Archivo de la categoría: Clásicos

El Conde de Montecristo (Alejandro Dumas, padre)

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El Conde de Montecristo (Alejandro Dumas, padre)

En mi opinión, éste es uno de los clásicos que todo el mundo debería – al menos- intentar leer una vez en la vida. Porque sorprende, primero, y seduce después. Con esto quiero decir que los clásicos en la Literatura, son una fuente inagotable de recursos para un lector que no busque siempre lo mismo. De hecho, a nivel de cultura general, es más que recomendable darle una vuelta a este tipo de novelas porque siempre que oigamos campanas al repecto, sabremos de qué se nos está hablando.

Vista actual del Castillo de If, donde Edmundo Dantés fue injustamente encarcelado, y de la que consiguió huir de una forma que hubiera envidiado el mismísimo James Bond”.

En el caso que nos ocupa, El conde de Montecristo, es un referente inevitable siempre que se menciona la venganza. Y no me digáis que ése no es un tema recurrente en cultura: cine, teatro, novela… Las pasiones humanas son siempre un caldo de cultivo de lo más fructífero porque son cosas que absolutamnete todos hemos sentido en la vida. Las personas somos “asín”.

No descarto que a alguien pueda parecerle un tostón, claro, ya sabemos que los gustos es algo en lo que es imposible ponerse de acuerdo (afortunadamente). Pero insisto en que si estáis dándole vueltas a la idea de tener en vuestras manos una obra de ésas absorvente e intrigante, de las que no podemos dejar de leer, exactamente igual que muchos de estos “más vendidos” que vemos consumir ávidamente a otros lectores en el metro, por ejemplo, y sentimos las ganas de zambullirnos en una historia de aventuras arrolladora, con amor, sospechas y suspense: ¡no lo dudéis!

De hecho está considerada una de las mejores obras del propio autor, Alejandro Dumas (padre) – el hijo es el autor de “La dama de las camelias”, su obra más conocida – . Para colmo de expectación sobre esta historia, os diré que por rocambolesca que parezca, está basada en la historia real del zapatero François Picaud a principios del S.XIX (¡apasionante siglo, Dios mío!), de la que Dumas tuvo noticias, incluída la fantástica fuga de la cárcel, el tesoro recuperado, y una venganza tramada al fuego lento de una década. Casi nada, amigos, casi nada… Desde luego, hay vidas como para escribir 10 nivelas de este calibre.

Ahora que ya os he revelado la parte central de la trama, os describiré más detalladamente que Edmundo Dantés, el paciente y concienzudo protagonista de la novela, resulta injustamente encarcelado justo antes de casarse con su amada Mercedes, debido a la trama urdida en su contra como bonapartista. Aquí comienzan una serie de sufrimientos y desventuras para el pobre Edmundo, que a través de los años y con muchísima suerte, llega a hacer de su capa un sayo y consigue salir de la cárcel fabulosamente rico, y con unas ganas de vengarse que no son de este mundo. Porque contando con una mente brillante, y recursos económicos, a Dantés ya no hay quien lo pare.

Por supuesto, aquí entran a escena numerosísimos personajes  (algunos realmente fascinantes) que toman mayor o menor partido, dependiendo de en qué grado participan del enrevesado plan de nuestro misterioso protagonista, que para llevar a cabo su venganza necesita, además, del uso de varias identidades falsas. Todo esto hace que la trama vaya cobrando una consistencia y una densidad que nos mantienen en constante expectación por saber cómo se irán desarrollando los acontecimientos.

El encuadre histórico de la detención del protagonista lo encontramos en los llamados Los Cien Días en los que abdicó Napoléon, se reinstauró la monarquía con Luis XVIII, Napoleón tomó nuevamente el poder, fue depuesto y exiliado, y oootra vez fue instaurada la monarquía en Francia. P’abernos matao.

Las influencias de Alejandro Dumas para con esta obra se consideran numerosas, parece que muchos autores consideran que “El conde de Montecristo” está inspirado en parte en “Las mil y una noches“, por nombrar una de ellas. Lo que sí es totalmente cierto es que esta obra ha sido a su vez inspiración para montones, cientos de otras novelas, cómics, versiones cinematográficas y televisivas, anime manga incluídas.  

