste de “Metafísica de los tubos” es un ejemplo de ello. A pesar de su título tan científicamente estrambótico, se trata sencillamente de una novela construida a partir de los primeros recuerdos de la autora en su más tierna infancia, en Kobe (Japón). Después de llegar a los dos años y medio en estado de tubo (¡!), la pequeña Amèlie despierta al mundo por obra y gracia de un “milagro” propiciado por su abuela que le descubre el sentido de la vida: el placer. En “Metafísica de los tubos” podemos comprobar la contraposición entre su extravagante forma de entender el mundo, de la que ya hemos hablado, con la curiosa manera en que los nipones tratan, educan, miman y consideran a los niños. Os prometo que no tiene desperdicio.

Su interpretación de la cultura japonesa para con la infancia (¡curiosísima, por otro lado!), unida a la percepción inocente de realidades como la naturaleza , o de la muerte por una Amèlie cándida de dos años y medio hace que de verdad que sea una maravilla leer las descripciones tan emocionales, tan espirituales, tan, tan… orientales que hace de los paisajes o de las sensaciones que experimenta al bañarse en el mar, por ejemplo, o al observar las flores de su jardín.

Todos los personajes son absolutamente reales. De hecho, en la edición española, la portada es una fotografía de la propia autora junto con su querida hermana Juliette. Yo he preferido incluir en el post la edición en francés, donde es la propia Amèlie la que aparece retratada con cara de sorpresa, porque es justo ésa la predisposición para empezar a conocer e interpretar el mundo que ella traslada en este relato autobiográfico.

Después de leer “Metafísica de los tubos y conocer de primera mano la forma en que Nothomb aprendió a leer sola o su total convicción de ser un pequeño e ingenuo dios, puede que también sea ésa la expresión que nos queda a los lectores.

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas (Haruki Murakami)

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El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas (Haruki Murakami)

Me confieso públicamente fan-fatal de Murakami. Lo cierto es que aún no he leído todas sus novelas, y he de reconocer también que llegó a mí un poco de rebote (por no contar la historia “larga” de que llegó a casa y no fuí yo quien había escuchado hablar de él. Vamos, en la inopia total). Sin embargo el hecho de que El fin del mundo… fuera una edición de Tusquets ya me olía bien. Así que me dispuse con mucha curiosidad a ver de qué iba esto de los autores japoneses.  Bien es verdad, y lo digo por si hubiera alguien interesado en iniciarse con este autor, que no tiene muchas coincidencias con otros autores japoneses contemporáneos que yo conozca. Porque… cómo explicarlo… Murakami es capaz de crear universos enteros en cada una de sus novelas. Y eso no lo digo yo, que soy una pobre bloggera aficionada a la lectura. Se le ha catalogado como el escritor más cool del mundo, o como artífice del pop art literario. Casi ná. Anda que también los críticos literarios tienen sus días de máxima inspiración…

Os aconsejo fervientemente leer este “retrato robot” sobre el escritor que realizó el periódico The Times, y que encontraréis traducido aquí gracias a Papel en Blanco. Vamos, que es todo un personaje.

Como decía, como persona este señor debe ser ciertamente especial. Tiene ciertas fijezas con algunos de sus hobbies como dejó bien claro con la obra De qué hablo cuando hablo de correr, una especie de diario profesional de lo que son sus entrenamientos, sus dietas, sus marcas, las maratones en las que ha participado (debidamente documentado y acompañado de fotografías), así como las sensaciones que le proporciona esta actividad, anotadas con todo detalle, como suele hacer siempre que un tema le interesa y le produce cierta fascinación. Pero no engañarse: no es una novela. De hecho es un libro que me veo incapaz de llegar más allá de hojear. Demasiado atletismo para ser leído.

Lo que quiero decir con esto es que Murakami… is different.

Retomemos El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas. Esta obra me dejó fascinada. Tanto, que aunque he seguido leyendo a este autor, aún no he encontrado otra de sus obras que me dejara con la boca igual de abierta. Eso sí: no es una novela que yo aconseje a principiantes. Es árdua de leer al menos en sus primeros capítulos. Porque su estructura, como ocurre en algunas otras de sus novelas como Kafka en la orilla (de la que hablaremos en otra ocasión), se repite eso de las dos historias paralelas que se alternan y que aparentemente no tienen puntos coincidentes. Hasta que llega un momento en que ambas convergen, bien a través de los personajes, bien a través de las situaciones. Y entonces todo empieza a encajar. O todo lo contrario. Pero lo que sí puedo asegurar es que la trama llega a ser hipnótica (y esta palabra no está elegida al azar), enganchándonos con la historia aunque no seamos capaces de entender muy bien qué narices está pasando. Murakami dosifica las explicaciones de manera que llegues a sentir un poco esa ansiedad y desorientación que están sufriendo sus protagonistas. Personalmente, creo que no es una sesación fácil de provocar a través de las palabras. Y en eso le doy  un 10.

A través de historias que parten de personajes atormentados, perdidos, en plena búsqueda de respuestas, este autor consigue meternos en mundos que pasan de la intriga propia del género policíaco, a la pura ciencia ficción. Pasando por la Filosofía.

