Archivo de la categoría: Clásicos

La casa de Bernarda Alba (Federico Garcia Lorca)

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La casa de Bernarda Alba (Federico Garcia Lorca)

Me dispongo a comentar uno de los títulos más representados de la historia del teatro. Una creación de Lorca, uno de los autores más relevantes, admirados y también más idolatrados (para algunos como un dios de las letras, para otros como un falso ídolo-demonio rojo. Y léase rojo en su más amplio sentido). Aquí vamos a hablar exclusivamente de su obra. Y creedme cuando os digo que es una de las mejores obras de teatro que hayan pasado por mis manos.

Lo primero para adentrarse en el mundo de Lorca, (y de muchos otros autores, qué duda cabe), es conocer su entorno. Su infancia, su tierra, el folklore – lo sé, la palabra es casposa, pero aquí es obligada – andaluz de finales del XIX y principios del XX, todo ese mundo rural, del campo, de huertas, de los pueblos, de las mujeres, el mercado, los vecinos, la honra, los secretos; todo eso es algo que iremos percibiendo poco a poco según avancemos, acto tras acto, hasta llegar a convertirnos en una de las hermanas Alba más. Ese asfixiante “por el qué dirán” acaba atrapándote. El fin justifica los medios. La tradición y la represión. Y se lleva por delante las vidas de las hermanas protagonistas en “La casa de Bernarda Alba”.Casa de Bernarda Alba. Comunidad Lectora

La historia tiene su miga, auque pienso que es mejor no desvelar ningún detalle, porque leyendo teatro, las páginas vuelan. Siempre he dicho que se trata de un estilo de muy fácil asimilación, precisamente porque se describen los escenarios, apariencias, iluminación… la imaginación trabaja algo menos, sin embargo la trama y los diálogos nos arrastran muy rápidamente. Esta obra tiene cientos de interpretaciones en sus variadas representaciones teatrales, desde versiones flamencas hasta zombies.

La casa de Bernarda Alba. Comunidad LectoraLa historia de La casa de Bernarda Alba tiene su origen en una familia real, un matriarcado en toda regla donde las hijas solteras son poco menos que secuestradas en su propia casa por su madre, doña Bernarda. Parece que Lorca, en su infancia, conoció a estas mujeres en el pueblo donde sus padres tenían una pequeña finca. Sus casas se encontraban parejas y él veía pasar por la calle, siempre de luto y sin hablar jamás con nadie. Y parece ser que espiaba algunas conversaciones a través de un pozo hueco del patio. Aquella reclusión tan extrema le impactó. Y no sólo le sucedió con esta historia. Parece que “Bodas de Sangre” también tiene su origen en una historia real, conocida por el autor. Me pirran estas historias y también la recomiendo fervientemente.

La casa de Bernarda Alba. Comunidad LectoraPero es “La casa de Bernarda Alba” la que nos ocupa. Fue la última obra escrita por Lorca. Ni que decir tiene que no pudo representarse en España hasta muchos años después de su muerte. De hecho, la primera representación se dió en Buenos Aires en 1.945. Los personajes no son muchos, pero están metódicamente definidos. De esta manera llegamos a entender de qué manera y por qué llegan los enfrentamientos. Efectivamente, ya habéis deducido que se trata de un auténtico drama con aires andaluces.

Como digo, hay numerosísimas versiones. Personalmente, he tenido la oportunidad de ver aquella serie de RTVE y que me pareció sencillamente maravillosa. Dejo aquí el enlace para vuestro disfrute.

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Cien años de soledad (Gabriel García Márquez)

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Cien años de soledad (Gabriel García Márquez)

Nos vamos a atrever con una de las novelas más leídas, y consecuentemente, también más comentadas de la historia de la literatura: “Cien años de soledad”. No es fácil enfrentarse con un clásico cuando a la vez es de creación tan relaticamente reciente. Muchos de nosotros hemos leído la obra o al menos, sabemos de muchos conocidos que la han leído, hemos oido o tenemos nuestras propias impresiones y comentarios. También nos enfrentaremos a hablar un poco del realismo mágico, ese estilo tan particular de los países latinoamericanos que nos ha fascinado, y del que “Cien años de soledad” viene siendo un estandarte.

