Archivo de la categoría: Biografías/ Relatos biográficos

Ernesto Guevara, también conocido como el Che (Paco Ignacio Taibo II)

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Ernesto Guevara, también conocido como el Che (Paco Ignacio Taibo II)

Ernesto Guevara, más conocido como “Ernestito”

Francisco Ignacio Taibo II es ejemplo de uno de los literatos sudamericanos vivos más reconocidos y premiados. Su lugar de nacimiento es España, si bien su familia  debe emigrar  huyendo del franquismo, por lo que sus raíces culturales son profundamente mexicanas. Su inclinación ideológica, claramente hacia la izquierda, es  algo que vivió desde la más tierna infancia; Hace gala de un gran activismo sindical y político, lo pueden hacer de Taibo persona non grata en ciertos círculos. Pero en este chiringuito no hay prejuicio que valga a la hora de leer.

Por otro lado, es sabido que el “Che” es uno los personajes que más tirón tienen; unos lo adoran y otros lo consideran un fracaso, pero nunca ha dejado de mantener ese interés que acaban teniendo los mitos. Su vida más pública está francamente bien documentada, y no hablo solamente de datos. Son muchas las imágenes que tenemos de Ernesto Guevara. Parece casi que estuviera vivo. Pero es una figura cuya historia es fácil de distorsionar. Es claro que Paco Ignacio Taibo II es una de esas personas fascinadas por el Guevara libertador de pueblos. Ya ha dedicado biografías a figuras como Pancho Villa o El Comandante Marcos.

Pero veamos cómo trata la figura como a Ernesto Guevara en su obra, Ernesto Guevara, también conocido como el Che: ¿combatiente heróico o ser humano, con luces y sombras?

¿Era el Che un idealista? ¿un moralista? ¿un ideólogo buscando justicia social? ¿un guerrillero? ¿un comunista convencido? ¿el profeta que los rojos estaban buscando? ¿un fenómeno comercial? Es claro que con Ernesto Guevara, también conocido como el Che Taibo pretende hacer brillar un poco al personaje, por encima de la persona, teniendo en cuenta que el Che ha venido sufriendo varias campañas de desprestigio que cuestionan su imagen de libertador de América Latina. No olvidemos que, por otro lado, se le ha reivindicado casi como a un evangelista.


La dedicación que le pone Paco Ignacio Taibo a hacer de esta biografía una obra creíble es absolutamente minuciosa y detallista, con montones de imágenes, declaraciones, referencias a otras publicaciones y una bibliografía contundente en la que está basado Ernesto Guevara, también conocido como el Che. Lo cierto es que Ernesto Guevara es un personaje que da para muchas biografías, independientemente del giro ideológico que quiera darse a la figura. Como ser anónimo ya era alguien destacable y con unos rasgos personales bastante especiales: su rígida idea de la justicia, que le hacía sacar a bailar a las chicas feas en los bailes de los pueblos que visitaba en su juventud; el concepto de identidad de América Latina y sus ganas de abarcarla, que le hizo recorrerla en motocicleta, viaje que dio origen a la película “Diarios de una motocicleta“, ganadora de 21 premios internacionales; la voracidad con la que leía, lo que fuera: desde teatro hasta filosofía, a todas horas y en todo lugar; o detalles más curiosos como su falta de higiene o el renunciar a comer carne cuando supo de las cartillas de racionamiento en la población de Cuba.

En fin, que el resultado es deslumbrante, realmente convincente, que intenta aclarar algunos puntos negros de su historia vital y de la Historia de Cuba. Ernesto Guevara es uno de los personajes más influyentes del S.XX, ideológica y políticamente, cuyo mito permanece tercamente entre nosotros y bien merece una lectura intensa de su biografía.

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La masai blanca (Corinne Hoffman)

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La masai blanca (Corinne Hoffman)

Vale, reconozco que este tipo de literatura no es de las que más pasiones despierta entre la intelectualidad más rancia, precisamente por la popularidad que despierta entre los lectores, digamos, menos exigentes. Es carne de película dominguera después de comer, lo reconozco, pero asumido desde un principio su carácter telenovelero, vayamos un poco más allá de los prejuicios. De hecho, yo lo hice y el resultado es realmente sorprendente.

