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El Diario de Bridget Jones (Helen Fielding)

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El Diario de Bridget Jones (Helen Fielding)

¡Mi queridísima Bridget! Qué hubiera sido del mundo de no haberse publicado esta novela, de no haberse hecho público el curioso y estresante mundo de las mujeres solteras occidentales en el que todas somos un poco (y algunas, como servidora un muchísimo), Bridget.

Momento braga-faja de Bridget. No me digáis que el tema “lencería femenina” no os ha puesto nunca en un apuro.

Sí, amigas, porque Bridget Jones es todas nostras;  un reflejo, querámoslo o no, de muchas de nuestras angustias vitales, inseguridades y estrategias de supervivencia femenina. Temas tabú que tienen su visión más jocosa e hilarante como la depilación, los platos de cocina “creativa” que no salen como tienen que salir, las dietas o la imagen que todas tenemos de una misma y que con todas nuestras fuerzas queremos modificar, son cosas que con Bridget parecen menos vergonzosas. Y mucho más graciosas que cuando te pasan a ti, en el humilde anonimato de tu casa, ¡dónde va a parar!

Éste es el libro ideal para esas temporadas en las que los sesos te piden un bajo rendimiento y sin embargo queremos pasar un buen rato leyendo. El Diario de Bridget Jones se trata de una novela francamente ligera y entretenida. Narrada en primera persona y con formato de diario (¡obvio!), donde en cada capítulo esta mujer y su caótico entorno pueden llegar a sorprenderte un poco más que en el anterior. Por eso recomiendo esta lectura tanto a hombres como a mujeres. Aunque no me puedo resistir a citar lo que aparece en la portada de la edición que conservo en casa, y es: “Para todas aquellas que hayan sido engañadas, plantadas o sobadas”. ¿Quién puede decir que no ha sido alguna de estas cosas alguna vez  ;)).

Alisado asiático antes de las planchas eléctricas de iones… ¡Madre, qué recuerdos!

La autora de esta novela, Helen Fielding, obtuvo un gigantesco éxito escribiendo las andanzas de Bridget Jones en la columna de un periódico hasta que se decidió a publicar estas “perlas” en una novela. Que, por cierto, y a rebufo del exitazo de aquélla, continuó con Bridget Jones, sobreviviviré. Bastante aceptable, aunque más de lo mismo. Por supuesto, éstas no son sus únicas obras, puesto que hasta la fecha ha publicado varias más. Aunque ninguna con la repercusión de la que nos ocupa. Gran parte de esta repercusión vino dada –amén de la cantidad de ejemplares vendidos del libro – por la película que protagonizó Renée Zellweger, junto con Hugh Grant y el adorable Colin Firth.

Si habéis tenido la oportunidad de ver esta película (para la que Zellweger engordó unos 30 kilos), quizá compartiréis conmigo la opinión de que Bridget tenía que haberse quedado con Mark Darcy (=Firth) desde un principio. Los malotes que prometen, prometen… ejem. enganchan cuando tienes 18 años. Pero yo no me lo había pensado ni 2 minutos, aunque fuera el sosainas de los dos.

Que quereis que os diga... Para un rato, vale. Pero toda la vida, ¡uf!

Para quienes crean que la peli es un filme empalagoso, pastelero y dirigido principalmente a mujeres, les diré que no sólo es entretenida, bien planteada, interpretada y graciosísima,  sino que además en su día recibió numerosos galardones y nominaciones a Premios tan prestigiosos como los Bafta, Globos de Oro, Goya e incluso Zellweger fue nominada a un Oscar como mejor actriz.

Zellweger-bridget-jones. Comunidad Lectora

Ya quisieran algunas quedarse en el termino medio, ¿no?
¿Y que habrá sido de las domingas de Bridget?

En fin, que no sólo recomiendo fervientemente la lectura de esta genial comedia literaria, sino también la visión de la película, que no le hace ningún feo a la obra original. Y como muestra, este botón, para que os riáis un poco.

