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Las brujas de Salem (Arthur Miller)

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Las brujas de Salem (Arthur Miller)

Con “Las brujas de Salem” innauguramos nuestra sección de teatro. El teatro es una forma literaria que considero infravalorada por el gran público en favor de la novela, cuando lo cierto es que el primero nos permite una lectura tremendamente fácil. El autor contribuye más a la hora de dibujarnos el marco imaginario donde se desenvuelven los personajes y desarrollan las tramas. Es cierto que en la novela se establece de igual manera una descripción de los personajes y sus relaciones (aspectos fícicos y psíquicos). Pero bien es verdad que con el teatro, además, podemos experimentar cómo nuestra imaginación vuela al lado de la del propio autor, puesto que no sólo nos plantea la historia, sino que va más allá con la descripción detallada de escenas, decorados, iluminación… En fin, lectores vagos del mundo: el teatro es vuestra respuesta.

Lo cierto es que se trata de una obra (repito lo de sieeeempre: en mi humilde opinión) más bien tirando a facilona. No lo digo Juicio-a-las-brujas-de-Salem. Comunidad Lectoradespectivamente, más bien quiero referirme a que puede leerse en dos días sin despeinarse, sin que nos resulte apagada, lenta o aburrida. Tiene una trama realmente atractiva, y es que para quien no lo sepa, el juicio de las brujas de Salem fue un hecho real, ocurrido en Salem (Masachussets) en el S.XVII, en una comunidad cristiana de un fanatismo extravagante incluso para entonces, (comparadlo con los fiestones de Versalles, misma época), donde el mero hecho de bailar era pecaminoso.

Y hete aquí que un grupo de jóvenes es sorprendido en plena danza campestre, siendo ésta la disculpa para que se liara la de Dios es Cristo – comentario aquí muy bien traído – cuando acaban por ser consideradas brujas, acabando por delatar a otras tantas supuestas compañeras de aquelarre. Y ancha es Castilla. La sospecha, los abusos, las enemistades, los mandamientos, el chantaje, la mentira y el miedo tienen en “Las Brujas de Salem” un caldo de cultivo que pudiera ser muy fiel a los hechos reales. No en vano Miller se documentó para acometer su obra. Éxito rotundo en teatros de la época, por otra parte.

Love is in the air. También los intelectuales con gafas se enamoran.

Ahora bien, se espera una de semejante genio de la Literatura, premio Príncipe de Asturias de las Letras, ganador en dos ocasiones del premio Pulitzer, considerado uno de los mejores dramaturgos del S.XX., algo un poco más… complejo. No es que la obra no me haya gustado, todo lo contrario. La recomiendo fervientemente, pero bien es cierto que uno espera algo más. Quizá sea el valor que se tuvo la obra como arma arrojadiza contra la política del presidente norteamericano McCarthy y su personal “caza de brujas” contra el comunismo, lo que le quita un poco del aire místico y oscuro de la época.

“Las Brujas de Salem” tiene innumerables versiones, por supuesto en teatro, además de series de TV y películas. No las he visto todas, Dios me libre, pero sí puedo deciros que sin duda, sin duda alguna, mi John Proctor es Daniel Day-Lewis de aquí a Masachussets.

John Proctor-Lewis. Comunidad Lectora

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Suite francesa (Irène Némirovsky)

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Suite francesa (Irène Némirovsky)

Hay pocas novelas inclonclusas que hayan dado tanto juego y tan bien consideradas en el mundo literario como “Suite Francesa”, de Irène Némirovsky. Y es que además de su innegable calidad estilística, de la que hablaremos en este post, creo que es francamente impactante la historia personal de su autora, así como el motivo por qué esta novela quedó a medio terminar.

Una joven (y forrada) Irène Némirovsky

Siempre he querido encontrar en las obras que más me han impactado un resquicio de justificación a esa profunda huella en la trayectoria vital de su autor. Como comprobaréis si echáis un vistazo al blog, veréis que en los casos de las obras más recomendadas hago un apunte acerca de las vidas privadas de sus creadores. En el caso de Némirovsky comprobaréis que su vida en general, y las circunstancias que rodearon la creación de “Suite Francesa”  en particular, no son moco de pavo.

