Madame Bovary (Gustave Flaubert)

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Madame Bovary (Gustave Flaubert)

Tenemos ante nosotros otra de esas historias para las que el mojigato S.XIX no estaba preparado, ante ustedes, todo un clásico: Madame Bovary. La publicación de Madame Bovary provocó un gran escándalo y Flaubert fue llevado a juicio por inmoral (¡!). Para tranquilidad de todos, informaros que fue absuelto y el proceso generó un grandísimo éxito editorial a la novela.

¡Corre Madame Bovary, que nos pilla la misa de 12:00!

Madame Bovary cómic. Comunidad Lectora

Madame Bovary ha sido adaptada varias veces al cine, al teatro y hasta al cómic.

Emma Bovary es esa mujer y esposa perfecta: mujer florero definición de los cánones de rigor de este siglo para con las mujeres en general; y las mujeres casadas en particular. Pero con una singularidad: Emma se aburre. Las expectativas sobre el amor que se crea durante el noviazgo no se corresponden con la cotidianeidad de la vida marital (OMG!! El caso es que este dato me suena… ¿será que el ñoño romanticismo del XIX sigue aún entre nosotros? ¿Entonces el amor no es tan bonito como se ve en el cine? Esto es rabiosa actualidad, amigos).

El concepto del amor y la mujer en el S. XIX estaba en parte moldeado por el romanticismo. Esta corriente intelectual y cultural idealizaba el amor y las relaciones amorosas, y el sentimiento y sensibilidad de las mujeres se acoplaba cómodamente al lugar que socialmente se le adjudica (bella, dulce, instruida y culta sin llegar al exceso, sin ideas políticas, discreta, modosa, obediente, sumisa y madre amantísima), así como también adapta esta forma de vivir el noviazgo, primera y principalmente, y el matrimonio, posteriormente, y con mayor o menor suerte. En la novela, en la parte opuesta a Emma, su anodino marido y el resto de personajes representan el cinismo y los valores que regían la vida social del momento frente la insatisfacción (y terquedad) de la protagonista por alcanzar una felicidad utópica e irreal.

En este encuadre social en que fue publicada Madame Bovary – primeramente por entregas y después como obra completa – el adulterio era un concepto ambigüo en su consideración: bien visto y habitual si se es hombre, absolutamente condenable si se es mujer. A esta valoración hay que añadir que en realidad Madame Bovary rompió con las pautas de la literatura romántica, considerándose uno de los exponentes del realismo, la corriente que surge como contrapunto a la aparatosidad del romanticismo, poniendo sobre la mesa cuestiones más mundanas y con una visión más fiel a la realidad.

Las manitas quietas, que nos miran.

Sin este contexto no puede entenderse una obra como Madame Bovary,  en la que el propio Flaubert a veces parece condenar a Emma por su idea infantil del amor, pero otras veces la compadece en su infelicidad. El propio autor detestaba los dogmas sociales de la época y llegó a afirmar “Madame Bovary c’est  moi”.

Y me repito en lo que antes afirmaba sotto voce: los ideales románticos y los prototipos de hombre/ mujer son dañinos, pero siguen vigentes. Madame Bovary es un clásico, pero porque su esencia se mantiene en nuestra cultura occidental sin acusar poco más que unas pocas arrugas en el corsé.

Ernesto Guevara, también conocido como el Che (Paco Ignacio Taibo II)

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Ernesto Guevara, también conocido como el Che (Paco Ignacio Taibo II)

Ernesto Guevara, más conocido como “Ernestito”

Francisco Ignacio Taibo II es ejemplo de uno de los literatos sudamericanos vivos más reconocidos y premiados. Su lugar de nacimiento es España, si bien su familia  debe emigrar  huyendo del franquismo, por lo que sus raíces culturales son profundamente mexicanas. Su inclinación ideológica, claramente hacia la izquierda, es  algo que vivió desde la más tierna infancia; Hace gala de un gran activismo sindical y político, lo pueden hacer de Taibo persona non grata en ciertos círculos. Pero en este chiringuito no hay prejuicio que valga a la hora de leer.

