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Memorias de una geisha (Arthur Golden)

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Memorias de una geisha (Arthur Golden)

Esta novela, best-seller de éxito mundial, se publicó durante los años noventa y supuso toda una revolución porque abría una puerta al fascinante mundo asiático, y más concretamente al inaccesible de las geishas, al gran público. Algo que, queramos o no, siempre ha intrigado a los occidentales desde que los soldados norteamericanos volvieron a casa hablando a viva voz de su existencia después  de la Segunda Guerra Mundial. (Si bien los más eruditos conocían la historia de Madamme Buterfly, pero digamos que esta referencia pertenece a un mundo algo menos “popular”).

El libro está escrito de una forma exquisita en el sentido de que, aunque mantiene un estilo primordialmente occidental (su autor es Arthur Golden, un especialista en arte japonés y estudioso de la cultura china y japonesa, pero norteamericano de Tennesee al fin y al cabo), no dejan de aparecer matices de un estilo mucho más oriental en muchas descripciones o metáforas, que hacen que consiga mantenernos en una “estética visual imaginaria ” (si se me permite la expresión) constante durante el relato. De hecho, parece que la historia del gérmen de esta novela fue la inspiración de Golden en las aventuras y desventuras de una geisha real  (Mineko Iwasaki). Iwasaki acabó demandando a Golden, aunque finalmente llegaron a un acuerdo y la japonesa terminó escribiendo su propia novela: Vida de una geisha. Si bien hay que ser justos y comentar que Golden siempre advirtió que la historia de la protagonista de su novela era 100% ficticia.

Polémicas aparte, se trata de una novela que tiene desgracias, amor, amistad, guerra (vamos, lo que no dejar de emanar cierto tufillo a telenovela, pero así son muchos best-seller). De hecho, la enorme mayoría de sus lectores han sido y son mujeres.  Pero también constantes guiños a una cultura y forma de vivir que en realidad es el gancho perfecto para decidirse a leer Memorias de una geisha porque en ese sentido, no decepciona.

Mencionar por último que este libro fue origen para la famosa película con el mismo nombre y ganadora de numerosos premios.

Una de las maravillosas imágenes que podemos disfrutar en la película

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El club de la lucha (Chuck Palahniuk)

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El club de la lucha (Chuck Palahniuk)

Hace tiempo que tuve la suerte de tener “El club de la lucha” entre manos. No recuerdo los detalles, pero no importa. Hacía tiempo que no leía una historia tan original, con unos personajes tan redondos, un protagonista tan contradictorio y a la vez tan irresistible. Alguien que sabe que no es un héroe. Tan humano, en una palabra. Y es que ¿no estáis algo cansados de esos best-seller en los que el protagonista es siempre alguien especial? ¿Uno entre un millón? No siempre una historia del tipo de la de “El club de la lucha” consigue enganchar a todo el mundo. Porque tiene mucho de extrema. Pensad que todo en la novela rodea al hecho de que los fines de semana montones de jóvenes oficinistas insatisfechos, se ostian entre ellos sin ningún objetivo aparente. Inquietante, ¿no?

Un pero que muy bien traído protagonista sin nombre de la versión en cine de El club de la lucha.

Un pero que muy bien traído protagonista sin nombre de la versión en cine de El club de la lucha.

Llevar las novelas al cine es algo que me provoca una reacción de amor-odio casi siempre (hay excepciones). Tengo la sensación de que, a pesar de que la

peli tuvo un éxito pero que muy considerable, no llegó a generar la polémica que sí consiguió en su día la novela. Y es que hay cosas que sólo pasan en el mundo literario. Me refiero principalmente a lo que yo llamaría sorpresa intelectual. Esto es: de repente entender una realidad que nunca antes te habías planteado. Verlo en cine, a través de los ojos de un director, teniendo en cuenta los matices de los actores, que si la iluminación, que si los guiones… Que si hay que dedicar siempre un momento a la comparación con el libro… Es mucho trabajo. Y sí, puede llegar a sorprendernos una película, claro. Pero solamente a ciertos niveles. Tengamos en cuenta que siempre esperamos cosas sorprendentes en una película, no es nada novedoso que lleguen los extraterrestres, que caiga una bomba nuclear en algún sitio, o que al final Bruce Willis estuviera muerto.

Nunca viene a ser lo mismo que abrir un libro, devorarlo y digerirlo por nosotros mismos. Son varios días de digestión al más puro estilo boa constrictor. Estas otras digestiones pasadas por la turmix del cine suelen estar bien, pero pocas te dejan con la boca abierta, pensando: ¡¿pero SERÁ POSIBLE…?!

"Tío, te confieso que no me he leído el libro"

“Tío, te confieso que no me he leído el libro”