Irène fue fruto del absurdo matrimonio entre un multimillonario ruso de origen judío y una bella mujer (¿a que os suena la historia?), la cual consintió en darle un vástago a su marido por puro capricho. Esta madre jamás sintió interés por su hija, a la que obligaba a llamarle por su nombre de pila – nunca “mamá” -, y que hacía pasar a su hija las vacaciones familiares en un recinto aparte junto con su institutriz. La escritora creció en medio de semejante soledad centrada en su voraz interés por las letras y la literatura. Hablaba ruso, polaco, inglés, ¡¡vasco!!, finés y yiddish. Con motivo de la Revolución Rusa de 1.918, la familia se vió obligada al exilio, finalizando su recorrido en París cuando Irène contaba 16 años.

Nemirovsky_hijas (1)Némirovsky concibió esta novela en su origen en cinco partes, cada una de las cuales narraría un retrato de la ocupación nazi en Francia durante la II Guerra Mundial. Pero lo único que podemos disfrutar de la misma son las dos primeras partes de su composición, ‘Tempestad en junio’ y ‘Dolce’.

No hace mucho he leído que esta obra es como un mensaje en una botella que alguien (Némirovsky) tiró al mar para dejar constancia de los hechos que entonces se estaban viviendo, y que otra persona (en este caso, su hija) consiguió rescatar para nosotros intacto. Me gusta esta concepción tan poética de esta historia tan dramáticamente terrorífica. Y es que el manuscrito quedó abandonado e inconcluso cuando su autora fue arrestada y posteriormente internada en el campo de Auschwit. Imaginad el final.

“Suite Francesa” narra las vivencias de diversas y diferentes personas durante la ocupación alemana en Francia. Precisamente esa diversidad es la que lleva esta novela a ser ese caleidoscopio de visiones de lo que por aquellos días estaba ocurriendo. Sentimientos y experiencias de todo tipo que llegan a lo más profundo y personal de sus protagonistas, y todo esto nos lo hace llegar Irène Némirovsky tan clara y directamente que nos parece ser un personaje más en la vorágine del éxodo, la resistencia, el colaboracionismo, el terror y hasta el amor.

Escupiré sobre vuestra tumba (Boris Vian)

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Escupiré sobre vuestra tumba (Boris Vian)

Boris Vian fue todo un personaje en vida (como suele ocurrir con muchos de los grandes escritores). Novelista y dramaturgo borisvian3(de los polémicos, además) francés que fue, además, poeta, músico de jazz, ingeniero y traductor. Podríamos decir además que sus maneras y actitudes hicieron de él uno de los enfant terrible de la literatura de su tiempo, siendo “Escupiré sobre vuestra tumba” un buen ejemplo de las polémicas temáticas que podía tratar en sus obras. De hecho, Vian ha sido y es uno de los más influyentes autores para otros artistas, aún a día de hoy, como Andy Chango o La Unión, que adaptaron a la canción su relato “Lobo hombre en París” (sí, sí, la idea original es de este señor).

Boris Vian de colegueo con Miles Davis.

La prosa de Boris Vian es realmente cruda, directa, dura, y desde luego en “Escupiré sobre vuestra tumba” nos ofrece una amplia galería de imágenes de excesos varios, con descripciones en verdad feroces y que pueden llegar incluso a herir sensibilidades (la mía entre ellas, lo digo ya).

La trama principal es la de Lee, un joven de raza afroamericana pero de apariencia predominantemente blanca, lo que le facilita relacionarse con otros jóvenes blancos cuando se muda a un pueblo después de un oscuro suceso acaecido con “el muchacho”. Bian nos va desvelando poco a poco cuáles son las auténticas causas que lo llevan a escapar allí, y cuáles son sus intenciones al relacionarse con estos jóvenes deshinibidos, despreocupados y ávidos de alcohol y sexo. Esta combinación de juventud, sexo y alcohol  es algo que le va estupendamente al personaje protagonista y que sobre todo crea un ambiente especial de vicio adolescente que nos sitúa en un marco de violencia y sexo, ideal para darle un aire sucio y auténtico al estilo de novela negra norteamericana que el autor quería representar. No por nada era admirador de la emergente cultura estaounidense.

