Archivo de la categoría: Clásicos

Cañas y barro (Vicente Blasco Ibáñez)

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Cañas y barro (Vicente Blasco Ibáñez)

Podemos decir que Cañas y Barro se trata de un clásico de la Literatura española, una de las “novelas valencianas” de Blasco Ibáñez, donde la historia de Toñet y Neleta es la excusa perfecta para decribir la vida en pleno 1.900 en la Albufera. Estas “novelas valencianas” forman parte de la corriente costumbrista que durante el Modernismo se desarrolló en parte de la Literatura española, con autores como el propio Blasco Ibáñez, Azorín o Unamuno.

En esta novela se nos describe una historia principal, la de amor entre los protagonistas, que se cruza con la de otros personajes secundarios pero, a mi parecer, mucho más interesantes y curiosos y de mucho más calado psicológico: el borracho Sangonera, el tío Paloma o el propio Toño (abuelo y padre del protagonista, respectivamente). Todo ello se desarrolla entre canales y anguilas, redes y botes de pesca, en El Palmar. Una población donde nadie querría acercarse ni siquiera a verlo de lejos. Porque si hacemos caso de las descripciones del autor, el paisaje es desagradable, el olor del aire es el del pescado viscoso y el lodo, y sus habitantes tienen el mismo color y aspecto que las anguilas de las que se alimentan. ¿Realmente era este sitio así? ¿O es que el autor tiene algún interés en hacernos creer lo horroroso que era formar parte de semejante lugar?

No sé si es que estamos acostumbrados a que muchos autores que escriben sobre su propia tierra nos idealicen en cierta medida algunos aspectos de la misma, o al menos, no nos lo pinten prácticamente como el infierno en la tierra (léase Valencia). Porque a mí no me ha parecido que todo aquello pudiera ser tan escandalosamente repulsivo. No se salvan ni los niños. Quizá sea ésta una características propias de Blasco Ibáñez, quizá desengañado de la vida de las clases más humildes; la verdad es que no he leído otras obras suyas, aunque me queda pendiente.

Cierto es que la vida en aquellos (y muchos otros) lugares para la clase obrera a principios del S. XX debía ser tremendamente difícil. Pero de ahí a que vivir como pescador en la Albufera sea símil de, poco menos, ser una anguila humana.

En fin, por lo demás la historia tiene su interés, sobre todo porque (exageraciones aparte) podemos hacernos una idea de la vida en comunidad, y cuando hablo de comunidad me refiero a las aldeas, a lugares donde casi todos los habitantes están unidos por algún lazo de sangre, todos conocen los secretos y debilidades de sus semejantes. Una comunidad en un lugar muy concreto y en una época histórica de mucho interés, concretamente en España, por su contexto político y social. De hecho, el propio Blasco Ibáñez fue diputado republicano.

Para quien quiera conocer algo más visualmente esta historia, puede echar un vistazo a la serie de TVE, símbolo de la transición, pinchando aquí.

 

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La Guerra de los Mundos (George H. Wells)

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La Guerra de los Mundos (George H. Wells)

Pedazo de novela de ciencia ficción alienígena donde las haya. A mí personalmente me gustó el libro (pongamos en un ránking de 1 a 10, un 7). Ya sabía ciertamente algo sobre esta historia; y es que es fácil conocer algunos datos relativos a ella porque se han hecho algunas películas basadas en la novela de G. H. Wells: la primera, en 1.953, una segunda, en 2.005 (¡nada menos que dirigida por Spielberg!), y hasta un videojuego.

Como digo, a mí me gustó aunque reconozco que no hay nada especial en esta historia si la lees en el siglo XXI, como fue mi caso. Pero tenía curiosidad por conocer el porqué de que haya sido inspiración para tanta representación artística; y sobre todo quería saber qué tiene de especial para haber sido recreada en una retransmisión radiofónica en 1.938 por el mismísimo y entonces joven Orson Welles, y  haber hecho creer a una aterrorizada población que era invadida por los extraterrestres. Y esto es rigurosamente real. La historia de esta adaptación en la radio del señor Welles es sobradamente conocida y de hecho, cuenta con peli propia, así que no voy a extenderme mucho más. Pero no me digáis que no es increíble que la gente avasallara los supermercados, se colapsaran las carreteras y, en fin, se llegara al caos absoluto.

Claro, esto de invasiones extraterrestres hoy en día no suena a nada nuevo. Pero pensad lo que ocurrió no hace tanto, cuando los hogares del país más desarrollado del mundo por entonces (EE.UU.) no tenían televisor ni ordenadores, y lo que decía la radio era la absoluta realidad.

