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El desafío de las damas (Almudena de Arteaga)

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El desafío de las damas (Almudena de Arteaga)

Lo sé… Gran parte de la novela histórica, sobre todo desde el auge comercial del que lleva disfrutando en España desde hace algunos años con autores súperventas como Matilde Asensi (“El Último Catón“), Arturo Pérez Reverte (El Asedio o la saga de “Alatriste”) o Ildefonso Falcones (“La Catedral del Mar“, “La mano de Fátima” o “La reina descalza”), se trata de un género un tanto desvirtuado últimamente por aquello de procurar hacerlo lo más comercial posible, aprovechando el tirón que – como digo – está viviendo. En realidad hay a quien le gusta tal como ha sido siempre (con títulos legendarios como “Sinhué el Egipcio” o “Quo Vadis“, por ejemplo), y hay quien ha comenzado a disfrutarlo recientemente enganchado/a por las tendencias de best-seller de algunas de estas obras más destinadas a un consumo de entretenimiento.

Sea cual sea el motivo por el que tengamos entre manos uno de estos libros, debemos disfrutar cada vez que un autor sea capaz de trasladarnos a la época en cuestión, llegando a permitirnos hacer un viaje en el tiempo a través de una de sus obras. En mi humilde opinión, si esto se cumple, el servicio al lector está consumado. Claro, que depende en gran parte de nuestra capacidad de evocar ambientes distintos a través de la imaginación, pero desde luego hacerlo a través de un libro es la cosa más parecida a un viaje a través de la Historia que he podido experimentar.

¡Pero ojo!: muy importante y destacable, además de lo anteriormente citado, es el hecho de plantearnos cuánto sabemos de Historia (con mayúscula). Porque por mucha imaginación que le ponga el autor, y muchas ganas que nosotros le echemos, si una obra de este género no está suficientemente documentada y existe una base sólida de investigación previa, lo que termina saliendo es una bazofia de las que es mejor mantenerse alejado, porque le quitan a uno las ganas de volver a coger novela histórica nunca más. Hay que ser muy exigente como lector, y muy riguroso como autor. Cuando más conozcamos la etapa histórica de la que nos están hablando, más disfrutaremos de la obra, y por tanto mejor sabremos apreciar lo correcto o incorrecto de lo que se nos cuenta. Amén, desde luego, del estilo literario de cada autor, pero eso es otra cuestión.

Isabel de Francia, sufrida esposa de Felipe IV

El sexappeal de Felipe IV retratado por Velázquez

También el género de la novela histórica tiene, a mi modo de ver, otro “obstáculo”. Y es que en muchos casos, como en el que nos ocupa,”El desafío de las damas”, las historias parecen estar destinadas a un público femenino. Lo cierto es que no sé si existen datos acerca de si hay más consumidoras que consumidores de estas novelas, pero en cualquier caso mi consejo es: no os dejéis llevar por los títulos o el diseño de las portadas. En muchas de estas novelas, como en “El desafío de las damas”, encontraréis historias bien construidas, personajes definidos, tramas interesantes, y una muy buena ambientación histórica En esta obra se narra la ficticia conjura se una serie de mujeres que por distintos motivos, buscan vengarse del poderoso valido de Felipe IV, el conde duque de Olivares. Ya sabemos que, literariament, Felipe IV ha dado pié a algunas de las mejores historias como “La crónica del rey pasamado”, de Torrente Ballester, o como ya hemos citado, la saga de “El Capitán Alatriste”, que vive sus aventuras bajo el reinado de dicho monarca.

Almudena de Arteaga se estrenó en el género con una biografía novelada de la Princesa de Éboli, de quien es descendiente. Obtuvo un gran éxito de público y crítica y desde entonces ha publicado numerosos títulos, en general con bastante aceptación todos ellos. Sí que es cierto que está especializada en biografías de mujeres (“La princesa de Éboli”, “La Beltraneja, el pecado oculto de Isabel la Católica”, “María de Molina” o “Eugenia de Montijo”, por citar algunos), aunque también ha dedicado algunas de sus obras a hombres destacados de la Historia. Cultiva otros estilos literarios, pero es en la novela histórica donde ha cosechado mayores logros. Y aunque se mueve en diferentes etapas, los siglos correspondientes a la Edad Media y Moderna (S. XIII a S.XVII) los que yo considero su especialidad.