Por otro lado, es sabido que el “Che” es uno los personajes que más tirón tienen; unos lo adoran y otros lo consideran un fracaso, pero nunca ha dejado de mantener ese interés que acaban teniendo los mitos. Su vida más pública está francamente bien documentada, y no hablo solamente de datos. Son muchas las imágenes que tenemos de Ernesto Guevara. Parece casi que estuviera vivo. Pero es una figura cuya historia es fácil de distorsionar. Es claro que Paco Ignacio Taibo II es una de esas personas fascinadas por el Guevara libertador de pueblos. Ya ha dedicado biografías a figuras como Pancho Villa o El Comandante Marcos.

Pero veamos cómo trata la figura como a Ernesto Guevara en su obra, Ernesto Guevara, también conocido como el Che: ¿combatiente heróico o ser humano, con luces y sombras?

¿Era el Che un idealista? ¿un moralista? ¿un ideólogo buscando justicia social? ¿un guerrillero? ¿un comunista convencido? ¿el profeta que los rojos estaban buscando? ¿un fenómeno comercial? Es claro que con Ernesto Guevara, también conocido como el Che Taibo pretende hacer brillar un poco al personaje, por encima de la persona, teniendo en cuenta que el Che ha venido sufriendo varias campañas de desprestigio que cuestionan su imagen de libertador de América Latina. No olvidemos que, por otro lado, se le ha reivindicado casi como a un evangelista.


La dedicación que le pone Paco Ignacio Taibo a hacer de esta biografía una obra creíble es absolutamente minuciosa y detallista, con montones de imágenes, declaraciones, referencias a otras publicaciones y una bibliografía contundente en la que está basado Ernesto Guevara, también conocido como el Che. Lo cierto es que Ernesto Guevara es un personaje que da para muchas biografías, independientemente del giro ideológico que quiera darse a la figura. Como ser anónimo ya era alguien destacable y con unos rasgos personales bastante especiales: su rígida idea de la justicia, que le hacía sacar a bailar a las chicas feas en los bailes de los pueblos que visitaba en su juventud; el concepto de identidad de América Latina y sus ganas de abarcarla, que le hizo recorrerla en motocicleta, viaje que dio origen a la película “Diarios de una motocicleta“, ganadora de 21 premios internacionales; la voracidad con la que leía, lo que fuera: desde teatro hasta filosofía, a todas horas y en todo lugar; o detalles más curiosos como su falta de higiene o el renunciar a comer carne cuando supo de las cartillas de racionamiento en la población de Cuba.

En fin, que el resultado es deslumbrante, realmente convincente, que intenta aclarar algunos puntos negros de su historia vital y de la Historia de Cuba. Ernesto Guevara es uno de los personajes más influyentes del S.XX, ideológica y políticamente, cuyo mito permanece tercamente entre nosotros y bien merece una lectura intensa de su biografía.

Carta de una desconocida (Stefan Zweig)

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Carta de una desconocida (Stefan Zweig)

No sé por qué Carta de una desconocida ha fascinado siempre tanto a todo aquel que ha tenido la posibilidad de leerlo. Ha llegado a ser adaptada al cine, la televisión y hasta la ópera. Ciertamente, se trata de una obra que te deja esa sensación entre el estupor y la amargura; Zweig era un escritor que tenía una sensibilidad especial para describir los sentimientos más que las situaciones.