Así que, además de lo que acabo de contar acerca de la atrayente seducción que esta historia de venganza y redención en clave de aventuras puede proporcionaros, está el incentivo de conocer una de las obras más versionadas y adaptadas de la Literatura universal.

Papá Goriot (Honoré de Balzac)

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Papá Goriot (Honoré de Balzac)

Hablamos de Balzac, amigos, nada menos que de Balzac. Apaguen sus móviles y contengan la respiración porque este post está dedicado a uno de los autores más gloriosos del S.XIX. En pleno romanticismo francés, el París más bohemio, pobre, chic, sucio, y aristocrático (pese a ser el heredero de la Revolución Francesa), conoció a uno de sus novelistas más determinantes y que mejor supo reflejar lo que fue aquella ciudad y sus habitantes durante buena parte de ese siglo. No olvidemos que por entonces, y pese a lo que se había vivido 50 años antes, Francia era una monarquía a punto de convertirse en un Imperio (con emperador y todo, bajito y con flequillo).

Aquella amalgama de personas de distinto corte social e ideología: algunas bien asentadas en sus títulos nobiliarios y rentas anuales (me encanta esta expresión tan “balzaquiana”: … disponía de unos 600.000 francos de renta), otras tantas con el resquemor bien vivo aún por lo que supuso decapitar a toda una familia real, cargarse al clero y a la mitad de los Estamentos, y alimentando un resentimiento envidioso y constante hacia esas clases altas que mantenían una forma de vida fatua y superficial, unida a las diferencias demográficas entre las poblaciones rurales y la gran metrópili europea por excelencia que era entonces París, – urbe del glamour en todas las épocas -, fueron factores que dieron pie a grandes contrastes entre los ciudadanos, propiciando así una sociedad francesa pintoresca y desigual. Precisamente es en este punto en el que destaca nuestro querido Honoré, en retratar a toda esta gente, sus inquietudes, sus perversiones, sus intereses, sus amores, sus tragedias. En este sentido, Balzac puede compararse con Galdós o Dickens en cuanto a describir a sus conciudadanos, vecinos, compañeros de viaje vital.

Balzac es uno de los autores representativos del realismo junto con Flaubert o Stendhal, ese movimiento ideológico que surge como oposición al romanticismo del XIX, en el que se idealizaba con grandilocuencia la belleza, la virtud, la ciencia y los más altos sentimientos, frente a la cotidianeidad y lo mundano de la vida más real, sin tanta ornamentación.

Puede que esta facilidad para describir el entramado social fuera debida a que el propio Balzac vivió entre ambos mundos y conocía bien el tipo de personajes que describía en sus novelas.

Fue un hombre realmente prolífico, y no sólo en cuanto a creación literaria se refiere, sino también a sus inquietudes como empresario. Se arruinó en numerosas ocasiones, volviendo a emprender después otros tantos negocios con ayuda y el apoyo económico de sus amistades. También conoció el éxito como escritor, aunque tardó en conseguirlo varios años. Fue entonces cuando su carrera literaria conoció su actividad más febril. Es conocida una anécdota suya en la que, durante el entierro de un conocido, se le acercó un caballero para decirle: “Señor Balzac, era el difunto su negro, ¿no es así? No tiene de qué preocuparse. Yo era el negro de su negro.” Ni que decir tiene que yo personalmente, no la creo. Pero efectivamente no habría sido ni el primero, ni el último.

El caso es que este grandísimo novelista nos ha dejado auténticas maravillas en forma de libros, y no solamente eso, sino también muchísimas frases célebres que hacen de él uno de los autores más citados.

En Papá Goriot nos regala precisamente eso que todos coinciden en que se le da tan bien: un retrato estupendo y completísimo de aquella sociedad francesa de principios del XIX a través del mundo que concibe en torno a un pequeño hostal regentado por Goriot, padre tierno y abnegado que renuncia a toda comodidad por el bienestar de sus hijas.

