Archivo de la categoría: Autores latinoamericanos

Salón de belleza (Mario Bellatin)

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Salón de belleza (Mario Bellatin)

Me he decidido por comentar Salón de Belleza por lo engañosamente sencillo y accesible de la obra. Se trata de una novela de unas 80 páginas, que se puede leer perfectamente en un fin de semana de aquellos en los que no hay plan más allá del sofá de casa. Totalmente recomendable a aquellos que busquen entretenimiento alternativo al best seller más típico, realmente a  un nivel superior. De ahí lo de “engañosamente” sencilla, porque a pesar de que no supone complejidad, la inquietante historia que nos cuenta es de las de piel de gallina.

El protagonista no tiene nombre; narra en primera persona la historia de sus últimos años, sin concretar tampoco de cuántos se trata, y en los que se ha dedicado a trabajar en un salón de belleza al que ha consagrado todos sus esfuerzos, consiguiendo sacarlo adelante como un próspero negocio. Sin encajar la trama en ningún marco cronológico ni geográfico, sin darnos explicaciones de  las causas, ni de los antecedentes de esta historia, nos relata que una epidemia mortal acaba convirtiendo su salón de belleza en un moritorio, como él lo describe. Así, sin más.

Según va avanzando el relato nos deja saber que regenta el salón junto con dos socios y amigos, con los que convive en el propio local. Los tres viven más o menos de forma clandestina su homosexualidad, si bien en el salón de belleza atienden a las clientas, sorprendentemente, vestidos de mujer. Entre una gran serie de pequeños detalles de su historia personal, que se van colando en la crónica del moritorio, terminas comprobando que no llegamos a saber tanto de él como, finalmente, nos gustaría. Se limita a matizar, a retazos, quién es y por qué está donde está. Es posible que en realidad el moritorio sea la disculpa para hablarnos  de sí mismo.

He podido leer todo tipo de conjeturas acerca de la bondad del protagonista, que llega a sacrificar su negocio y su vida profesional por el mero hecho de proporcionar a desconocidos un lugar donde morir. No se puede decir que no sea un tío generoso, desde luego. A mí, sin embargo, no me parece ninguna hermanita de la caridad. No lo hace por simple magnanimidad, porque entonces no sería excluyente, como nos explica cuando detalla las reglas para poder acceder al local a morir. Al final mi conclusión es que lo acaba haciendo por pura lógica. Es como cuando debes unir los puntos en esos cuadernos de entretenimiento en los que al final, después de ir avanzando poco a poco, punto tras punto, siguiendo un orden, acabas viendo el dibujo completo. Puede que por eso en Salón de Belleza el personaje no se presente, no nos cuente su infancia ni qué razones le llevaron a hacer qué cosas, sino que sencillamente, te lo cuenta. Y luego cada cual saca sus conclusiones, que para eso estamos en “aficionados a la literatura, nivel 3″ 😉

el mexicano Mario Bellatin. Comunidad LectoraLo que está claro es que la trama principal da para reflexionar mucho, y para eso Salón de Belleza no necesita más de 80 páginas, ni localizar la acción en lugar o tiempo, ni dar nombre al protagonista.

De todas formas, lo mejor para el final: quiero contaros un poco qué sé de Mario Bellatin, su singularidad y su extravagante concepto del mundo literario. He leído que comenzó como escritor colocando casi 1.000 cupones preventa de una novela que aún no había escrito. En otra ocasión, organizó un congreso de literatura contratando a actores como dobles de los verdaderos autores, a los que entrenaron durante meses, para acudir al evento. Otra píldora más: su novela  El jardín de la señora Murakami, está planteada como la traducción de una novela… que no existe. No me digáis que a este tipo le falta creatividad.

 

El beso de la mujer araña (Manuel Puig)

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El beso de la mujer araña (Manuel Puig)

El beso de la mujer araña es un libro tierno (tranquilos los antipastelones), aunque no lo parece. Trata la historia de dos presos, cada uno represaliado por un motivo. En el momento en que está escrito, el escritor argentino Manuel Puig se encontraba exiliado debido a la represión en su país natal. Las sucesivas inestabilidades políticas en Sudamérica es una cuestión que ha marcado muchísimo a los autores latinoamericanos. De hecho, El beso de la mujer araña fue prohibida durante los años 70 por la dictadura militar argentina.