De esta obra, como digo, se ha dicho de todo. Vamos a intentar que este post recuerde lo más emblemático de la novela, intentando introducir alguna cosa nueva. A mí, particularmente, me sedujo desde el principio. No había leído nada de García Márquez hasta esa fecha. La historia de Macondo, la humildísima aldea nacida en medio de la nada, espejo de todas las ciudades del mundo porque, en realidad ¿qué ciudad nace siendo una gran metrópoli? Se ha hablado largo y tendido sobre si Macondo era o no un lugar real. Su autor siempre afirmó que no existía, pero parece ser que pudo inspirarse en un pueblo auténtico cercano a la selva colombiana: Aracataca, localidad natal de Márquez.

Macondo es una metáfora; del mundo occidental, del paso de la vida rural a la industrial, de la historia y evolución del mundo, en una palabra (me he prometido no ponerme muy petarda). De cómo algo pequeño se convierte en algo tan grande que acaba por resultar incontrolable. El progreso puede ser un espejismo de algo mejor. Vivir el crecimiento de Macondo a través de las sucesivas generaciones de los Buendía es, para mí, lo mejor de “Cien años de soledad”.

Por otro lado, podemos encontrar parelelismos con la historia real de Colombia, situándonos entre el S.XIX y XX, una época de movilizaciones, guerras e inestabilidades políticas.

La familia Buendía, hilo conductor de la novela y eje a través del cual seguiremos la evolución de Macondo, es la que nos permite atribuir carne, sentimientos, nombres y caras a las historias. Porque hablamos de generaciones de Buendías, encontrándonos en cada una de ellas a personajes con caracteres propios. En ocasiones,  con rasgos heredados de aquellos parientes que los precedieron y con los que suelen compartir nombre. Esto puede acabar resultando bastante complicado de seguir en ocasiones, por lo que no es extraño que en muchas ediciones de “Cien años de soledad” se incluya un árbol genealógico de esta familia.

Los Buendía de Cien Años de Soledad. Comunidad Lectora¿Qué decir sobre el realismo mágico? En pocas palabras, es la corriente literaria donde se da una interpretación de la realidad en la que se mezcla lo verdadero con lo imaginario, marcado por ciertos toques sobrenaturales. García Márquez fue un gran ejemplo de esta corriente literaria, entre otros. Podríamos citar también a Isabel Allende, Laura Esquivel o Juan Rulfo. Márquez atribuía a su abuela materna muchas de las historias extraordinarias que le habían contado, y que él utilizaba como inspiración en algunas de sus obras.

En general, “Cien años de soledad” es una novela que se lee relativamente bien, en especial la primera parte, donde Macondo es ese pueblecito pequeño que poco a poco vamos viendo crecer junto con la maraña de las vidas de sus habitantes. Es verdad, y lo oiréis comentar a muchos lectores, que la obra se pone más pesada a partir de su segunda mitad. El hecho de que los Buendía se multipliquen a lo largo del tiempo, y que muchos de sus nombres coincidan, hace que nos cueste seguir el hilo de la historia. Además, se dan situaciones cíclicas, que se repiten entre algunos de ellos a tarvés de los años. También es más tedioso cuando Macondo pierde aquel encanto humilde de sus inicios.

 

Un mundo feliz (Aldous Huxley)

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Un mundo feliz (Aldous Huxley)

Tenemos aquí uno de los grandes clásicos de la ciencia ficción literaria. Ya tenía yo ganas de meterle mano a “Un mundo feliz”, por aquello de que es una de las inspiraciones más recurrentes cuando se hacen evocaciones de lo que puede llegar a ser nuestro mundo en un futuro. No en vano ha sido y es un fortísimo influjo que ha ejercido un gran impacto artístico y cultural: desde pelis como “La isla” o “Matrix”, hasta canciones de rock donde se menciona a personajes o escenas de la novela.