El racismo de la época (años 40-50) es el hilo conductor de esta trágica historia, pero no es el único asunto espinoso que podemos encontrar en esta novela: las diferencias sociales o la pederastia son también materias que están presentes. Hago aquí un aviso para advertir de que, efectivamente, Bian no se anda con chiquitas a la hora de relatarnos una escena sobre algunas de estas cuestiones con toda su crudeza.

Vian con Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre, que los intelectuales también se van de copas.

Vian con Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre, que los intelectuales también se van de copas.

El problema que puede plantearnos una novela como “Escupiré sobre vuestra tumba” es que está escrita en primera persona, de manera que la intención de Boris Vian es que el lector llegue a identificarse con Lee, el autor de los hechos. Teniendo en cuenta además, que lo que pretende es precisamente denunciar el racismo de que el protagonista y su familia han sido objeto (un racismo social que, por otro lado, existía y estaba legalmente arropado). Sin embargo, ¿cómo dar por bueno lo que Lee va tramando, e incluso aquello que lleva a cabo sin un fin de venganza, siendo simplemente él mismo? ¿Por qué esa necesidad de forzar a las mujeres a tener sexo con él, por ejemplo, y que luego todas ellas (ojo: todas y cada una) caigan rendidamente a sus pies ¡pidiendo más!? Anteriormente a ésta, leí “Con las mujeres no hay manera”. En esta historia el protagonista y su hermano violan simultáneamente a una joven lesbiana con la intención de hacerla volver al buen camino (alucinante). Bien, no sólo lo consiguen sino que la muchacha queda obnubilada por ambos sin poder prescindir de seguir manteniendo sexo con ninguno de los dos.

No sé, le veo a Bian aquí cierta tendencia a las violaciones que, de ser un reflejo de su propia personalidad, debería haber tratado con un psiquiatra, lo menos. No es casual que ambas novelas fueran publicadas bajo seudónimo – Vernon Sullivan – , y que en el caso de “Escupiré…” la obra fuera prohibida y su autor fue condenado por ultraje a la moral y las buenas costumbres. No olvidéis que en todo momento, exceptuando a Lee, todos los personajes son menores de edad.

Existe una versión cinematográfica de esta novela, que contó con la colaboración del propio Vian, de 1.959.

Lolita (Vladimir Nabokov)

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Lolita (Vladimir Nabokov)

Empecemos diciendo sobre esta obra que no se trata de una novela erótica, como hasta hace poco ha solido ser considerada por muchos. Tiene muchos calificativos, pero desde aquí queremos reivindicar, al igual que el propio Nabokov en su día, que Lolita no es una sucesión de escenas de contenido erótico y que por lo tanto, nunca podría encajar en este tipo de estilo literario, sino que más bien se nos relata una historia tensa, dolorosa, destinada al fracaso, casi enfermiza, de amor. Un amor nada convencional, desde luego. Para empezar, por no correspondido, lo que lo hace injusto, dominante e inútil. No obstante, en este contexto que hemos descrito, podríamos afirmar que Lolita es en mayor medida una sucesión de escenas “románticas”, si se me permite el epíteto (desde luego, no se atienen a los cánones del amor romántico tal y como lo canta Luis Miguel), por el hecho de que hablan más de amor que de erotismo.

Bien, hecha esta puntualización empecemos a analizar esta fascinante, fascinante historia. Para nada es lo que, personalmente, había imaginado que sería. Aviso a navegantes (como hacemos en otras ocasiones) que la prosa de Nabokov no es fácil, sino que tiene cierto toque de complicación por sofisticada y compleja. Puede resultar un tanto confusa en tanto en cuanto la descripción de las emociones, pero también de los paisajes. No en vano estamos hablando de uno de los mejores autores del S.XX. De todas formas, es cuestión de acostumbrarse en las primeras cuatro páginas, ya que el mensaje es sencillo y llega al lector sin problemas. Sobre esta cuestión hemos de decir que este escritor se había desenvuelto hasta el momento de escribir Lolita siempre en ruso, su legua materna. Y que se propuso escribir en inglés después de trasladarse a EE.UU.