Sin embargo, ¡oh, sorpresa!, no es ésta una novela sobre censuras, represiones políticas, presos de conciencia o ideologías. No temáis peroratas sobre la libertad porque hay mucha menos tensión ideológica y doctrina política de lo que puede esperarse. Dos hombres, desconocidos, diferentes y presos. La amistad de ambos se cuece a fuego lento mientras uno de ellos, Molina, el más cándido, mundano, frágil y superficial, lleva al otro, a Valentín, a su terreno. Molina es un homosexual que aspira a llegar a ser mujer algún día. Valentín es un radical militante de izquierdas. Es un auténtico placer disfrutar del poco a poco de esta relación.

El beso de la mujer araña. Comunidad Lectora.

William Hurt suspira en su celda por una colada con etiqueta de Vicky Beckahm.

 

 

 

 

 

 

 

Uno de los rasgos principales de la obra de Puig es la fascinación de éste por el cine. Podéis comprobarlo que cualquier post, introducción de sus libros o reseña acerca de cualquiera de sus novelas. De hecho, colaboró como guionista de cine y en 1985 la propia novela que tratamos, El beso de la mujer pantera, se llevó a la gran pantalla.  Y aunque es innegable que se nota latir el pulso del momento político que se vive en Argentina, el cine es el otro gran protagonista de esta novela. En ese sentido, veo cosas de Manuel Puig en autores como Boris Izaguirre. No es sólo el amor por el cine, sino también la fascinación por sus estrellas, esas actrices y actores que representan lo que los humildes humanos nunca llegaremos a ser.

Fuera de la recurrente cuestión del fondo temático del cine, en El beso de la mujer araña se tratan otros temas, más previsibles pero que rodean de ternura esta historia, dándole la forma que verdaderamente se busca en la crónica de la relación entre dos personas encerradas: la falta de libertad, el compañerismo, los sentimientos, la empatía, el sexo, la soledad, la compañía, la amistad. Todo tópicos, sí, pero que conforman el nido algodonoso de la parte bonita de esta historia.

Ernesto Guevara, también conocido como el Che (Paco Ignacio Taibo II)

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Ernesto Guevara, también conocido como el Che (Paco Ignacio Taibo II)

Ernesto Guevara, más conocido como “Ernestito”

Francisco Ignacio Taibo II es ejemplo de uno de los literatos sudamericanos vivos más reconocidos y premiados. Su lugar de nacimiento es España, si bien su familia  debe emigrar  huyendo del franquismo, por lo que sus raíces culturales son profundamente mexicanas. Su inclinación ideológica, claramente hacia la izquierda, es  algo que vivió desde la más tierna infancia; Hace gala de un gran activismo sindical y político, lo pueden hacer de Taibo persona non grata en ciertos círculos. Pero en este chiringuito no hay prejuicio que valga a la hora de leer.

Por otro lado, es sabido que el “Che” es uno los personajes que más tirón tienen; unos lo adoran y otros lo consideran un fracaso, pero nunca ha dejado de mantener ese interés que acaban teniendo los mitos. Su vida más pública está francamente bien documentada, y no hablo solamente de datos. Son muchas las imágenes que tenemos de Ernesto Guevara. Parece casi que estuviera vivo. Pero es una figura cuya historia es fácil de distorsionar. Es claro que Paco Ignacio Taibo II es una de esas personas fascinadas por el Guevara libertador de pueblos. Ya ha dedicado biografías a figuras como Pancho Villa o El Comandante Marcos.

Pero veamos cómo trata la figura como a Ernesto Guevara en su obra, Ernesto Guevara, también conocido como el Che: ¿combatiente heróico o ser humano, con luces y sombras?

¿Era el Che un idealista? ¿un moralista? ¿un ideólogo buscando justicia social? ¿un guerrillero? ¿un comunista convencido? ¿el profeta que los rojos estaban buscando? ¿un fenómeno comercial? Es claro que con Ernesto Guevara, también conocido como el Che Taibo pretende hacer brillar un poco al personaje, por encima de la persona, teniendo en cuenta que el Che ha venido sufriendo varias campañas de desprestigio que cuestionan su imagen de libertador de América Latina. No olvidemos que, por otro lado, se le ha reivindicado casi como a un evangelista.