Joan Fontaine, arrebatadita de amor por Louis Jourdan, l pianista guaperas de la primera versión en cine de "Carta de una desconocida"

Joan Fontaine, arrebatadita de amor por Louis Jourdan, el pianista guapito de cara en la primera versión en cine de “Carta de una desconocida”

En esta obra nos cuenta la historia de una mujer que brinda por carta una sincera y tristísima declaración de amor incondicional a un hombre que no sabe que ella existe. Completamente anónima, invisible, insignificante y anodina para aquél a quien dedica su tierna Carta de una desconocida. Ella es la amargura de amar en silencio. ¿Pero por qué en silencio? No hay una explicación para ese anonimato tan voluntariamente resignado. ¿Existe alguien que pueda amar sin ser correspondido, sacrificando tanto? No lo sé. No sé si es posible. El caso es que nuestra protagonista dedica su vida entera a este amor tan afligidamente romántico y nada razonable, visto desde los ojos de un cuidadano S. XXI.

El caso es que, como habréis podido imaginar, la historia es lo que es. De hecho, Carta de una desconocida se trata de una obra breve de Zweig. No obstante, a pesar de lo irracional que pueda parecer lo que se nos cuenta en este monólogo, Zweig es un autor que trata muy delicadamente esto de las emociones. Me hubiera gustado realmente haber podido coincidir en el tiempo con Stefan Zweig; y no me refiero a haber retrocedido en el tiempo, sino que él hubiera vivido hasta nuestros días. Porque como persona le supongo alguien terriblemente sensible y afectivo. No es Carta de una desconocida la obra de este autor que más admiro. Sin embargo, la considero suficientemente representativa de lo que quiero exponer sobre este escritor: y es que sus descripciones sobre los sentimientos, especialmente sobre los sentimientos de las mujeres, le hacen interesante, como literato y como ser humano. En este sentido, recomiendo sus biografías de  María Estuardo o María Antonieta.

Stefan Zweig. Comunidad LectoraComo muchos de vosotros sabréis, Zweig se suicidó en 1942 en Río de Janerio junto a su segunda mujer, después de haber huído de su Austria natal a raíz de la ocupación nazi. No pudo soportar el auge del nazismo y, convencido de la extensión mundial de esta doctrina y asqueado del extremo al que podía llegar el comportamiento humano, decidió voluntariamente dejar de existir. No he querido subir la fotografía que existe del deceso. Mejor le recordamos vivo y haciendo gala de esa emotividad tan descriptiva que le caracteriza.

Conversación en La Catedral (Mario Vargas Llosa)

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Conversación en La Catedral (Mario Vargas Llosa)

Vargas Llosa es un autor un poco controvertido, por aquello de que mantiene una cierta actividad política medianamente notable, y además, en cierto modo mediatizada, puesto que es un señor que, por delante de muchos otros literatos, allá donde va le sigue una cámara. El caso es que, especialmente después de recibir el Nobel de Literatura en 2010, he venido notando que sigue manteniendo a muchos seguidores fieles, pero también puede presumir de tener unos cuantos detractores. Más por lo ideológico que por lo literario. Es lo que tiene posicionarse políticamente más allá del modo autor-protesta, por encima de que se trate de uno de los literatos más destacados del S. XX y XXI.

Dicho esto, Vargas Llosa es un escritor muy prolífico, y esto ya tiene su mérito, pero también muy versátil. No sólo cuenta con un consistente y sólido número de obras a sus espaldas (y en una gran parte son obras que no puede uno morir sin haber leído, especialmente en novela). Sino que también se ha movido con mucha soltura en otros géneros de la literatura sin despeinarse mucho ese pedazo de flequillo. Se sabe que es un gran amante del teatro, e incluso formó parte del elenco en ‘Los cuentos de la peste’.

Vargas Llosa en un momentazo de su actuación teatral. Túnica y pelo del mismo color, ¡qué acierto el Just for Men!

Vargas Llosa en un momentazo de su actuación teatral. Túnica y pelo del mismo color, ¡qué acierto el Just for Men!

En este sentido cabe destacar que, a pesar de que como todos los grandes autores tienen características que dan el toque personal al conjunto de su obra, Vargas Llosa es, en este sentido, bastante dúctil. Se adapta con facilidad a lo que está contando, situándose en un marco concreto y adaptándose a él, y no al revés (me atrevo a apuntar que suele ser lo habitual).