Para ello decidió retomar una historia que ya había dejado perfilada en ruso, aunque introduciendo no pocos cambios en la misma con posterioridad, hasta llegar a nosotros tal y como la conocemos.

Con respecto a lo dicho sobre las descripciones de los paisajes (ya que Lolita se trata de una historia de carretera), estos tienen su importancia puesto que imprimen la percepción del propio Nabokov como extranjero en aquellas tierras, que podríamos denominar la “América profunda”. Veamos un ejemplo de este tipo de descripciones: “Poco a poco los modelos de esas rusticidades elementales se fueron haciendo tanto más extraños ante mis ojos cuanto más de cerca los conocía. Más allá de la llanura cultivada, más allá de los tejados de juguete había una lenta difusión de inútil encanto, un sol bajo, en medio del halo platinado,  de tintes tibios, color durazno pelado, que invadía el borde superior de una nube bidimensional, gris-paloma, medio fundida con la distante niebla amorosa.” Ahí es ná… ¿Entendéis ahora lo de la prosa sofisticada?

Sin embargo no toda la novela está escrita con tal vocabulario, sino que en realidad es fácil que la historia llegue a arrastrarnos como en los casos de los mejores best-sellers. Tiene suficiente fluidez, y el testimonio de Humbert, el desdichado protagonista agobiado por la culpa, primero, y por el recuerdo, después, resulta tan auténtico y desgarrado, que consigue hacernos llevar y dejarnos profunda huella. Este pobre hombre – fascinado hasta el tuétano por las nínfulas –  se debate entre sus más bajos instintos y la intención más ferviente de no corromper a su “víctima”.

Y ésta es otra de las grandes sorpresas de la novela: la propia Lolita. Según se mire, no tiene mucho de víctima, en realidad. Aunque se ve inevitablemente arrastrada por esta historia de la que termina participando, un poco por necesidad, y un poco también por interés.

Esta forma de tratar una relación pedófila, semi-incestuosa, procurar explicar los motivos, las distintas intenciones de sus protagonistas, conocer los deseos más íntimos y egoístas de cada uno de ellos, así como el tirón y la profundidad de los personajes (todo ello resultan grandes sorpresas para el lector que no conozca mucho de esta novela), ha llevado a varias adaptaciones al cine de Lolita: una primera de Kubrick, de 1.962, y otra posterior de 1.997, de Adrian Lyne. Los enlaces a las pelis son de Filmaffinity.                                                                                                                                                                                                  En la primera versión, al castigado por la culpa Humbert lo protagoniza un enorme James Mason. Mientras que en la segunda, a Jeremy Irons Humbert se le queda en un pobre hombre con cara más triste que Bambi en el día de la madre . Sin embargo, con las Lolitas pasa, en mi opinión, al contrario: Dominique Swain clava a esa niñata maleducada, desgarbada, sucia y definitivamente sexual. En fin, para gustos los colores, aunque como es habitual, creo que ambas desmerecen la calidad de esta obra.

Papá Goriot (Honoré de Balzac)

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Papá Goriot (Honoré de Balzac)

Hablamos de Balzac, amigos, nada menos que de Balzac. Apaguen sus móviles y contengan la respiración porque este post está dedicado a uno de los autores más gloriosos del S.XIX. En pleno romanticismo francés, el París más bohemio, pobre, chic, sucio, y aristocrático (pese a ser el heredero de la Revolución Francesa), conoció a uno de sus novelistas más determinantes y que mejor supo reflejar lo que fue aquella ciudad y sus habitantes durante buena parte de ese siglo. No olvidemos que por entonces, y pese a lo que se había vivido 50 años antes, Francia era una monarquía a punto de convertirse en un Imperio (con emperador y todo, bajito y con flequillo).