Os transcribo un breve párrafo (para quien haya leído el post hasta aquí y decida que quiere continuar aprendiendo):

“Si existen naturalezas tiernas, hay también naturalezas fuertes, cráneos de bronce, sobre los cuales tropiezan y caen las voluntades ajenas como las balas frente a una muralla. Hay también naturalezas blandas y algodonosas, donde las ideas de los otros mueren como las balas se amortiguan en la tierra blanda de las trincheras. Rastignac tenía una de esas cabezas de pólvora […]”

Después de todo lo dicho, es obvio que recomiendo su lectura a todos aquellos nostálgicos y amantes de siglos pasados, con el encanto que le suma el rodear las tramas inteligentes con coches de caballos, sombreros de copa, bailes en palacios aristocráticos, candelabros de plata y rues parisinas alumbradas por faroles con velas… Tened en cuenta, claro está, que el lenguaje es el que es, y eso también es un factor importante a la hora de situarnos en el tiempo. Lo digo para que nadie se sorprenda si lee algún “tiene usted crédito, monsieur”.

Sin embargo, y sin restar ni un ápice de relevancia a Papá Goriot, me permito además recomendar con verdadera devoción a la que es considerada la mejor obra de Balzac: Eugenia Grandet. Era nuestro amigo un autor de lo más prolífico, como hemos señalado ya, por lo que hay que tener en cuenta que no todas sus obras gozan de la misma profundidad, elegancia, y facilidad para ser leídas. Pero de Eugenia nos encargaremos en otro post propio, porque francamente, ella lo merece.

El amante de Lady Chatterley (D. H. Lawrence)

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El amante de Lady Chatterley (D. H. Lawrence)

La obra más conocida de Lawrence sin duda; y sin duda también se lo debe a la gran polémica que siguió a su publicación, allá por el año 1928. Y eso que se trataba de una edición limitada. El revuelo que provocó en Italia, que es donde se publicó en primer lugar, inmediatamente se convirtió en escándalo en los países anglosajones. Lo que provocó que no fuera publicada en Inglaterra hasta casi los años 60 (casi ná) en la edición completa. Antes había salido a la luz una versión censurada. Vamos: todo un hito en las polémicas del mundo de la Literatura.

El Nobel Octavio Paz se confesó admirador de este autor, si bien es cierto que lamentablemente su obra más conocida no es, según el propio Paz, su mejor novela.

El argumento nos habla de Constance Chatterlay, una mujer joven y bella que se casa con sir Clifford. Pero él cae herido durante la I Guerra Mundial y se ve condenado a vivir en una silla de ruedas. Ella comienza entonces un tórrido romance con el guardabosques de su marido, un rudo y asalvajado señor Mellors que le enseña el amor físico más deshinibido. Vamos, lo que viene siendo una historia de aquellas entre personas antagónicamente opuestas, por carácter y posición social. Ese argumento que tanto han exprimido telenovelas y películas románticas desde siempre.

Pero ojo: hablamos de 1.928 y esto no es exactamente una historia de amor. Se trata más bien de una relación meramente sexual, que hace que Constance pierda todo el recato que se espera en una mujer de principios de siglo S.XX, de su posición y además casada.

Lo cierto es que, a pesar de la polémica, no he llegado a entender el motivo por el que las mujeres del siglo pasado leían “El amante de Lady Chatterley” a escondidas, a pesar de que en ciertos pasajes hay algún detalle más o menos escabroso. Aunque ninguno que pueda sonrojar a ningún lector del siglo XXI. Quizá sea, como dicen algunos entendidos, porque lo más escandaloso fuera precisamente que nuestra protagonista pierda la cabeza por un proletario: «Si supiese que el guardabosque se había acostado con ella y le hablaba con aquel acento plebeyo, (…) la detestaría»

Tampoco he conseguido entender muy bien a los personajes principales de esta novela. No ví el amor que se supone que une a estos amantes y el final me decepcionó. Sinceramente creo que ha ido perdiendo ese valor que en su día le otorgó el morbo de leer escenas subidas de tono, y el argumento termina por resultar repetitivo e insustancial.

Una pena que Lawrence no viviera para comprobar que se vendieron nada menos que 1 millón de ejemplares en la primera semana que se autorizó su publicación.

Hay película (varias), y por supuesto no pasan por alto el reclamo a las escenas sexuales, como casi todas las portadas de esta novela.