Sin embargo, también soy de los lectores que piensa que Mario Vargas Llosa tiene obras menores (es lo normal cuando se escribe tanto). Pero no es éste el caso de “Conversación en la Catedral”. Esta novela lo tiene todo: está bien escrita, con sencillez pero sin caer en tópicos, sigue un argumento que es lineal, pero que se desvía en el espacio y el tiempo lo debido como para crear interés en las historias paralelas, sin aburrirnos con aventuras vacías con las que rellenar páginas. Todo parece estar configurado al milímetro. Y uno no sabe hasta qué punto encajan las piezas hasta el mismísimo final. Osea, que además de todo, llega uno a la última página con cara de sorpresa.

Manuel Odría, mirando interesante a no se sabe dónde. Vistos así, ningún dictador infunde mucho respeto.

Manuel Odría, mirando interesante a no se sabe dónde. Vistos así, ningún dictador infunde mucho respeto.

Bien es cierto que la temática puede resultar un poco densa en ciertas partes. No esperemos un libro de aventuras épicas, porque no lo es, ni tiene tampoco un ritmo trepidante. “Conversación en la Catedral cuenta la historia de Zavalita, un joven periodista de “familia bien” en el Perú de los 50, en plena dictadura de Manuel Odría. Zavalita es alguien a quien no le gusta su vida, ni su país, ni su familia, ni su trabajo. Yo creo que refleja un poco la esencia de un Perú harto y cansado, humillado y roto. En estas conversaciones en el bar llamado La Catedral convergen gran número de personajes, relacionados en mayor o menor medida con el protagonista, pero que tienen mucho peso en la Historia del Perú que se nos está definiendo. Advierto que cada uno tiene su propia historia y si vienen o no a cuento es una cosa que puede provocar cierta confusión.

Me ha gustado cómo lo ha definido Antonio Méndez en la su crítica de “Conversación en La Catedral”, cuando dice: Aunque es un libro muy recomendable, la pluralidad de voces en existencias paralelas que confluyen al mismo tiempo y la experimentación cronológica puede resultar un tanto cansina para los lectores ubicados en la simpleza del best-seller.

De todas formas, me reitero en lo dicho: Mario Vargas Llosa tiene muchísimas obras. Si queréis amor: “Lituma en los Andes”. Si queréis humor: “Pantaleón y las visitadoras”. Si queréis crítica política: “Los cachorros” o “La fiesta del chivo”. Si queréis teatro: “Kathie y el hipopótamo” (que digo yo: si Ana Belén proragonizó esta obra en teatro, tampoco será para tanto lo de este hombre…). En fin, ¡barra libre de M.V.L. para todos, que yo invito!

 

 

La verdad sobre el caso Harry Quebert (Jöel Dicker)

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La verdad sobre el caso Harry Quebert (Jöel Dicker)

He aquí uno de esos libros superventas que tanta curiosidad despiertan pero que al final, personalmente, a mí no me ha dado ni frío ni calor. La verdad sobre el caso Harry Quebert es una historia que gira alrededor de un asesinato cometido 30 años atrás. Un thriller policial al más puro estilo nórdico que tantas alegrías está dando últimamente a lectores y editoriales, cuyo origen juega con el morbo de que la víctima de este asesinato es una joven de tan sólo quince años. Por si esto fuera poco, el principal sospechoso es Harry Quebert, una estrella de la literatura norteamericana, profesor universitario y amigo íntimo de nuestro protagonista, Marcus Goldman. Marcus, a su vez es una joven promesa de la literatura que ha disfrutado a lo grande del éxito de su primera novela, y que se siente obligado a defender la inocencia de su amigo y mentor, a quien le debe todo. Bien, hasta aquí, como vemos, nada especialmente destacable.