Aquella amalgama de personas de distinto corte social e ideología: algunas bien asentadas en sus títulos nobiliarios y rentas anuales (me encanta esta expresión tan “balzaquiana”: … disponía de unos 600.000 francos de renta), otras tantas con el resquemor bien vivo aún por lo que supuso decapitar a toda una familia real, cargarse al clero y a la mitad de los Estamentos, y alimentando un resentimiento envidioso y constante hacia esas clases altas que mantenían una forma de vida fatua y superficial, unida a las diferencias demográficas entre las poblaciones rurales y la gran metrópili europea por excelencia que era entonces París, – urbe del glamour en todas las épocas -, fueron factores que dieron pie a grandes contrastes entre los ciudadanos, propiciando así una sociedad francesa pintoresca y desigual. Precisamente es en este punto en el que destaca nuestro querido Honoré, en retratar a toda esta gente, sus inquietudes, sus perversiones, sus intereses, sus amores, sus tragedias. En este sentido, Balzac puede compararse con Galdós o Dickens en cuanto a describir a sus conciudadanos, vecinos, compañeros de viaje vital.

Balzac es uno de los autores representativos del realismo junto con Flaubert o Stendhal, ese movimiento ideológico que surge como oposición al romanticismo del XIX, en el que se idealizaba con grandilocuencia la belleza, la virtud, la ciencia y los más altos sentimientos, frente a la cotidianeidad y lo mundano de la vida más real, sin tanta ornamentación.

Puede que esta facilidad para describir el entramado social fuera debida a que el propio Balzac vivió entre ambos mundos y conocía bien el tipo de personajes que describía en sus novelas.

Fue un hombre realmente prolífico, y no sólo en cuanto a creación literaria se refiere, sino también a sus inquietudes como empresario. Se arruinó en numerosas ocasiones, volviendo a emprender después otros tantos negocios con ayuda y el apoyo económico de sus amistades. También conoció el éxito como escritor, aunque tardó en conseguirlo varios años. Fue entonces cuando su carrera literaria conoció su actividad más febril. Es conocida una anécdota suya en la que, durante el entierro de un conocido, se le acercó un caballero para decirle: “Señor Balzac, era el difunto su negro, ¿no es así? No tiene de qué preocuparse. Yo era el negro de su negro.” Ni que decir tiene que yo personalmente, no la creo. Pero efectivamente no habría sido ni el primero, ni el último.

El caso es que este grandísimo novelista nos ha dejado auténticas maravillas en forma de libros, y no solamente eso, sino también muchísimas frases célebres que hacen de él uno de los autores más citados.

En Papá Goriot nos regala precisamente eso que todos coinciden en que se le da tan bien: un retrato estupendo y completísimo de aquella sociedad francesa de principios del XIX a través del mundo que concibe en torno a un pequeño hostal regentado por Goriot, padre tierno y abnegado que renuncia a toda comodidad por el bienestar de sus hijas.

Os transcribo un breve párrafo (para quien haya leído el post hasta aquí y decida que quiere continuar aprendiendo):

“Si existen naturalezas tiernas, hay también naturalezas fuertes, cráneos de bronce, sobre los cuales tropiezan y caen las voluntades ajenas como las balas frente a una muralla. Hay también naturalezas blandas y algodonosas, donde las ideas de los otros mueren como las balas se amortiguan en la tierra blanda de las trincheras. Rastignac tenía una de esas cabezas de pólvora […]”

Después de todo lo dicho, es obvio que recomiendo su lectura a todos aquellos nostálgicos y amantes de siglos pasados, con el encanto que le suma el rodear las tramas inteligentes con coches de caballos, sombreros de copa, bailes en palacios aristocráticos, candelabros de plata y rues parisinas alumbradas por faroles con velas… Tened en cuenta, claro está, que el lenguaje es el que es, y eso también es un factor importante a la hora de situarnos en el tiempo. Lo digo para que nadie se sorprenda si lee algún “tiene usted crédito, monsieur”.