Muy comparada con “1984”, de George Orwell, por los paralelismos en la temática de ciencia ficción futurista donde el Estado es quien controla todos los aspectos de nuestras existencias, ambas obras son objeto de estudio constante, tanto por las alusiones en las mismas a otras obras y autores (en el caso de “Un mundo feliz” las hay constantemente: a Shakespeare o Freud, por mencionar sólo dos de los más recurrentes), como por el impacto que las dos novelas han creado a su vez en otras obras, como hemos visto.

Esta pordría ser la imagen de un Londres futurista en “Un mundo feliz”. No parece haber sitio para los pubs 😦

En realidad, si queréis investigar un poco sobre “Un mundo feliz” encontraréis todo tipo de explicaciones y teorías acerca de las motivaciones e influencias (como la relativa al mito de la caverna de Platón, por ejemplo; tranquila afición: que este post no será tan profundo), que llevaron a Huxley a imaginar un mundo en el que los seres humanos no nacen, sino que son creados artificialmente en grandes factorías con sucedáneos de sangre y mil potingues repulsivos más. De hecho, en mi opinión, estos detalles son los que hacen grande a esta novela, que por lo demás me ha resultado un tanto decpecionante.

Paso a comentar lo mejor y lo peor, con el permiso de los admiradores del señor Huxley.

Fabricación de bebés en serie. Mujeres: olviden las estrías y varices.

El hecho de fabricar seres humanos en serie es tan contundente cuando nos es revelado en sus detalles, en la primera parte de la novela, que se trata de uno de los aspectos más llamativos y mencionados sobreUn mundo feliz”. Y no sólo se limita a fabricarnos físicamente, sino que se nos condiciona psíquicamente para una vida futura predeterminada. Aquí escrito queda como muy rimbombante, pero es terriblemente reveladora la idea de que para aquellos humanos pensar en “madres” sea obsceno. Así: obs-ce-no.

En general todo lo relacionado con la vida cotidiana, partiendo de nuestra fabricación a la carta, es definitivamente curioso y suele ser uno de los grandes ganchos de este género: la ciencia ficción, donde se pone a prueba la imaginación del autor (esté mejor o peor basado en conocimientos científicos). No olvidemos que “Un mundo feliz” fue publicado en 1.932. También la exposición del tiempo es algo que Huxley hace con destreza: el a.F. y d.F. (antes y después de Ford), por ejemplo.

Sin embargo no me ha satisfecho del todo la concepción de la reserva de los salvajes, aunque bien es cierto que puede hacerse un paralelismo entre ésta y el pasado: algo feo, sucio, en desuso. Pero esa mezcla raruna entre la cultura de los indios americanos y la actual cultura occidental no le ha quedado del todo bien. Y su icono y metáfora con nuestro presente por excelencia, John el Salvaje, tampoco creo que esté muy logrado (segundas lecturas e interpretaciones metafísicas aparte, of course).Tampoco me parece que Huxley haya tapado todos los huecos posibles que puedan darse en esas vidas predefinidas; por muy condicionados que estén los seres humanos, siempre, absolutamente siempre, hay lugar para la improvisación, las variables, lo imprevisto… en fin, situaciones como la homosexualidad, por ejemplo, no están contempladas. Aunque ciertamente, la solución del soma es todo un acierto para complementar esas opciones.