La dedicación que le pone Paco Ignacio Taibo a hacer de esta biografía una obra creíble es absolutamente minuciosa y detallista, con montones de imágenes, declaraciones, referencias a otras publicaciones y una bibliografía contundente en la que está basado Ernesto Guevara, también conocido como el Che. Lo cierto es que Ernesto Guevara es un personaje que da para muchas biografías, independientemente del giro ideológico que quiera darse a la figura. Como ser anónimo ya era alguien destacable y con unos rasgos personales bastante especiales: su rígida idea de la justicia, que le hacía sacar a bailar a las chicas feas en los bailes de los pueblos que visitaba en su juventud; el concepto de identidad de América Latina y sus ganas de abarcarla, que le hizo recorrerla en motocicleta, viaje que dio origen a la película “Diarios de una motocicleta“, ganadora de 21 premios internacionales; la voracidad con la que leía, lo que fuera: desde teatro hasta filosofía, a todas horas y en todo lugar; o detalles más curiosos como su falta de higiene o el renunciar a comer carne cuando supo de las cartillas de racionamiento en la población de Cuba.

En fin, que el resultado es deslumbrante, realmente convincente, que intenta aclarar algunos puntos negros de su historia vital y de la Historia de Cuba. Ernesto Guevara es uno de los personajes más influyentes del S.XX, ideológica y políticamente, cuyo mito permanece tercamente entre nosotros y bien merece una lectura intensa de su biografía.

Conversación en La Catedral (Mario Vargas Llosa)

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Conversación en La Catedral (Mario Vargas Llosa)

Vargas Llosa es un autor un poco controvertido, por aquello de que mantiene una cierta actividad política medianamente notable, y además, en cierto modo mediatizada, puesto que es un señor que, por delante de muchos otros literatos, allá donde va le sigue una cámara. El caso es que, especialmente después de recibir el Nobel de Literatura en 2010, he venido notando que sigue manteniendo a muchos seguidores fieles, pero también puede presumir de tener unos cuantos detractores. Más por lo ideológico que por lo literario. Es lo que tiene posicionarse políticamente más allá del modo autor-protesta, por encima de que se trate de uno de los literatos más destacados del S. XX y XXI.

Dicho esto, Vargas Llosa es un escritor muy prolífico, y esto ya tiene su mérito, pero también muy versátil. No sólo cuenta con un consistente y sólido número de obras a sus espaldas (y en una gran parte son obras que no puede uno morir sin haber leído, especialmente en novela). Sino que también se ha movido con mucha soltura en otros géneros de la literatura sin despeinarse mucho ese pedazo de flequillo. Se sabe que es un gran amante del teatro, e incluso formó parte del elenco en ‘Los cuentos de la peste’.

Vargas Llosa en un momentazo de su actuación teatral. Túnica y pelo del mismo color, ¡qué acierto el Just for Men!

Vargas Llosa en un momentazo de su actuación teatral. Túnica y pelo del mismo color, ¡qué acierto el Just for Men!

En este sentido cabe destacar que, a pesar de que como todos los grandes autores tienen características que dan el toque personal al conjunto de su obra, Vargas Llosa es, en este sentido, bastante dúctil. Se adapta con facilidad a lo que está contando, situándose en un marco concreto y adaptándose a él, y no al revés (me atrevo a apuntar que suele ser lo habitual).

Sin embargo, también soy de los lectores que piensa que Mario Vargas Llosa tiene obras menores (es lo normal cuando se escribe tanto). Pero no es éste el caso de “Conversación en la Catedral”. Esta novela lo tiene todo: está bien escrita, con sencillez pero sin caer en tópicos, sigue un argumento que es lineal, pero que se desvía en el espacio y el tiempo lo debido como para crear interés en las historias paralelas, sin aburrirnos con aventuras vacías con las que rellenar páginas. Todo parece estar configurado al milímetro. Y uno no sabe hasta qué punto encajan las piezas hasta el mismísimo final. Osea, que además de todo, llega uno a la última página con cara de sorpresa.

Manuel Odría, mirando interesante a no se sabe dónde. Vistos así, ningún dictador infunde mucho respeto.

Manuel Odría, mirando interesante a no se sabe dónde. Vistos así, ningún dictador infunde mucho respeto.