Drácula (Bram Stocker)

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Drácula (Bram Stocker)

Otro clasicazo, en este caso, de terror. Escrito en 1.897, en pleno romanticismo literario, con todo lo que ello implica: la fascinación por lo exótico y lo sobrenatural. De toda la vida hemos escuchado historias sobre vampiros. Pero en mi caso hasta que no llegué a la época adolescente no descubrí que había un libro, Drácula, y también un personaje histórico, el conde Vlad Dracul, y que ambas historias se habían fusionado en la leyenda de los vampiros que yo, y casi toda la gente de mi generación, conocíamos casi exclusivamente por las películas que veíamos en los 80, cuando solamente había 2 cadenas (la 1 y la UHF, para los olvidadizos). Me refiero a esos tipos que te mordían la yugular, repelían el ajo, y con quienes se podía acabar únicamente clavándoles un crucifijo en medio del corazón. En fin, que si lo piensas puede dar miedo, sí (a mí me lo daba, qué narices), pero romántico, lo que se dice romántico, se puso después.

En los 90 los vampiros retomaron cierta relevancia para la gente de mi edad con las Crónicas Vampíricas de Anne Rice, empezando por Entrevista con el Vampiro, y sobretodo con la peli que siguió el rastro de aquel éxito literario. Aquí sí podemos decir que los vampiros supieron rodearse de cierta aureola de glamour, pasando a ser un poco divos, héroes románticos del mal, de aparecer en las carpetas forradas de quinceañeras de la época (ojo: en la mía no).

Después., también en los 90 y puede que a rebufo de todo lo anterior, Coppola llevó al cine la novela que nos ocupa el comentario de hoy: el Drácula original de Stocker.

La película es increíble, concentra todo lo que puede conocerse de este personaje a través del libro y sobre todo, pasa olímpicamente de antiguos clichés sobre vampiros de los que os hablaba al principio de este post. Se centra en la historia de Drácula, como digo inspirada en la del Conde rumano Vlad Dracul (uno que de verdad sí que daba miedo y del bueno), y sobre todo de la historia de amor con su eterna prometida: Mina. En ésta la historia que Sotcker narra en su novela, amor a través de los tiempos con un velo de terror sobrenatural que tanto gusta a los góticos. En realidad no se trata de una novela que dé tanto miedo que no te deje dormir por las noches; recordemos que está escrita a finales del XIX y toda la trama rodea una historia de amor atenporal, por lo que los ramalazos románticos de la novela y por tanto del libro, están por doquier. Famosa donde las haya es la frase del Conde cuando “recupera” a su amada varios siglos después de su “muerte”: “he cruzado océanos de tiempo para encontrarte“.

Coppola dió en el blanco, en mi opinión, sobre todo con dos aspectos de su película:

1) sigue fielmente la narración a través de los diarios de los principales personajes

2) la recreación del Conde Drácula avenjentado

 

 

 

Stocker aúna en su obra las tradiciones orales y leyendas medievales de Centroeuropa donde se habla de los muertos vivientes, aquellas personas que necesitan beber sangre para poder así vivir eternamente, con la romántica “telenovela” del Conde y su prometida a través de los tiempos. Al hilo de estas referencias no quiero olvidarme del mítico Nosferatu, una peli muda de 1922, donde el argumento viene a ser el mismo de siempre, pero ese vampiro: ¡¡qué miedo da!!

Cañas y barro (Vicente Blasco Ibáñez)

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Cañas y barro (Vicente Blasco Ibáñez)

Podemos decir que Cañas y Barro se trata de un clásico de la Literatura española, una de las “novelas valencianas” de Blasco Ibáñez, donde la historia de Toñet y Neleta es la excusa perfecta para decribir la vida en pleno 1.900 en la Albufera. Estas “novelas valencianas” forman parte de la corriente costumbrista que durante el Modernismo se desarrolló en parte de la Literatura española, con autores como el propio Blasco Ibáñez, Azorín o Unamuno.