He llegado a pensar que no me importaría nada probar un poco de aquello. Curiosidad científica, exclusivamente…

El Conde de Montecristo (Alejandro Dumas, padre)

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El Conde de Montecristo (Alejandro Dumas, padre)

En mi opinión, éste es uno de los clásicos que todo el mundo debería – al menos- intentar leer una vez en la vida. Porque sorprende, primero, y seduce después. Con esto quiero decir que los clásicos en la Literatura, son una fuente inagotable de recursos para un lector que no busque siempre lo mismo. De hecho, a nivel de cultura general, es más que recomendable darle una vuelta a este tipo de novelas porque siempre que oigamos campanas al repecto, sabremos de qué se nos está hablando.

Vista actual del Castillo de If, donde Edmundo Dantés fue injustamente encarcelado, y de la que consiguió huir de una forma que hubiera envidiado el mismísimo James Bond”.

En el caso que nos ocupa, El conde de Montecristo, es un referente inevitable siempre que se menciona la venganza. Y no me digáis que ése no es un tema recurrente en cultura: cine, teatro, novela… Las pasiones humanas son siempre un caldo de cultivo de lo más fructífero porque son cosas que absolutamnete todos hemos sentido en la vida. Las personas somos “asín”.

No descarto que a alguien pueda parecerle un tostón, claro, ya sabemos que los gustos es algo en lo que es imposible ponerse de acuerdo (afortunadamente). Pero insisto en que si estáis dándole vueltas a la idea de tener en vuestras manos una obra de ésas absorvente e intrigante, de las que no podemos dejar de leer, exactamente igual que muchos de estos “más vendidos” que vemos consumir ávidamente a otros lectores en el metro, por ejemplo, y sentimos las ganas de zambullirnos en una historia de aventuras arrolladora, con amor, sospechas y suspense: ¡no lo dudéis!

De hecho está considerada una de las mejores obras del propio autor, Alejandro Dumas (padre) – el hijo es el autor de “La dama de las camelias”, su obra más conocida – . Para colmo de expectación sobre esta historia, os diré que por rocambolesca que parezca, está basada en la historia real del zapatero François Picaud a principios del S.XIX (¡apasionante siglo, Dios mío!), de la que Dumas tuvo noticias, incluída la fantástica fuga de la cárcel, el tesoro recuperado, y una venganza tramada al fuego lento de una década. Casi nada, amigos, casi nada… Desde luego, hay vidas como para escribir 10 nivelas de este calibre.

Ahora que ya os he revelado la parte central de la trama, os describiré más detalladamente que Edmundo Dantés, el paciente y concienzudo protagonista de la novela, resulta injustamente encarcelado justo antes de casarse con su amada Mercedes, debido a la trama urdida en su contra como bonapartista. Aquí comienzan una serie de sufrimientos y desventuras para el pobre Edmundo, que a través de los años y con muchísima suerte, llega a hacer de su capa un sayo y consigue salir de la cárcel fabulosamente rico, y con unas ganas de vengarse que no son de este mundo. Porque contando con una mente brillante, y recursos económicos, a Dantés ya no hay quien lo pare.

Por supuesto, aquí entran a escena numerosísimos personajes  (algunos realmente fascinantes) que toman mayor o menor partido, dependiendo de en qué grado participan del enrevesado plan de nuestro misterioso protagonista, que para llevar a cabo su venganza necesita, además, del uso de varias identidades falsas. Todo esto hace que la trama vaya cobrando una consistencia y una densidad que nos mantienen en constante expectación por saber cómo se irán desarrollando los acontecimientos.

El encuadre histórico de la detención del protagonista lo encontramos en los llamados Los Cien Días en los que abdicó Napoléon, se reinstauró la monarquía con Luis XVIII, Napoleón tomó nuevamente el poder, fue depuesto y exiliado, y oootra vez fue instaurada la monarquía en Francia. P’abernos matao.

Las influencias de Alejandro Dumas para con esta obra se consideran numerosas, parece que muchos autores consideran que “El conde de Montecristo” está inspirado en parte en “Las mil y una noches“, por nombrar una de ellas. Lo que sí es totalmente cierto es que esta obra ha sido a su vez inspiración para montones, cientos de otras novelas, cómics, versiones cinematográficas y televisivas, anime manga incluídas.  