Bien es cierto que la temática puede resultar un poco densa en ciertas partes. No esperemos un libro de aventuras épicas, porque no lo es, ni tiene tampoco un ritmo trepidante. “Conversación en la Catedral cuenta la historia de Zavalita, un joven periodista de “familia bien” en el Perú de los 50, en plena dictadura de Manuel Odría. Zavalita es alguien a quien no le gusta su vida, ni su país, ni su familia, ni su trabajo. Yo creo que refleja un poco la esencia de un Perú harto y cansado, humillado y roto. En estas conversaciones en el bar llamado La Catedral convergen gran número de personajes, relacionados en mayor o menor medida con el protagonista, pero que tienen mucho peso en la Historia del Perú que se nos está definiendo. Advierto que cada uno tiene su propia historia y si vienen o no a cuento es una cosa que puede provocar cierta confusión.

Me ha gustado cómo lo ha definido Antonio Méndez en la su crítica de “Conversación en La Catedral”, cuando dice: Aunque es un libro muy recomendable, la pluralidad de voces en existencias paralelas que confluyen al mismo tiempo y la experimentación cronológica puede resultar un tanto cansina para los lectores ubicados en la simpleza del best-seller.

De todas formas, me reitero en lo dicho: Mario Vargas Llosa tiene muchísimas obras. Si queréis amor: “Lituma en los Andes”. Si queréis humor: “Pantaleón y las visitadoras”. Si queréis crítica política: “Los cachorros” o “La fiesta del chivo”. Si queréis teatro: “Kathie y el hipopótamo” (que digo yo: si Ana Belén proragonizó esta obra en teatro, tampoco será para tanto lo de este hombre…). En fin, ¡barra libre de M.V.L. para todos, que yo invito!

 

 

La tregua (Mario Benedetti)

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La tregua (Mario Benedetti)

La Tregua es una pedazo de historia de amor. Pero que nadie espere acarameladas y vibrantes escenas a lo Federico Moccia porque esta historia no pertenece a ese romanticismo más tópico y popular, puede que con un toque comercial (cuidado: no se lea aquí comercial como término despectivo, sino representativo), ni es de esas relaciones estandarizadas que todos esperamos cuando se intuye que exista un atisbo de posibilidad de “chicha” entre dos personas. No busquéis 000_550501_469290523102685_1002165794_nflechazos. Tampoco los protagonistas son los típicos porque, como decía, esta historia no trata – ni lo requiere – de adolescentes con grandes dosis de  intensidad amorosa corriendo a raudales entre sístoles y diástoles, con morreos bajo la lluvia y tal. Pero sí creo que estos dos implicados de La Tregua comparten con los púberes protagonistas de estas otras historias de amor una cosa: la intención del “quiero vivir a mi manera”. Ahí lo dejo.3ae525b064963a30e2370e90eb79a292

Precisamente por lo que acabo de contar, no se puede esperar de esta obra un ritmo trepidante. No hay carreras esquivando gente por llegar a la chica, que se ha ido cabreadísima y llorando a moco tendido después de dar un portazo en la cafetería, todo ello envuelto en ese glamuroso estilo “made in Hollywood” que todos tenemos en mente. Lo que quiero decir es que La Tregua tiene un tempo lento, que nadie lo deje a la mitad por eso, porque es ni más ni menos que el que requiere la historia. Aún así, es imposible que deje indiferente la cantidad de sentimiento (no sentimentalismo) que desprende Martín, el Romeo de nuestra novela. Él es quien narra los sucesos, y también quien los protagoniza. Es a través de su corazoncito pesimista, de cincuentón con familia, quien reconoce abiertamente no saber si llegó a amar alguna vez a su difunta esposa, y que no espera nada ya de la vida, emocionalmente hablando, desde el cual llegaremos a sentir en qué consiste esta tierna historia de amor a destiempo. La Tregua es un título que tiene una misión: la de resumir el concepto de esta historia y lo que ella supone a nuestro tristón Martín.

mario-benedetti. Comunidad Lectora

Benedetti, en una de sus últimas entrevistas. No se le ven, pero tiene mucha pinta de ir en zapatillas de andar por casa.