A todo esto hay que añadirle que la trama se desarrolla en una pacífica localidad del estado norteamericano de New Hampsire, en la región de Nueva Inglaterra, llamado Aurora. En Aurora todos se conocen; se trata de un pueblo casi paradisíaco al borde del mar, que se ve gravemente alterado al descubrirse el cuerpo de la adolescente Nolla Kellergan, la hija del pastor, 30 años después de su desaparición. Para darle un toque aún más tópico, casi toda la ciudad estaba poco menos que prendada de la maltrecha Nolla: una especie de Marisol a lo americano, a quien definen poco menos que como a un ángel. Aquí es donde Dicker se empieza a poner un poco empalagoso. Hay un pasaje de La verdad sobre el caso Harry Quebert, cuando ya se ha hecho público el caso de Nolla en todo el país, en el que la mencionan como la muchacha que enamoró a América… Vamos, que poco menos que ha desbancado a Julia Roberts. Este personaje es uno de los más importantes en la historia y quien precisamente sirve (como en toda novela policíaca que se precie) de nexo de unión entre otros tantos personajes que van apareciendo y tienen, cómo no, su correspondiente boleto en la rifa de “este asesinato es cosa tuya”. Sin embargo, Nolla no es un personaje creíble. Sus paseos bajo la lluvia en plena playa, escenario del primer encuentro amoroso con Harry, son como para que le suba a uno el azúcar en sangre de golpe.

Joël-Dicker. Comunidad Lectora

Jöel Dicker, todo un “triunfito” de las letras a sus 28 años. Efectivamente, es como para sonreir a la cámara.

Por lo demás, tampoco la trama está enmarcada en un lugar exótico, por ejemplo, o en un ámbito histórico donde hubiera cierta necesidad de documentar la ambientación, lo que le hubiera dado cierta dificultad. A mí más bien Aurora me ha parecido de lo más televisivo, para que se me entienda. No en vano ya se están barajando nombres para interpretar una versión cinematográfica de La verdad sobre el caso Harry Quebert. Y es que esta novela, segunda del suizo Jöel Dicker, ha sido ganadora del Gran Premio de Novela de la Academia Francesa, y del Prix Goncourt des Lycéens, se convirtió en un superventas mundial, traducido a tropecientos idiomas, además de ser elegida mejor novela del año por varias publicaciones especializadas. Yo, sin embargo, no encuentro grandes dificultades en la gestión de esta trama, en la que nada es lo que parece (como pasa siempre con este tipo de obras) y al final todo queda un poco chapucero con una resolución un tanto precipitada.

Ahora bien, que nadie piense que es aburrida, porque no lo es. Pasados los primeros dos o tres capítulos, que pueden ser algo máslentos, el resto del libro se lee estupendamente y es de lo más entretenido. Al fin y al cabo, millones de lectores no pueden estar equivocados, ¿no?

El jilguero (Donna Tarth)

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El jilguero (Donna Tarth)
Donn Tarth. Comunidad Lectora

La enigmática Donna Tarth: Vive en una granja en Virginia y escribe un libro cada 10 años. Apenas concede entrevistas. ¿Hay algún punto del patrón ‘escritora de culto’ que no cumpla esta mujer?

Acabo de terminar este libro esta misma tarde. Me ha parecido tan inmenso que no he podido evitar ponerme a escribir inmediatamente sobre él. He estado echando un vistazo a lo que se dice de El jilguero en la red, aunque en realidad ya sabía que Donna Tarth es una de las autoras norteamericanas más notables – yo creo que tiene un halo europeo que hace de ella la escritora bohemia, al estilo al que anhlea y aspira todo buen cosmopolita norteamericano, es decir: un “Dickens en París”, mezcla de talento, misterio y glamour -. También supe que Amazon había galardonado a esta novela como ‘Libro del Año'; y luego, ¡ZASCA!, se lleva nada menos que el Pulizter 2014.