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Pasos sin huellas (F. Bermúdez de Castro)

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Pasos sin huellas (F. Bermúdez de Castro)

Tengo debilidad por esta novela. La he leído como cuatro veces, y lo que te rondaré morena. Porque es una historia absolutamente genial, que se disfruta cada vez que se lee, sea cual sea la página desde la que retomemos la lectura. En resumen: absolutamente recomendable. Sobre todo porque se trata de una obra con un estilo personalísimo que mezcla humor y drama con un sentido tal, que consigue hilvanar sucesivamente y con una viva naturalidad los sucesos que van componiendo esta historia, alternando una cosa con la otra (sonrisas y alguna lágrima) sin que perdamos el humor, y sobre todo, lleguemos a desear haber conocido alguna vez al Señor Cánel.

La verdad es que Pasos sin Huellas tiene ese toque, que evita toda aparatosidad de las grandes tragedias (aunque alguna hay).

Su protagonista, como decía, es Martín Cánel, todo un señorito español que acude a las prestigiosas instituciones británicas para labrarse un prometedor futuro. Es un estudiante de Económicas que llega con su divertido y sarcástico sentido de la vida a Londres, acompañado únicamente de su buen amigo, Antonio Ordovás. Como vemos según va desarrollándose la historia, ambos no tienen absolutamente nada en común y terminan alejándose de forma inevitable. Paralelamente, nuestro buen Martín comienza a relacionarse de una manera trepidante con montones de personajes, cada cual más redondo y mejor configurado por el autor, con personalidades francamente arrolladoras e historias conmovedoras a su alrededor. Y todo este montón de personajes bailando al son del gigantesco cinismo de nuestro querido Cánel. Hasta que en este escenario irrumpe (¡y de qué manera!) alguien a quien yo he amado en silencio todos estos años: la señorita Huguette de Guenard. Francesa y pija, para más señas. Si alguien espera una historia de amor al uso, está pero que muy equivocado. Francamente: tenéis que leerlo.

Con esta obra, F. Bermúdez de Castro ganó el Premio Plantea en 1.958. Cuando pienso en esta historia y en sus personajes, me parece increíble que todo esto fuera concebido en los años 50. Se parece demasiado a nuestros días. De hecho, parece ser que Bermúdez de Castro tomó algunas de las anécdotas de sus propias vivencias personales. Y cuando veo su retrato en la contraportada del libro… ¡uf! cuesta creerlo. Parece de todo menos un tío divertido.

Lo que no sé es por qué este señor, con ese don para las narraciones que Dios le dió, no escribió nada más que Pasos sin Huellas. ¡Si hasta ganó el Planeta! ¿De cuántas pesetillas sería la dotación por aquel entonces?

El curioso incidente del perro a medianoche (Mark Haddon)

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El curioso incidente del perro a medianoche (Mark Haddon)

Buscando este libro en cualquier clubr de lectores on line veréis que a casi todo el mundo le ha encantado. De hecho, es una pequeña novela de lectura fácil y amena, con un trasfondo humano y muy tierno. La conclusión es que se puede perfectamente recomendar o, si se prefiere, dado las fechas en que estamos, regalar. Sin embargo y a pesar de todo eso, a mí no me llegó tan profundo. Es verdad que cuanto menos se sepa de su argumento, mejor para los futuros lectores. Por consiguiente, me veo obligada a no dar muchos datos de cómo es su inquietante protagonista, aunque lo más destacado sobre este adolescente llamado Christopher es que posee una visión del mundo totalmente personal y distorsionada, lo que le lleva a vivir la vida acorde a unas contínuas rutinas y hábitos.

Lo que sí podemos afirmar es que se trata de una novela que no se parece a ninguna otra. Esto se debe a que está narrada en primera persona, y como comentábamos antes, Christopher tiene una visión muy particular del mundo que le rodea.

A pesar de este valor, – que es lo más obvio en esta novela -, “escarbando” en ella un poco más, una cosa que me ha llamado gratamente la atención es que el gran misterio se resuelve hacia la mitad. Sin embargo, la trama no pierde un ápice de su interés porque este misterio revela otro aún mayor y de gran importancia en la vida de los personajes. Reconozco que en este sentido, la trama tiene su puntito.

