El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas (Haruki Murakami)

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El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas (Haruki Murakami)

Me confieso públicamente fan-fatal de Murakami. Lo cierto es que aún no he leído todas sus novelas, y he de reconocer también que llegó a mí un poco de rebote (por no contar la historia “larga” de que llegó a casa y no fuí yo quien había escuchado hablar de él. Vamos, en la inopia total). Sin embargo el hecho de que El fin del mundo… fuera una edición de Tusquets ya me olía bien. Así que me dispuse con mucha curiosidad a ver de qué iba esto de los autores japoneses.  Bien es verdad, y lo digo por si hubiera alguien interesado en iniciarse con este autor, que no tiene muchas coincidencias con otros autores japoneses contemporáneos que yo conozca. Porque… cómo explicarlo… Murakami es capaz de crear universos enteros en cada una de sus novelas. Y eso no lo digo yo, que soy una pobre bloggera aficionada a la lectura. Se le ha catalogado como el escritor más cool del mundo, o como artífice del pop art literario. Casi ná. Anda que también los críticos literarios tienen sus días de máxima inspiración…

Os aconsejo fervientemente leer este “retrato robot” sobre el escritor que realizó el periódico The Times, y que encontraréis traducido aquí gracias a Papel en Blanco. Vamos, que es todo un personaje.

Como decía, como persona este señor debe ser ciertamente especial. Tiene ciertas fijezas con algunos de sus hobbies como dejó bien claro con la obra De qué hablo cuando hablo de correr, una especie de diario profesional de lo que son sus entrenamientos, sus dietas, sus marcas, las maratones en las que ha participado (debidamente documentado y acompañado de fotografías), así como las sensaciones que le proporciona esta actividad, anotadas con todo detalle, como suele hacer siempre que un tema le interesa y le produce cierta fascinación. Pero no engañarse: no es una novela. De hecho es un libro que me veo incapaz de llegar más allá de hojear. Demasiado atletismo para ser leído.

Lo que quiero decir con esto es que Murakami… is different.

Retomemos El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas. Esta obra me dejó fascinada. Tanto, que aunque he seguido leyendo a este autor, aún no he encontrado otra de sus obras que me dejara con la boca igual de abierta. Eso sí: no es una novela que yo aconseje a principiantes. Es árdua de leer al menos en sus primeros capítulos. Porque su estructura, como ocurre en algunas otras de sus novelas como Kafka en la orilla (de la que hablaremos en otra ocasión), se repite eso de las dos historias paralelas que se alternan y que aparentemente no tienen puntos coincidentes. Hasta que llega un momento en que ambas convergen, bien a través de los personajes, bien a través de las situaciones. Y entonces todo empieza a encajar. O todo lo contrario. Pero lo que sí puedo asegurar es que la trama llega a ser hipnótica (y esta palabra no está elegida al azar), enganchándonos con la historia aunque no seamos capaces de entender muy bien qué narices está pasando. Murakami dosifica las explicaciones de manera que llegues a sentir un poco esa ansiedad y desorientación que están sufriendo sus protagonistas. Personalmente, creo que no es una sesación fácil de provocar a través de las palabras. Y en eso le doy  un 10.

A través de historias que parten de personajes atormentados, perdidos, en plena búsqueda de respuestas, este autor consigue meternos en mundos que pasan de la intriga propia del género policíaco, a la pura ciencia ficción. Pasando por la Filosofía.

Porque he encontrado ciertos rasgos que aparecen en numerosas de sus novelas, como suele pasar cuando hay temas que preocupan e inquietan de forma particular a algunos autores. En el caso de Haruki Murakami son la Literatura, la Filosofía, el amor más platónico, la muerte. Cuando trata más ampliamente estos temas es cuando podéis encontrar que sus novelas se hacen un poco más… densas. También hay detalles (menos profundos, no va a ser todo ponerse intelectual) que aparecen en varias de las obras de este señor: las bibliotecas, los gatos (¡!), el mundo más espiritual (incluyendo aquí a los espíritus y personajes malignos), el sexo, la comida o la higiene personal. Me gusta especialmente cuando describe con tanta precisión cómo cocinan o se asean sus personajes. Le queda todo tan pulcro y tan bien contado, que te da por pensar en si él hace este tipo de cosas tan mecánicamente. ¡Cuánto detalle en tan pocas palabras!

Por lo demás remarco aquello de que consigue imbuirte en un mundo totalmente personal, único, y profundamente asocial, así que si en algún momento buscáis una lectura un poco más sofisticada, un libro que os haga revolveros en el sofá, disfrutar de la turbación y las historias imposibles, Murakami es vuestro autor.

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  1. La verdad es que algunas novelas de H.M. se me han atragantado un poco por el tema de la filosofía que dices. Digamos que me gusta, pero no lo encuentro tan… fascinante. Probaré con esta del Fin del Mundo, pero si no me gusta, lo doy por imposible.

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