En esta novela se nos describe una historia principal, la de amor entre los protagonistas, que se cruza con la de otros personajes secundarios pero, a mi parecer, mucho más interesantes y curiosos y de mucho más calado psicológico: el borracho Sangonera, el tío Paloma o el propio Toño (abuelo y padre del protagonista, respectivamente). Todo ello se desarrolla entre canales y anguilas, redes y botes de pesca, en El Palmar. Una población donde nadie querría acercarse ni siquiera a verlo de lejos. Porque si hacemos caso de las descripciones del autor, el paisaje es desagradable, el olor del aire es el del pescado viscoso y el lodo, y sus habitantes tienen el mismo color y aspecto que las anguilas de las que se alimentan. ¿Realmente era este sitio así? ¿O es que el autor tiene algún interés en hacernos creer lo horroroso que era formar parte de semejante lugar?

No sé si es que estamos acostumbrados a que muchos autores que escriben sobre su propia tierra nos idealicen en cierta medida algunos aspectos de la misma, o al menos, no nos lo pinten prácticamente como el infierno en la tierra (léase Valencia). Porque a mí no me ha parecido que todo aquello pudiera ser tan escandalosamente repulsivo. No se salvan ni los niños. Quizá sea ésta una características propias de Blasco Ibáñez, quizá desengañado de la vida de las clases más humildes; la verdad es que no he leído otras obras suyas, aunque me queda pendiente.

Cierto es que la vida en aquellos (y muchos otros) lugares para la clase obrera a principios del S. XX debía ser tremendamente difícil. Pero de ahí a que vivir como pescador en la Albufera sea símil de, poco menos, ser una anguila humana.

En fin, por lo demás la historia tiene su interés, sobre todo porque (exageraciones aparte) podemos hacernos una idea de la vida en comunidad, y cuando hablo de comunidad me refiero a las aldeas, a lugares donde casi todos los habitantes están unidos por algún lazo de sangre, todos conocen los secretos y debilidades de sus semejantes. Una comunidad en un lugar muy concreto y en una época histórica de mucho interés, concretamente en España, por su contexto político y social. De hecho, el propio Blasco Ibáñez fue diputado republicano.

Para quien quiera conocer algo más visualmente esta historia, puede echar un vistazo a la serie de TVE, símbolo de la transición, pinchando aquí.

 

La Guerra de los Mundos (George H. Wells)

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La Guerra de los Mundos (George H. Wells)

Pedazo de novela de ciencia ficción alienígena donde las haya. A mí personalmente me gustó el libro (pongamos en un ránking de 1 a 10, un 7). Ya sabía ciertamente algo sobre esta historia; y es que es fácil conocer algunos datos relativos a ella porque se han hecho algunas películas basadas en la novela de G. H. Wells: la primera, en 1.953, una segunda, en 2.005 (¡nada menos que dirigida por Spielberg!), y hasta un videojuego.

Como digo, a mí me gustó aunque reconozco que no hay nada especial en esta historia si la lees en el siglo XXI, como fue mi caso. Pero tenía curiosidad por conocer el porqué de que haya sido inspiración para tanta representación artística; y sobre todo quería saber qué tiene de especial para haber sido recreada en una retransmisión radiofónica en 1.938 por el mismísimo y entonces joven Orson Welles, y  haber hecho creer a una aterrorizada población que era invadida por los extraterrestres. Y esto es rigurosamente real. La historia de esta adaptación en la radio del señor Welles es sobradamente conocida y de hecho, cuenta con peli propia, así que no voy a extenderme mucho más. Pero no me digáis que no es increíble que la gente avasallara los supermercados, se colapsaran las carreteras y, en fin, se llegara al caos absoluto.

Claro, esto de invasiones extraterrestres hoy en día no suena a nada nuevo. Pero pensad lo que ocurrió no hace tanto, cuando los hogares del país más desarrollado del mundo por entonces (EE.UU.) no tenían televisor ni ordenadores, y lo que decía la radio era la absoluta realidad.

Todo esto tiene, en mi opinión, una sencilla explicación: el contexto histórico. Veamos, la novela de G.H. Wells se publicó nada menos que en 1898, es decir, S. XIX. Imaginad lo que supuso por aquel entonces un argumento tan poco trillado como esta original invasión, incluidos rayos destructores y máquinas horripilantes y mortíferas. Era una época de pleno desarrollo de la ciencia (teorías psicoanalíticas de Freud o las evolucionistas de Darwin), además de que por entonces existía entre cierta parte de la población un gusto importante por la parapsicología, las ciencias ocultas o la Historia Antigüa (que desembocó por entonces en descubrimientos como las ruinas de Troya, del Palacio de Knossos , por ejemplo, o incluso de la tumba de Tutankamón algunos años más tarde).