Sin embargo, y sin restar ni un ápice de relevancia a Papá Goriot, me permito además recomendar con verdadera devoción a la que es considerada la mejor obra de Balzac: Eugenia Grandet. Era nuestro amigo un autor de lo más prolífico, como hemos señalado ya, por lo que hay que tener en cuenta que no todas sus obras gozan de la misma profundidad, elegancia, y facilidad para ser leídas. Pero de Eugenia nos encargaremos en otro post propio, porque francamente, ella lo merece.

Opiniones de un payaso (Heinrich Böll)

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Opiniones de un payaso (Heinrich Böll)

Quién iba a pensar que éste iba a ser un libro sobre las reflexiones más amargas de un payaso. Sí, efectivamente, el filón del payaso triste no conoce horizontes, tampoco en lo literario. Porque, ciertamente, si bien hay pasajes en este libro donde la sonrisa es inevitable, por lo general lo termina uno con un sabor agridulce. La culpa de este devenir de sentimientos la tiene su protagonista: con y a través de él, te debates entre la comprensión y el compadreo, y la compasión. Hans, el tierno y conmovedor payaso abandonado que narra en primera persona cómo es su vida actual y pasada, llega a ganarnos a través de la pena, a parecerte un tío genial, abatido por las circunstancias pero finalmente digno. Y es que el dolor del amor es lo más democrático de este mundo. Por eso es tan fácil llegar al final del libro queriendo ser el amigo fiel del infeliz y sarcástico payaso.

“Marie se ha ido”. Machaconamente, Hans relata a través de conversaciones con algunos de sus amigos su pasado, su presente, y el poco futuro que se sospecha a sí mismo. Porque esta ruina emocional se acompaña de otra profesional y económica. El súmmun del drama es que, además, el protagonista se sabe merecedor en cierta medida de lo que le está pasando. Él es agnóstico, mientras que su mujer es católica. Ella lo ha abandonado por otro católico con quien, para más INRI (expresión que no pretende ser faltona, ojo), se ha ido de luna de miel al Vaticano. Que digo yo, ¿qué necesidad había de hacerlo todo tan doliente para el pobre Hans? ¿Eso esto ser más Papista que el Papa (si se me permite el guiño)? ¿No había un pack barato a Palma de Mallorca?

Por otro lado, las circunstancias políticas y sociales del momento habían provocado graves fisuras en la pareja, sosteniendo cada uno de ellos posturas, si no siempre enfrentadas, sí a menudo muy distintas. Hans no puede obviar que la política le atañe, que las reglas sociales le atañen, por más que él no tenga ningún interés en ellas. Böll aprovecha esta tesitura para darnos una mordaz visión social, política y religiosa de aquella Alemania. Para ello utiliza la perspectiva personal del propio Hans. Esto suele interpretarse como esa crítica feroz del autor al sistema, al consumismo, a la política demócrata-cristiana alemana y hacia algunas posturas de la Iglesia Católica más conservadora.

Voy a citar una de las partes que más me emociona de este libro, que leí hace tanto tiempo, pero sigo manteniendo marcadas:

“¿Quería [Marie] asistir de verdad al gran oficio solemne que se celebraría cuando Züpfner [su marido actual] fuera armado Caballero de la Orden de Malta entre cancilleres y presidentes? ¿Quitaría con la plancha, en casa y con sus propias manos, las manchas del hábito de la Orden? Cuestión de gustos; Marie, pero no es ése tu gusto. Es mejor confiar en un payaso que no cree pero que te despierta suficientemente temprano para que llegues a misa a tiempo y que si es necesario te paga un taxi […]. Mi jersey azul no necesitas lavarlo nunca.”