Beneditti era un grandísimo romántico. Un poeta de consolidada trayectoria (¿existe consolidadísima?. Voy a mirar…). Las frases lapidarias de este autor uruguayo sobre el amor, los sentimientos, y la vida en general, son usadas a diario para dedicatorias personales desde que Google sirve para buscar versos de otros con los que impresionar. Toda una inspiración para Acción poética. No en vano se dedicó, además de a la poesía y la novela, al ensayo. Un señor con aspecto de “abuelo abracitos” que vivió su propia historia de amor durante 40 años. A menudo me pregunto qué sabrán del desamor los individuos que sólo han amado (y siguen amando) a una única persona en su vida. ¿Qué pueden saber de la oportunidad de fallar, para acabar eligiendo entre varios/as al definitivo/a? Nunca sabremos cómo entienden el desamor, pero, lo que tengo claro después de leer La Tregua, es que se puede representar en palabras el sentimiento ajeno, y hacerlo tan vívido, que otras personas lo puedan llegar a sentir también. Tiene mérito cuando no se tira de vivencias propias, ¿no creéis?

Benedetti. Comunidad Lectora

Cien años de soledad (Gabriel García Márquez)

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Cien años de soledad (Gabriel García Márquez)

Nos vamos a atrever con una de las novelas más leídas, y consecuentemente, también más comentadas de la historia de la literatura: “Cien años de soledad”. No es fácil enfrentarse con un clásico cuando a la vez es de creación tan relaticamente reciente. Muchos de nosotros hemos leído la obra o al menos, sabemos de muchos conocidos que la han leído, hemos oido o tenemos nuestras propias impresiones y comentarios. También nos enfrentaremos a hablar un poco del realismo mágico, ese estilo tan particular de los países latinoamericanos que nos ha fascinado, y del que “Cien años de soledad” viene siendo un estandarte.

De esta obra, como digo, se ha dicho de todo. Vamos a intentar que este post recuerde lo más emblemático de la novela, intentando introducir alguna cosa nueva. A mí, particularmente, me sedujo desde el principio. No había leído nada de García Márquez hasta esa fecha. La historia de Macondo, la humildísima aldea nacida en medio de la nada, espejo de todas las ciudades del mundo porque, en realidad ¿qué ciudad nace siendo una gran metrópoli? Se ha hablado largo y tendido sobre si Macondo era o no un lugar real. Su autor siempre afirmó que no existía, pero parece ser que pudo inspirarse en un pueblo auténtico cercano a la selva colombiana: Aracataca, localidad natal de Márquez.

Macondo es una metáfora; del mundo occidental, del paso de la vida rural a la industrial, de la historia y evolución del mundo, en una palabra (me he prometido no ponerme muy petarda). De cómo algo pequeño se convierte en algo tan grande que acaba por resultar incontrolable. El progreso puede ser un espejismo de algo mejor. Vivir el crecimiento de Macondo a través de las sucesivas generaciones de los Buendía es, para mí, lo mejor de “Cien años de soledad”.

Por otro lado, podemos encontrar parelelismos con la historia real de Colombia, situándonos entre el S.XIX y XX, una época de movilizaciones, guerras e inestabilidades políticas.

La familia Buendía, hilo conductor de la novela y eje a través del cual seguiremos la evolución de Macondo, es la que nos permite atribuir carne, sentimientos, nombres y caras a las historias. Porque hablamos de generaciones de Buendías, encontrándonos en cada una de ellas a personajes con caracteres propios. En ocasiones,  con rasgos heredados de aquellos parientes que los precedieron y con los que suelen compartir nombre. Esto puede acabar resultando bastante complicado de seguir en ocasiones, por lo que no es extraño que en muchas ediciones de “Cien años de soledad” se incluya un árbol genealógico de esta familia.

Los Buendía de Cien Años de Soledad. Comunidad Lectora¿Qué decir sobre el realismo mágico? En pocas palabras, es la corriente literaria donde se da una interpretación de la realidad en la que se mezcla lo verdadero con lo imaginario, marcado por ciertos toques sobrenaturales. García Márquez fue un gran ejemplo de esta corriente literaria, entre otros. Podríamos citar también a Isabel Allende, Laura Esquivel o Juan Rulfo. Márquez atribuía a su abuela materna muchas de las historias extraordinarias que le habían contado, y que él utilizaba como inspiración en algunas de sus obras.