Aunque lo cierto es que lo mejor de la novela es, sin duda, cómo se inicia la invasión en cuestión. Porque origen resulta estar a miles de años de distancia del desarrollo de la acción, es decir, cuando el planeta ni siquiera estaba habitado. No me digáis que no es ciertamente original. Por lo demás la historia tiene un protagonista que no da ni frío ni calor, aunque el pobre las pasa canutas y acaba siendo un completo héroe “de novela”.

Conclusión: no debe leerse a palo seco; es mejor transportarse a 1.900 para disfrutar de una auténtica aventura.

Orson Welles en plena "retransmisión" de la invasión de extraterrestres

Fortunata y Jacinta (Benito P. Galdós)

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Fortunata y Jacinta (Benito P. Galdós)

¡¡Empezamos con los clásicos!! Ya sé que para muchísimos lectores casi todas estas obras pueden ser un pestiño, sin embargo yo soy de las que he disfrutado y espero seguirlo haciendo, con obras como ésta. Recomiendo especialmente su lectura a todos aquellos que quieran revivir lo que fué el Madrid del S.XIX, cuando la Castellana era prácticamente campo y los que tenían posibles se hacían por la zona sus “casitas de fin de semana” (estos son muchos de los palacetes que hoy todavía nos quedan, por ejemplo el del mismísimo Marqués de Salamanca, que actualmente es la sede del BBVA). De hecho, éste es uno de los temas curiosos que se mencionan en el libro.

Lo mejor, para mí, de Fortunata y Jacinta, es lo perfectamente bien que queda retratada lo que fue la sociedad del Romanticismo en Madrid, con sus detalles más curiosos y abarcando todas las clases sociales.

En este sentido encuentro cierto paralelismo con  Balzac (grandísimo escritor francés destacado por el reflejo social que transmite en sus novelas ).
Con los detalles me refiero a las descripciones de los mercadillos, las corralas de vecinos, las tertulias en los cafés, la relación Iglesia-sociedad, cómo era
el interior de las viviendas, qué era lo que se comía, cómo eran los nacimientos o los entierros.


Personalmente me apasiona esta época precisamente en esta ciudad. Y aunque no he llegado a ver la serie que se emitió por TVE, leyendo esta obra he llegado a hacerme una idea bastante real de este batiburrillo de personajes y situaciones que rodean las vidas de aquellas dos mujeres. Me llamaron especialmente la antención las vidas de Juanito, el principal nexo entre Fortunata y Jacinta: un señorito bien que no tiene necesidad de trabajar y ¡ojo! mantenido por sus padres a mucha honra de estos, como venía siendo habitual en este tipo de familias adineradas. Hoy por hoy, aunque sea por guardar las apariencias, hasta los hijos de Julio Iglesias hacen como que trabajan… Y qué decir de Mauricia la Dura, una pobre mujer pobre, madre soltera, irresposable y desequilibrada, que no tiene ni quiere tener dónde caerse muerta, pero que inspira una lástima de lo más humana. Un personaje ciertamente sórdido…

Pérez Galdos leyendo en el salón del doctor Tolosa Latour, en Madrid, en 1897

Pérez Galdós leyendo en el salón del doctor Tolosa Latour, en Madrid, en 1897

Galdós escribió un gran número de obras en su vida. Es destacable su gusto por la narración histórica, pero centrándonos en la novela, creo que en el caso de Fortunata y Jacinta su enorme valor reside en el perfil psicológico tan minucioso que llega a hacer de los personajes (¡y son muchos!), en detrimento de la fluidez de la historia, que hacia la segunda mitad puede hacerse algo monótona.

Sin embargo seguro que volveré a leerla algún día, para pasear por algunos de los sitios que cita el autor y poder decir, ¡pero si siguen ahí! Eso es lo maravilloso de las ciudades: que igual que las personas, todas tienen una historia. Y ambas están irremediablemente ligadas las unas a las de las otras.