Todo esto tiene, en mi opinión, una sencilla explicación: el contexto histórico. Veamos, la novela de G.H. Wells se publicó nada menos que en 1898, es decir, S. XIX. Imaginad lo que supuso por aquel entonces un argumento tan poco trillado como esta original invasión, incluidos rayos destructores y máquinas horripilantes y mortíferas. Era una época de pleno desarrollo de la ciencia (teorías psicoanalíticas de Freud o las evolucionistas de Darwin), además de que por entonces existía entre cierta parte de la población un gusto importante por la parapsicología, las ciencias ocultas o la Historia Antigüa (que desembocó por entonces en descubrimientos como las ruinas de Troya, del Palacio de Knossos , por ejemplo, o incluso de la tumba de Tutankamón algunos años más tarde).

Aunque lo cierto es que lo mejor de la novela es, sin duda, cómo se inicia la invasión en cuestión. Porque origen resulta estar a miles de años de distancia del desarrollo de la acción, es decir, cuando el planeta ni siquiera estaba habitado. No me digáis que no es ciertamente original. Por lo demás la historia tiene un protagonista que no da ni frío ni calor, aunque el pobre las pasa canutas y acaba siendo un completo héroe “de novela”.

Conclusión: no debe leerse a palo seco; es mejor transportarse a 1.900 para disfrutar de una auténtica aventura.

Orson Welles en plena "retransmisión" de la invasión de extraterrestres

Fortunata y Jacinta (Benito P. Galdós)

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Fortunata y Jacinta (Benito P. Galdós)

¡¡Empezamos con los clásicos!! Ya sé que para muchísimos lectores casi todas estas obras pueden ser un pestiño, sin embargo yo soy de las que he disfrutado y espero seguirlo haciendo, con obras como ésta. Recomiendo especialmente su lectura a todos aquellos que quieran revivir lo que fué el Madrid del S.XIX, cuando la Castellana era prácticamente campo y los que tenían posibles se hacían por la zona sus “casitas de fin de semana” (estos son muchos de los palacetes que hoy todavía nos quedan, por ejemplo el del mismísimo Marqués de Salamanca, que actualmente es la sede del BBVA). De hecho, éste es uno de los temas curiosos que se mencionan en el libro.

Lo mejor, para mí, de Fortunata y Jacinta, es lo perfectamente bien que queda retratada lo que fue la sociedad del Romanticismo en Madrid, con sus detalles más curiosos y abarcando todas las clases sociales.

En este sentido encuentro cierto paralelismo con  Balzac (grandísimo escritor francés destacado por el reflejo social que transmite en sus novelas ).
Con los detalles me refiero a las descripciones de los mercadillos, las corralas de vecinos, las tertulias en los cafés, la relación Iglesia-sociedad, cómo era
el interior de las viviendas, qué era lo que se comía, cómo eran los nacimientos o los entierros.


Personalmente me apasiona esta época precisamente en esta ciudad. Y aunque no he llegado a ver la serie que se emitió por TVE, leyendo esta obra he llegado a hacerme una idea bastante real de este batiburrillo de personajes y situaciones que rodean las vidas de aquellas dos mujeres. Me llamaron especialmente la antención las vidas de Juanito, el principal nexo entre Fortunata y Jacinta: un señorito bien que no tiene necesidad de trabajar y ¡ojo! mantenido por sus padres a mucha honra de estos, como venía siendo habitual en este tipo de familias adineradas. Hoy por hoy, aunque sea por guardar las apariencias, hasta los hijos de Julio Iglesias hacen como que trabajan… Y qué decir de Mauricia la Dura, una pobre mujer pobre, madre soltera, irresposable y desequilibrada, que no tiene ni quiere tener dónde caerse muerta, pero que inspira una lástima de lo más humana. Un personaje ciertamente sórdido…

Pérez Galdos leyendo en el salón del doctor Tolosa Latour, en Madrid, en 1897

Pérez Galdós leyendo en el salón del doctor Tolosa Latour, en Madrid, en 1897

Galdós escribió un gran número de obras en su vida. Es destacable su gusto por la narración histórica, pero centrándonos en la novela, creo que en el caso de Fortunata y Jacinta su enorme valor reside en el perfil psicológico tan minucioso que llega a hacer de los personajes (¡y son muchos!), en detrimento de la fluidez de la historia, que hacia la segunda mitad puede hacerse algo monótona.

Sin embargo seguro que volveré a leerla algún día, para pasear por algunos de los sitios que cita el autor y poder decir, ¡pero si siguen ahí! Eso es lo maravilloso de las ciudades: que igual que las personas, todas tienen una historia. Y ambas están irremediablemente ligadas las unas a las de las otras.