Porque he encontrado ciertos rasgos que aparecen en numerosas de sus novelas, como suele pasar cuando hay temas que preocupan e inquietan de forma particular a algunos autores. En el caso de Haruki Murakami son la Literatura, la Filosofía, el amor más platónico, la muerte. Cuando trata más ampliamente estos temas es cuando podéis encontrar que sus novelas se hacen un poco más… densas. También hay detalles (menos profundos, no va a ser todo ponerse intelectual) que aparecen en varias de las obras de este señor: las bibliotecas, los gatos (¡!), el mundo más espiritual (incluyendo aquí a los espíritus y personajes malignos), el sexo, la comida o la higiene personal. Me gusta especialmente cuando describe con tanta precisión cómo cocinan o se asean sus personajes. Le queda todo tan pulcro y tan bien contado, que te da por pensar en si él hace este tipo de cosas tan mecánicamente. ¡Cuánto detalle en tan pocas palabras!

Por lo demás remarco aquello de que consigue imbuirte en un mundo totalmente personal, único, y profundamente asocial, así que si en algún momento buscáis una lectura un poco más sofisticada, un libro que os haga revolveros en el sofá, disfrutar de la turbación y las historias imposibles, Murakami es vuestro autor.

Memorias de una geisha (Arthur Golden)

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Memorias de una geisha (Arthur Golden)

Esta novela, best-seller de éxito mundial, se publicó durante los años noventa y supuso toda una revolución porque abría una puerta al fascinante mundo asiático, y más concretamente al inaccesible de las geishas, al gran público. Algo que, queramos o no, siempre ha intrigado a los occidentales desde que los soldados norteamericanos volvieron a casa hablando a viva voz de su existencia después  de la Segunda Guerra Mundial. (Si bien los más eruditos conocían la historia de Madamme Buterfly, pero digamos que esta referencia pertenece a un mundo algo menos “popular”).

El libro está escrito de una forma exquisita en el sentido de que, aunque mantiene un estilo primordialmente occidental (su autor es Arthur Golden, un especialista en arte japonés y estudioso de la cultura china y japonesa, pero norteamericano de Tennesee al fin y al cabo), no dejan de aparecer matices de un estilo mucho más oriental en muchas descripciones o metáforas, que hacen que consiga mantenernos en una “estética visual imaginaria ” (si se me permite la expresión) constante durante el relato. De hecho, parece que la historia del gérmen de esta novela fue la inspiración de Golden en las aventuras y desventuras de una geisha real  (Mineko Iwasaki). Iwasaki acabó demandando a Golden, aunque finalmente llegaron a un acuerdo y la japonesa terminó escribiendo su propia novela: Vida de una geisha. Si bien hay que ser justos y comentar que Golden siempre advirtió que la historia de la protagonista de su novela era 100% ficticia.

Polémicas aparte, se trata de una novela que tiene desgracias, amor, amistad, guerra (vamos, lo que no dejar de emanar cierto tufillo a telenovela, pero así son muchos best-seller). De hecho, la enorme mayoría de sus lectores han sido y son mujeres.  Pero también constantes guiños a una cultura y forma de vivir que en realidad es el gancho perfecto para decidirse a leer Memorias de una geisha porque en ese sentido, no decepciona.

Mencionar por último que este libro fue origen para la famosa película con el mismo nombre y ganadora de numerosos premios.

Una de las maravillosas imágenes que podemos disfrutar en la película

Una cuestión personal (Kenzaburo Oé)

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Una cuestión personal (Kenzaburo Oé)

Hoy voy a hablar de un libro que a nadie puede dejar indiferente. La historia que cuenta consigue crear en el lector, según vamos avanzando en la narración, una intranquilidad y una desazón que no terminan hasta que no conocemos el final. Porque a este personaje no se le llega a querer, como a tantos otros protagonistas; muchos especialmente, de hecho, creados para ser admirados, bellos y siempre ganadores, como suele ser taaaaaan habitual en muchas novelas. Pero a Bird tampoco lo podemos odiar, y hasta lo comprendemos a veces. También llega a darnos pena. Su “odisea” comienza
cuando su monótona e insatisfactoria vida se ve interrumpida al dar a luz su esposa un bebé con una terrible malformación.

Cuando lo leí no sabía quién era el Señor Oé (no me digáis en que en castellano no es un apellido sonoro e inolvidable, y más con el “señor” delante). El caso es que el Sr. Oé (ya voy a llamarle así por siempre jamás) es premio Nobel 1994 y a pesar de sus orígenes japoneses, se caracteriza precisamente por su estilo personal y alejado de lo que podría considerarse literatura oriental. Parece que su escritura está intensamente influenciada por su formación en literatura occidental. Sin embargo, y en mi humilde opinión – para nada especializada, no nos vamos a engañar- son inevitables ciertos tintes japos que encuentro en esta novela: esos ambientes opresivos, las descripciones originales y preciosas del entorno, que en este caso son lugares urbanos y totalmente decadentes o sucios.

La acción transcurre solamente en tres días, lo que implica un ritmo rápido y una sucesión de situaciones que se van sobreponiendo y que nos van sorprendiendo cada vez un poquito más. Pero sin llegar a ser frenéticos, lo que hace que podamos ir digiriendo lo que ocurre y por qué el personaje hace y piensa las cosas que hace y piensa.

He leído que Henry Miller designó al Sr. Oé (lo he vuelto a hacer) como continuador nada menos que de  Dostoievski, supongo que por la fascinación y el trato que da Oé a la humillación, la vergüenza, la fatalidad. Tentador, ¿no? ;)) ¡Hala, a disfrutar!