Así que, además de lo que acabo de contar acerca de la atrayente seducción que esta historia de venganza y redención en clave de aventuras puede proporcionaros, está el incentivo de conocer una de las obras más versionadas y adaptadas de la Literatura universal.

Papá Goriot (Honoré de Balzac)

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Papá Goriot (Honoré de Balzac)

Hablamos de Balzac, amigos, nada menos que de Balzac. Apaguen sus móviles y contengan la respiración porque este post está dedicado a uno de los autores más gloriosos del S.XIX. En pleno romanticismo francés, el París más bohemio, pobre, chic, sucio, y aristocrático (pese a ser el heredero de la Revolución Francesa), conoció a uno de sus novelistas más determinantes y que mejor supo reflejar lo que fue aquella ciudad y sus habitantes durante buena parte de ese siglo. No olvidemos que por entonces, y pese a lo que se había vivido 50 años antes, Francia era una monarquía a punto de convertirse en un Imperio (con emperador y todo, bajito y con flequillo).

Aquella amalgama de personas de distinto corte social e ideología: algunas bien asentadas en sus títulos nobiliarios y rentas anuales (me encanta esta expresión tan “balzaquiana”: … disponía de unos 600.000 francos de renta), otras tantas con el resquemor bien vivo aún por lo que supuso decapitar a toda una familia real, cargarse al clero y a la mitad de los Estamentos, y alimentando un resentimiento envidioso y constante hacia esas clases altas que mantenían una forma de vida fatua y superficial, unida a las diferencias demográficas entre las poblaciones rurales y la gran metrópili europea por excelencia que era entonces París, – urbe del glamour en todas las épocas -, fueron factores que dieron pie a grandes contrastes entre los ciudadanos, propiciando así una sociedad francesa pintoresca y desigual. Precisamente es en este punto en el que destaca nuestro querido Honoré, en retratar a toda esta gente, sus inquietudes, sus perversiones, sus intereses, sus amores, sus tragedias. En este sentido, Balzac puede compararse con Galdós o Dickens en cuanto a describir a sus conciudadanos, vecinos, compañeros de viaje vital.

Balzac es uno de los autores representativos del realismo junto con Flaubert o Stendhal, ese movimiento ideológico que surge como oposición al romanticismo del XIX, en el que se idealizaba con grandilocuencia la belleza, la virtud, la ciencia y los más altos sentimientos, frente a la cotidianeidad y lo mundano de la vida más real, sin tanta ornamentación.

Puede que esta facilidad para describir el entramado social fuera debida a que el propio Balzac vivió entre ambos mundos y conocía bien el tipo de personajes que describía en sus novelas.

Fue un hombre realmente prolífico, y no sólo en cuanto a creación literaria se refiere, sino también a sus inquietudes como empresario. Se arruinó en numerosas ocasiones, volviendo a emprender después otros tantos negocios con ayuda y el apoyo económico de sus amistades. También conoció el éxito como escritor, aunque tardó en conseguirlo varios años. Fue entonces cuando su carrera literaria conoció su actividad más febril. Es conocida una anécdota suya en la que, durante el entierro de un conocido, se le acercó un caballero para decirle: “Señor Balzac, era el difunto su negro, ¿no es así? No tiene de qué preocuparse. Yo era el negro de su negro.” Ni que decir tiene que yo personalmente, no la creo. Pero efectivamente no habría sido ni el primero, ni el último.

El caso es que este grandísimo novelista nos ha dejado auténticas maravillas en forma de libros, y no solamente eso, sino también muchísimas frases célebres que hacen de él uno de los autores más citados.

En Papá Goriot nos regala precisamente eso que todos coinciden en que se le da tan bien: un retrato estupendo y completísimo de aquella sociedad francesa de principios del XIX a través del mundo que concibe en torno a un pequeño hostal regentado por Goriot, padre tierno y abnegado que renuncia a toda comodidad por el bienestar de sus hijas.