Las carnes gallináceas… ¿Para echarse a llorar? Bueno, lo mejor de esta novela es que, al fin y al cabo, quien nos cuenta la historia es un payaso, así que a menudo consigue arrancarnos una sonrisa mientras suspiramos y pensamos: “¡menos mal!” 🙂

Böll recibió el Nobel de Literatura en 1.972

Villa Diamante (Boris Izaguirre)

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Villa Diamante (Boris Izaguirre)

Qué queréis que os diga… Tenía que enfrentarme alguna vez con Boris Izaguirre. A pesar de todo. He de reconocer que su novela no me ha disgustado, a pesar de que no sabía qué esperar. Algo me hacía pensar que podría llegar incluso a gustarme. Y es que con respecto a los autores, y principalmente con respecto a los libros: ¡prejuicios fuera! De hecho, he procurado olvidar quién es el autor de Villa Diamante, por qué lo conozco, y cuál es mi opinión sobre él. No debe juzgarse a los hijos por los padres que tienen, aunque es inevitable que sean en parte un reflejo de aquéllos.

El caso es que he escuchado mucho hablar de Boris como escritor, y casi siempre bien. Eso me llamó la atención, principalmente porque (como muchos habréis adivinado ya) no se trata ni de lejos de un personaje que sea objeto de mi simpatía. No me hacen gracia, para empezar, ni sus gritos, ni sus estridencias, pero sobre todo y muy especialmente ese aire snob y de pijo pseudointelectual que se me da últimamente.

Eso de hablar de sus ejercicios junto a su entrenador personal, al más puro estilo Chábeli Iglesias, o declaraciones suyas como en las que afirma se inyecta bótox en las axilas para no sudar, le dejan a una pensando si este señor realmente será aquél que pasea por Londres en bicicleta hablando de Literatura y sin despeinarse ni un poco.

Dejo aparte el tema de Crónicas Marcianas y sus colaboraciones en aquel programa porque opino que sería injusto juzgar a la ligera por una serie de colaboraciones más o menos puntuales la trayectoria de nadie (estoy pensando en Leticia Sabater y cuánto mal le hizo aquello de “a mediodía…” Pa’bernos matao).

Pero hablemos de Villa Diamante. No se trata de una novela ni mucho menos frívola, al menos en su concepción. Otra cosa son los matices en la historia y en los personajes. La historia nos lleva a la Caracas de mediados del S.XX, durante la infancia de dos hermanas, Ana Irene y Ana Elisa, pertenecientes a una familia de la alta sociedad caraqueña venida a menos. Como no podía ser de otra manera, se cumplen ciertos clichés que esperaba encontrar antes de empezar: la fascinación de Boris por el mundo femenino, reflejado en las figuras de ambas hermanas, aparentemente los dos personajes protagonistas, y que me juego el cuello a que están inspiradas en dos estrellas de cine norteamericano en su época más dorada (otro cliché). Otra de las cosas que esperaba encontrar en esta novela es el telón de fondo de las dictaduras. Muchos, muchísimos de los autores sudamericanos dan, en mayor o menor medida, su visión sobre las agitadas trayectorias políticas de sus respectivos países. Izaguirre no iba a ser menos. Y estos hechos, vistos desde los ojos de dos “niñas bien”, resultan mucho más dramáticos. Porque la vida en las más altas esferas sociales, el lujo, las crónicas rosas, todas ésas son cosas que encajan también con la personalidad del propio autor. Y ya tenemos el cuarto cliché. No en vano Izaguirre se inició como guinista de culebrones en esto de la escritura.

Todo esto no hace de Villa Diamante una novela predecible o aburrida. Se trata de una lectura fácil, nada empalagosa y desde luego no falta de estilo. Lo que sí se dan es unos giros en la estructura de la historia y unos cambios de argumento demasiado drásticos. Me explico: cuando creemos que, aparentemente, conocemos el origen, los personajes, la esencia misma de lo que va a desarrollarse a continuación, el autor le da un giro de 180 grados y la historia re-comienza. De hecho, esta novela tiene 3 partes (3 giros de 180 grados) y todas ellas muy diferentes entre sí. Personalmente esto ha llegado a desorientarme un poco, sin que llegara a “cogerle el punto” a la protagonista.  Que, sí, al final es una de las hermanas (no digo cuál).

Reseñar también que este libro fue elegido Finalista del Premio Planeta 2.007. Podéis leer qué se cuchichea sobre estos Premios pinchando en este post anterior sobre la obra Pura Vida.