Donna Tarth es una autora muy poco prolífica, escribe una obra cada década, aproximadamente. Pero si con su primera novela, ‘El secreto’, ya disfrutó de un rotundo éxito, a la tercera, ‘El jilguero’, se le ha llegado a considerar una de las obras maestras de inicios del S. XXI. He podido ver la única entrevista que la autora ha concedido para hablar de esta maravillosa obra, (subtitulada: aquí) y la verdad, me ha decepcionado un poco escucharla hablar de cosas que no eran,  exclusivamente, el libro. Porque me ha dejado tan obsesionada que necesito saber más sobre ese laaaaargo proceso de creación. El jilguero ha sido escrito durante 10 años. ¡¡Diez añazos!! ¿Pero vosotros recordáis dónde estábais hace 10 años! La agenda de Donna Tarth no debe tener muchas páginas… Lo que sí es cierto es que mantiene ese aura de intelectual misteriosa, que no concede entrevistas, admirada, inalcanzable. Un poco la Greta Garbo de las letras norteamericanas. Yo sigo diciendo que, de todas formas, a estos yankees les va mucho esto de adornar las cosas de un resplandor peliculero, pero a lo que íbamos…

No sé si voy a ser capaz de hacerle el suficiente honor a esta obra al hablaros de ella. Simplemente: inmensa.  El jilguero es un libro redondo. No sólo la trama es difícilmente definible (tranquilos, lo voy a intentar) por sofisticada, sino que ésta se desdobla lo suficiente como para no ser lineal, sino que tiene suficientes giros como para abarcar estilos como la novela negra, el drama, o la novela juvenil, evitando siempre finales predecibles. Destila de todo, pero lo francamente difícil de describir, y a la vez una de las razones por las que es tan hipnótico es ese nivel de in-ti-mi-dad. Con Theo, con su entorno, con su trabajo, con su drama, con sus adicciones. Con el cuadro.

Tampoco había oído yo antes nada sobre el cuadro que tiene tanto valor en esta historia como Theo y que se llama precisamente igual que la novela. Parece ser que su autor, Carel Fabritius, un pinto flamenco del S. XVII, también tiene una historia detrás, debida sobre todo a su prematura muerte y a la falta de datos acerca de su vida. Por supuesto, he estado informándome todo lo que he podido sobre él porque no puedes terminar este libro sin ir derecho a Google a verlo, aunque sea a través de píxeles. Con todos ustedes, El jilguero de C. Fabritius.

El-jilguero, de C. Fabritius. Comunidad Lectora

Los pensamientos del protagonista te llevan muy lejos. Lo compadeces. Lo entiendes. Lo puedes sentir. Las últimas 10 páginas son de un filosófico que, lejos de asustar, te deja convulso pero con los ojos muy abiertos. De sorpresa y admiración, se entiende, no es que provoque ataques epilépticos a lo ‘Pokemon’. Y, una vez terminado el libro (ojito, son más de 1.100 páginas), sigues con esa sensación de vértigo. Vértigo profundo pero muy racional, analizando en soledad, con el libro en la mano, esas reflexiones sobre qué es ser uno mismo, las sensaciones que nos produce enfrentar la realidad, y también todolo contrario: qué sentimos cuando traspasamos la línea porque queremos ser algo que no somos, no poder elegir, a pesar de todo. Y por supuesto, sobre el arte.

En fin, el caso es que otra de las peculiaridades que me ha dejado sin aliento con esta novela es el nivel de descripción de los mundos que trata: la orfandad, el arte, shock post-traumáticos, el mundo de las antigüedades y la restauración (con detalles de una profesionalidad increíble), las drogas, la alta sociedad neoyorkina, el mundo del crimen organizado. De todo sabe estar mujer y todo lo expresa con una rotundidad que es invetable pensar si tirará de experiencias propias a la hora de documentar las vivencias de Theo. Que no son pocas (acompañamos al protagonista desde su pre-adolescencia hasta una madura juventud), y teniendo en cuenta, como decía antes, ese grado de intimidad en que logra Tarth que te veas involucrado como lector. Parece que estés leyendo el diario de alguien muy cercano, de un familiar, de un hermano.