Os transcribo un breve párrafo (para quien haya leído el post hasta aquí y decida que quiere continuar aprendiendo):

“Si existen naturalezas tiernas, hay también naturalezas fuertes, cráneos de bronce, sobre los cuales tropiezan y caen las voluntades ajenas como las balas frente a una muralla. Hay también naturalezas blandas y algodonosas, donde las ideas de los otros mueren como las balas se amortiguan en la tierra blanda de las trincheras. Rastignac tenía una de esas cabezas de pólvora […]”

Después de todo lo dicho, es obvio que recomiendo su lectura a todos aquellos nostálgicos y amantes de siglos pasados, con el encanto que le suma el rodear las tramas inteligentes con coches de caballos, sombreros de copa, bailes en palacios aristocráticos, candelabros de plata y rues parisinas alumbradas por faroles con velas… Tened en cuenta, claro está, que el lenguaje es el que es, y eso también es un factor importante a la hora de situarnos en el tiempo. Lo digo para que nadie se sorprenda si lee algún “tiene usted crédito, monsieur”.

Sin embargo, y sin restar ni un ápice de relevancia a Papá Goriot, me permito además recomendar con verdadera devoción a la que es considerada la mejor obra de Balzac: Eugenia Grandet. Era nuestro amigo un autor de lo más prolífico, como hemos señalado ya, por lo que hay que tener en cuenta que no todas sus obras gozan de la misma profundidad, elegancia, y facilidad para ser leídas. Pero de Eugenia nos encargaremos en otro post propio, porque francamente, ella lo merece.

El amante de Lady Chatterley (D. H. Lawrence)

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El amante de Lady Chatterley (D. H. Lawrence)

La obra más conocida de Lawrence sin duda; y sin duda también se lo debe a la gran polémica que siguió a su publicación, allá por el año 1928. Y eso que se trataba de una edición limitada. El revuelo que provocó en Italia, que es donde se publicó en primer lugar, inmediatamente se convirtió en escándalo en los países anglosajones. Lo que provocó que no fuera publicada en Inglaterra hasta casi los años 60 (casi ná) en la edición completa. Antes había salido a la luz una versión censurada. Vamos: todo un hito en las polémicas del mundo de la Literatura.

El Nobel Octavio Paz se confesó admirador de este autor, si bien es cierto que lamentablemente su obra más conocida no es, según el propio Paz, su mejor novela.

El argumento nos habla de Constance Chatterlay, una mujer joven y bella que se casa con sir Clifford. Pero él cae herido durante la I Guerra Mundial y se ve condenado a vivir en una silla de ruedas. Ella comienza entonces un tórrido romance con el guardabosques de su marido, un rudo y asalvajado señor Mellors que le enseña el amor físico más deshinibido. Vamos, lo que viene siendo una historia de aquellas entre personas antagónicamente opuestas, por carácter y posición social. Ese argumento que tanto han exprimido telenovelas y películas románticas desde siempre.

Pero ojo: hablamos de 1.928 y esto no es exactamente una historia de amor. Se trata más bien de una relación meramente sexual, que hace que Constance pierda todo el recato que se espera en una mujer de principios de siglo S.XX, de su posición y además casada.

Lo cierto es que, a pesar de la polémica, no he llegado a entender el motivo por el que las mujeres del siglo pasado leían “El amante de Lady Chatterley” a escondidas, a pesar de que en ciertos pasajes hay algún detalle más o menos escabroso. Aunque ninguno que pueda sonrojar a ningún lector del siglo XXI. Quizá sea, como dicen algunos entendidos, porque lo más escandaloso fuera precisamente que nuestra protagonista pierda la cabeza por un proletario: «Si supiese que el guardabosque se había acostado con ella y le hablaba con aquel acento plebeyo, (…) la detestaría»

Tampoco he conseguido entender muy bien a los personajes principales de esta novela. No ví el amor que se supone que une a estos amantes y el final me decepcionó. Sinceramente creo que ha ido perdiendo ese valor que en su día le otorgó el morbo de leer escenas subidas de tono, y el argumento termina por resultar repetitivo e insustancial.