En general, “Cien años de soledad” es una novela que se lee relativamente bien, en especial la primera parte, donde Macondo es ese pueblecito pequeño que poco a poco vamos viendo crecer junto con la maraña de las vidas de sus habitantes. Es verdad, y lo oiréis comentar a muchos lectores, que la obra se pone más pesada a partir de su segunda mitad. El hecho de que los Buendía se multipliquen a lo largo del tiempo, y que muchos de sus nombres coincidan, hace que nos cueste seguir el hilo de la historia. Además, se dan situaciones cíclicas, que se repiten entre algunos de ellos a tarvés de los años. También es más tedioso cuando Macondo pierde aquel encanto humilde de sus inicios.

 

Lobas de mar (Zoé Valdés)

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Lobas de mar (Zoé Valdés)

No sé ni cómo empezar este post en el que tengo que explicar lo mala que me ha parecido esta novela. Lo cierto es que la cubana Zoé Valdés es una autora reconocida en el mundo literario de habla hispana y con varias obras premiadas. Así pues, a menudo los autores más prolíficos

Y qué mejor que poner esta foto de la autora, después de lo dicho en este post, para culminar mi venganza. Habla por sí sola.

Y qué mejor que poner esta foto de la autora, después de lo dicho en este post, para culminar mi venganza. Habla por sí sola.

pueden llegar a contar con alguna que otra obra más floja entre otras que pueden considerarse mejores. A veces los escritores profesionales escriben novelas por encargo o la temática puede venir sugerida por las editoriales en función de unos u otros intereses. Pero es que en realidad lo sorprendente de su “Lobas de mar” no es que le haya salido floja a Valdés, sino que sea verdaderamente tan, pero tan mala. Qué queréis que os diga, este blog no está para dorarle la píldora a nadie.

Ann Bony & Mary Read. Comunidad Lectora

Las supuestas filibusteras. Propuesta de tatuaje en la nalga para cualquier fan.

“Lobas de mar” narra las aventuras (basadas en dos historias reales) de dos mujeres, Ann Bonny y Mary Read, que en el S.XVII se embarcan bajo apariencia masculina y por diversos motivos, en un barco pirata. Algunos pensaréis que puede tratarse de una trama atractiva, por aquello de las aventuras y demás fanfarrias.

Lo que a mí me llamó la antención (creo haberlo comentado ya en algún otra post) es que haya unos hechos reales detrás. Y para los seguidores de los premios, otro gancho para “Lobas de mar” podría ser que obtuvo el Fernando Lara 2003 (premio vinculado al Grupo Planeta, para que os vayáis haciendo a la idea). Sin embargo, no sólo se trata de una historia pobre, con personajes planos, telenoveleros -en el peor sentido de la palabra-, con situaciones absurdas, más propias de un héroe de cómic pasado de rosca, que de algo que remotamente hubiera podido suceder de verdad. Zoé Valdés hace suyo eso de cualquier parecido con la realidad... Se pasa de “comercial”, por no decir peliculera. Y no quiero dejar de mencionar las escenas de sexo, que le quedan de lo más soez, para dejarlo en un único término.

Pero si lo que os estoy contando os parece poco, documentándome en la red he encontrado comentarios de otros lectores en los que se hila realmente fino con esta novela. En este blog podréis encontrar un listado de (atención) ¡palabras que aparecen en la obra y que no existen en castellano! Yo, que no he conseguido ese nivel de análisis, sí que pude advertir repeticiones tediosas de sustantivos como filibustera (ahí es nada) cada cuatro renglones, o resbalones cronológicos o geográficos, como cuando habla de Santo Domingo y La Española como de dos lugares físicamente distintos (!). Mejor que un premio, yo le hubiera dado a Valdés un Atlas de regalo.

¿Es posible que una novela como ésta pueda obtener un premio literario? Si queréis saber lo que opino de los Premios Planeta, echad un vistazo a este post sobre “Pura Vida”, de Mendiluce.

Y no puedo dejar de citar otros resbalones, en este caso publicados por El Cultural en junio de 2003: “Ocurre en este tipo de obras que los sucesos prevalecen sobre el modo de referirlos. Y uno se deja llevar por lo que ocurre a pesar de cómo se dice. Anoto, por ejemplo, en las tres primeras páginas nada menos que 18 gerundios […] Muy cerquita, en tres líneas se encadenan los términos maquinadora, aprovechadora y conocedora, con un efecto sonoro deplorable.”

Y no digo más, que me da la risa. Si tenéis mucha curiosidad, lo mejor es leerlo y así sabéis de qué os hablo.