Taberna S. XVII.

Si nos centramos en la trama de la novela que nos ocupa, os garantizo que la intriga, la traición y la sospecha están pero que muy presentes como en cualquier novela negra. Aunque es mayormente destacable su gusto por los detalles ambientales, de manera que nos traslada a una etapa fascinante de la Historia de España donde nos describe de manera muy natural los fastos de la corte, la situación política del momento, tanto interior (hambre, descontento, picaresca) como exterior (guerras interminables y costosas), las vestimentas de todas las clases sociales, los eventos lúdicos (actos de fe, toros, representaciones teatrales en corralas), gastronomía, el ambiente callejero (diurno y nocturno)… y un largo etcétera que conseguirá haceros disfrutar como si fuérais parte de aquella sociedad que caracterizó al Siglo de Oro español. Todo ello rodeado de personajes reales, lo que hace mucho más creíble esta historia.

Corrala típica para representaciones teatrales en el S.XII

Fortunata y Jacinta (Benito P. Galdós)

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Fortunata y Jacinta (Benito P. Galdós)

¡¡Empezamos con los clásicos!! Ya sé que para muchísimos lectores casi todas estas obras pueden ser un pestiño, sin embargo yo soy de las que he disfrutado y espero seguirlo haciendo, con obras como ésta. Recomiendo especialmente su lectura a todos aquellos que quieran revivir lo que fué el Madrid del S.XIX, cuando la Castellana era prácticamente campo y los que tenían posibles se hacían por la zona sus “casitas de fin de semana” (estos son muchos de los palacetes que hoy todavía nos quedan, por ejemplo el del mismísimo Marqués de Salamanca, que actualmente es la sede del BBVA). De hecho, éste es uno de los temas curiosos que se mencionan en el libro.

Lo mejor, para mí, de Fortunata y Jacinta, es lo perfectamente bien que queda retratada lo que fue la sociedad del Romanticismo en Madrid, con sus detalles más curiosos y abarcando todas las clases sociales.

En este sentido encuentro cierto paralelismo con  Balzac (grandísimo escritor francés destacado por el reflejo social que transmite en sus novelas ).
Con los detalles me refiero a las descripciones de los mercadillos, las corralas de vecinos, las tertulias en los cafés, la relación Iglesia-sociedad, cómo era
el interior de las viviendas, qué era lo que se comía, cómo eran los nacimientos o los entierros.


Personalmente me apasiona esta época precisamente en esta ciudad. Y aunque no he llegado a ver la serie que se emitió por TVE, leyendo esta obra he llegado a hacerme una idea bastante real de este batiburrillo de personajes y situaciones que rodean las vidas de aquellas dos mujeres. Me llamaron especialmente la antención las vidas de Juanito, el principal nexo entre Fortunata y Jacinta: un señorito bien que no tiene necesidad de trabajar y ¡ojo! mantenido por sus padres a mucha honra de estos, como venía siendo habitual en este tipo de familias adineradas. Hoy por hoy, aunque sea por guardar las apariencias, hasta los hijos de Julio Iglesias hacen como que trabajan… Y qué decir de Mauricia la Dura, una pobre mujer pobre, madre soltera, irresposable y desequilibrada, que no tiene ni quiere tener dónde caerse muerta, pero que inspira una lástima de lo más humana. Un personaje ciertamente sórdido…

Pérez Galdos leyendo en el salón del doctor Tolosa Latour, en Madrid, en 1897

Pérez Galdós leyendo en el salón del doctor Tolosa Latour, en Madrid, en 1897

Galdós escribió un gran número de obras en su vida. Es destacable su gusto por la narración histórica, pero centrándonos en la novela, creo que en el caso de Fortunata y Jacinta su enorme valor reside en el perfil psicológico tan minucioso que llega a hacer de los personajes (¡y son muchos!), en detrimento de la fluidez de la historia, que hacia la segunda mitad puede hacerse algo monótona.

Sin embargo seguro que volveré a leerla algún día, para pasear por algunos de los sitios que cita el autor y poder decir, ¡pero si siguen ahí! Eso es lo maravilloso de las ciudades: que igual que las personas, todas tienen una historia. Y ambas están irremediablemente ligadas las unas a las de las otras.