No obstante, mi opinión no es excesivamente entusiasta sobre El curioso caso… Me explico. A pesar de que aplaudo la forma en que Haddon consigue que entendamos ciertas enfermedades (repito: desde la primera persona) y, sobre todo que dota a las mismas de un nombre, apellidos, edad y circunstancias vitales, haciendo que viviamos esta historia de forma muy sentida, creo que en ocasiones lo que consigue también es que todo aquello que pretende transmitirnos nos haga sentir incómodos y no logremos entender del todo lo que se nos está explicando. Al final, acabas entrando en un bucle de incomprensión y/o sorpresa que te hace ir tomando distancia de ese prisma de humanidad desde el que “quieren” que miremos. Y según vas pasando las páginas, vas alucinando con ciertas situaciones hasta llegar a pensar (me ha pasado) que se trataba de un libro infantil. Vamos, que puede ser que no acabes por encontrarle ni pies ni cabeza. Pero es un riesgo que puedes correr, visto el éxito que viene cosechando El curioso incidente.

A pesa de lo dicho, hay que comentar también que esta obra ha contado siempre con la total aprobación de los lectores, además de galardones como el Premio Whitbread y el Premio de la Commonwealth al Mejor Primer Libro.

Quién fuera Dios (Tibor Fischer)

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Quién fuera Dios (Tibor Fischer)

¡Madre mía! Acabo de descubrir un nuevo escritor fetiche. En realidad es la primera, y hasta ahora única novela suya que he leído. Pero me atrevo a recomendarla ávidamente a todos aquellos que quieran pasar un buen rato con una lectura sencilla, pero de gran calidad estilística. Los recursos de Fischer a la hora de describir lugares, personas, y especialmente situaciones, está llevada en este caso a un nivel espectacular, por lo que tienen de descriptivas sin llegar a ser pesadas. Pero lo mejor de esta novela es el tono acidisísisismo que tiene de principio a fin.

La historia es la del protagonista, Tyndale Corbett, un señor amargado de la vida que decide, en un giro estrambótico y definitivo, darle nuevos aires a su amargada existencia de cuarentón separado y aburrido de sí mismo. Esto, que puede parecer un inicio poco prometedor, se convierte en una serie de excéntricas situaciones de las que ni el propio Tyndale da crédito. Verdaderamente, Fischer consigue hacernos reír de verdad solamente imaginando cómo podrán ser esos personajes que se cruzan en el caminio de este protagonista, desde el mismo momento que aterriza en Miami (escenario de las aventuras de este pobre hombre).

Sólo como ejemplo de alguna de estas disparatadas escenas, os haré partícipes de las curiosas reflexiones que llega a hacer Tyndale sobre la gente con la que se va cruzando. Sobre “el Lama Lodo”, una especie de predicador de tres al cuarto al que acude a ver en plena conferencia, cito:

“-Acérquense más – dice el Lama-. Según una antigua creencia tibetana sentarse en primera fila es magnífico para el karma.

– Ni presentándose con una banda de rock, hielo seco y rayos láser podría el lama ser más mediático.”

O cuando alaba la vida que se llevaba hace años:

“Antiguamente entendían mejor la vida. Recuerdo a mi abuela decir: << Me pasé años deseándole la muerte a tu abuelo, pero ahora andamos mal de dinero>>.”

Y, una auténtica perla, cuando describe la historia deNelson, su antiguo amigo del colegio, un mentiroso compulsivo que pierde la cámara de fotos de su padre en el tren:

“[Nelson] era consciente de que, en comparación con la mayoría de sus anteriores patrañas, la frase << Me la dejé en el tren>> poseía una franqueza gloriosamente sencilla y convincente. Comparadla con su mítica <<Papá, te digo que fue un puma quien te pisoteó los narcisos>>, por la que […] consiguió incluso que publicaran su careto en el periódico local junto a la noticia “PUMA URBANO””.

Y a todo esto, ejerciendo como voluntario para la Iglesia del Cristo Fuertemente Armado (¡¡¡!!!).

Aunque, para quien quiera rumiar un poco las profundidades de esta historia, también tenemos citas pero que muy sólidas:

“- Una limosnita para droga, por favor, sufro de sobredosis de realidad – mendiga el barbudo […]” o “- Todos tenemos un límite – dice el hierofante-, pero todos nos equivocamos creyendo saber dónde está.”

En fin, que en mi humilde opinión de aquí sale una novela redonda con todos los ingredientes para que, al terminarla, acabes viendo la realidad de otra forma… más a lo “Tyndale style” 😉