Una pena que Lawrence no viviera para comprobar que se vendieron nada menos que 1 millón de ejemplares en la primera semana que se autorizó su publicación.

Hay película (varias), y por supuesto no pasan por alto el reclamo a las escenas sexuales, como casi todas las portadas de esta novela.



Drácula (Bram Stocker)

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Drácula (Bram Stocker)

Otro clasicazo, en este caso, de terror. Escrito en 1.897, en pleno romanticismo literario, con todo lo que ello implica: la fascinación por lo exótico y lo sobrenatural. De toda la vida hemos escuchado historias sobre vampiros. Pero en mi caso hasta que no llegué a la época adolescente no descubrí que había un libro, Drácula, y también un personaje histórico, el conde Vlad Dracul, y que ambas historias se habían fusionado en la leyenda de los vampiros que yo, y casi toda la gente de mi generación, conocíamos casi exclusivamente por las películas que veíamos en los 80, cuando solamente había 2 cadenas (la 1 y la UHF, para los olvidadizos). Me refiero a esos tipos que te mordían la yugular, repelían el ajo, y con quienes se podía acabar únicamente clavándoles un crucifijo en medio del corazón. En fin, que si lo piensas puede dar miedo, sí (a mí me lo daba, qué narices), pero romántico, lo que se dice romántico, se puso después.

En los 90 los vampiros retomaron cierta relevancia para la gente de mi edad con las Crónicas Vampíricas de Anne Rice, empezando por Entrevista con el Vampiro, y sobretodo con la peli que siguió el rastro de aquel éxito literario. Aquí sí podemos decir que los vampiros supieron rodearse de cierta aureola de glamour, pasando a ser un poco divos, héroes románticos del mal, de aparecer en las carpetas forradas de quinceañeras de la época (ojo: en la mía no).

Después., también en los 90 y puede que a rebufo de todo lo anterior, Coppola llevó al cine la novela que nos ocupa el comentario de hoy: el Drácula original de Stocker.

La película es increíble, concentra todo lo que puede conocerse de este personaje a través del libro y sobre todo, pasa olímpicamente de antiguos clichés sobre vampiros de los que os hablaba al principio de este post. Se centra en la historia de Drácula, como digo inspirada en la del Conde rumano Vlad Dracul (uno que de verdad sí que daba miedo y del bueno), y sobre todo de la historia de amor con su eterna prometida: Mina. En ésta la historia que Sotcker narra en su novela, amor a través de los tiempos con un velo de terror sobrenatural que tanto gusta a los góticos. En realidad no se trata de una novela que dé tanto miedo que no te deje dormir por las noches; recordemos que está escrita a finales del XIX y toda la trama rodea una historia de amor atenporal, por lo que los ramalazos románticos de la novela y por tanto del libro, están por doquier. Famosa donde las haya es la frase del Conde cuando “recupera” a su amada varios siglos después de su “muerte”: “he cruzado océanos de tiempo para encontrarte“.

Coppola dió en el blanco, en mi opinión, sobre todo con dos aspectos de su película:

1) sigue fielmente la narración a través de los diarios de los principales personajes

2) la recreación del Conde Drácula avenjentado

 

 

 

Stocker aúna en su obra las tradiciones orales y leyendas medievales de Centroeuropa donde se habla de los muertos vivientes, aquellas personas que necesitan beber sangre para poder así vivir eternamente, con la romántica “telenovela” del Conde y su prometida a través de los tiempos. Al hilo de estas referencias no quiero olvidarme del mítico Nosferatu, una peli muda de 1922, donde el argumento viene a ser el mismo de siempre, pero ese vampiro: ¡¡qué miedo da!!