Añadir, por último, porque merece una mención, la calidad de la escritura, la elección de las palabras y la traducción. Lo dejo en un sólo epíteto, para que no quede muy empalagosa la crónica: sublime.

La tregua (Mario Benedetti)

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La tregua (Mario Benedetti)

La Tregua es una pedazo de historia de amor. Pero que nadie espere acarameladas y vibrantes escenas a lo Federico Moccia porque esta historia no pertenece a ese romanticismo más tópico y popular, puede que con un toque comercial (cuidado: no se lea aquí comercial como término despectivo, sino representativo), ni es de esas relaciones estandarizadas que todos esperamos cuando se intuye que exista un atisbo de posibilidad de “chicha” entre dos personas. No busquéis 000_550501_469290523102685_1002165794_nflechazos. Tampoco los protagonistas son los típicos porque, como decía, esta historia no trata – ni lo requiere – de adolescentes con grandes dosis de  intensidad amorosa corriendo a raudales entre sístoles y diástoles, con morreos bajo la lluvia y tal. Pero sí creo que estos dos implicados de La Tregua comparten con los púberes protagonistas de estas otras historias de amor una cosa: la intención del “quiero vivir a mi manera”. Ahí lo dejo.3ae525b064963a30e2370e90eb79a292

Precisamente por lo que acabo de contar, no se puede esperar de esta obra un ritmo trepidante. No hay carreras esquivando gente por llegar a la chica, que se ha ido cabreadísima y llorando a moco tendido después de dar un portazo en la cafetería, todo ello envuelto en ese glamuroso estilo “made in Hollywood” que todos tenemos en mente. Lo que quiero decir es que La Tregua tiene un tempo lento, que nadie lo deje a la mitad por eso, porque es ni más ni menos que el que requiere la historia. Aún así, es imposible que deje indiferente la cantidad de sentimiento (no sentimentalismo) que desprende Martín, el Romeo de nuestra novela. Él es quien narra los sucesos, y también quien los protagoniza. Es a través de su corazoncito pesimista, de cincuentón con familia, quien reconoce abiertamente no saber si llegó a amar alguna vez a su difunta esposa, y que no espera nada ya de la vida, emocionalmente hablando, desde el cual llegaremos a sentir en qué consiste esta tierna historia de amor a destiempo. La Tregua es un título que tiene una misión: la de resumir el concepto de esta historia y lo que ella supone a nuestro tristón Martín.

mario-benedetti. Comunidad Lectora

Benedetti, en una de sus últimas entrevistas. No se le ven, pero tiene mucha pinta de ir en zapatillas de andar por casa.

Beneditti era un grandísimo romántico. Un poeta de consolidada trayectoria (¿existe consolidadísima?. Voy a mirar…). Las frases lapidarias de este autor uruguayo sobre el amor, los sentimientos, y la vida en general, son usadas a diario para dedicatorias personales desde que Google sirve para buscar versos de otros con los que impresionar. Toda una inspiración para Acción poética. No en vano se dedicó, además de a la poesía y la novela, al ensayo. Un señor con aspecto de “abuelo abracitos” que vivió su propia historia de amor durante 40 años. A menudo me pregunto qué sabrán del desamor los individuos que sólo han amado (y siguen amando) a una única persona en su vida. ¿Qué pueden saber de la oportunidad de fallar, para acabar eligiendo entre varios/as al definitivo/a? Nunca sabremos cómo entienden el desamor, pero, lo que tengo claro después de leer La Tregua, es que se puede representar en palabras el sentimiento ajeno, y hacerlo tan vívido, que otras personas lo puedan llegar a sentir también. Tiene mérito cuando no se tira de vivencias propias, ¿no creéis?

Benedetti. Comunidad Lectora