He dicho lo de la película y no sin motivo. Muchos incluso puede que la hayáis llegado a ver. Para los que no lo han hecho os animo fervientemente a echarle un vistazo primero a “La masai blanca” original, porque es de una lectura sencilla y absolutamente absorbente (desde luego, cómo nos gusta un libro fácil). A muchos puede que os haya seducido la historia desde el inicio. Ha sido mi caso. Pero “La masai blanca” ofrece mucho más.

Corinne y Lketinga con cara de arrebolados entre cebras y jirafas.

Corinne y Lketinga con cara de arrebolados entre cebras y jirafas.

Ciertamente no es una obra con grandes pretensiones literarias. De hecho está escrito en primera persona, sin artificios, ni metáforas, giros estilísticos ni saltos temporales: es un relato biográfico y no una novela. Y ya digo que sin muchas profundidades. Lo que se cuenta puede ser más o menos creíble, pero la autora es la propia protagonista y lo que cuenta es básicamente lo que sucedió. Y lo que sucedió es que, inexplicablemente, durante un viaje turístico por Kenia con su pareja (ojo al dato) se le cruzó un guerrero masai por el que ipso facto comenzó a beber los vientos sin explicación alguna, y no paró hasta encontrarlo. Y para eso tuvo que remover Roma con Santiago desde el minuto uno. Porque nada es fácil en el amor, queridos amigos, pero si a eso le añades que se lo encontró en un autobús, y para volver a encontrarlo tuvo que esperar varios días, con el mosqueo justificado del maromo por añadidura, que tuvo que sacarlo de la cárcel, para después volver a perderle la pista, en un país en el que no conoces a nadie y ni tan siquiera hablas el inglés… Me canso sólo de escribirlo. Que para mí, comparados con esta mujer, Romeo y Julieta eran unos aficionados al amor de riesgo.

Lketinga posa feliz ante la puerta del bungalow de su madre (pié de foto al más puro estilo “Diez Minutos“)

Como digo, no encontraréis en Corinne Hoffman una autora de Premio Nobel, ni falta que hace. Porque os aseguro que al finalizar acabaréis tan encoñados con Lketinga como si hubiérais compartido con él choza y leche de cabra. Aparte del previsible choque cultural (que toca desde el valor del dinero hasta las costumbres sexuales), la historia por sí sola ya es impactante, y eso que no quiero dar muchos detalles de cuál era la acomodada situación de Corinne antes de viajar a Kenia, ni de lo que tuvo que luchar para poder mantenerse al lado de su querido guerrero. Por citar una sola cosa, vivió durante más de un año con su suegra, que así leído puede parecer poca cosa, pero nada menos que en un sencillo unifamiliar tal que así (ver foto).

Y es que esto de incluir fotografías en las biografías es de lo más socorrido, pero en este caso yo he recurrido a ellas solamente en el momento de terminar el libro, y me dejaron una impresión tan honda que las he llegado a descargar y guardar en mi PC.

Qué pasa, yo también quiero un guerrero masai en mi vida.

Yo, Claudio (Robert Graves)

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Yo, Claudio (Robert Graves)

No sé si sois o no aficionados a las biografías como género literario. Como en casi todas las historias, en las biografías depende mucho del interés que nos despierte el personaje que es objeto de estudio, como es natural. No obstante, hay que tener otros tantos detalles en cuenta que no son moco de pavo: desde luego, cuando el autor es el propio biogriafiado (autobiografías, para que nos entendamos), siempre habrá un puntito de subjetivismo en lo que nos cuentan. Por el contrario, cuando se trata de un escritor que dedica un libro a un personaje en particular, puede deberse a que ya existe cierto interés, incluso fascinación, por el biografiado. Y esto tiene cierto peligro porque puede tratarse de obras en las que esa admiración puede impedir el rigor y objetividad obligada cuando se mira desde la distancia las decisiones y experiencias de otro.

¿Por qué suelto este rollo para hablar de Yo, Claudio? Bien: esta novela es uno de esos casos en los que un autor fija su mirada en un personaje histórico y decide retratarlo, si bien no con una biografía en todo su significado, sí con un relato de ficción que trata de ser una autobiografía del propio emperador Claudio, que decide dejar por escrito un relato espectacular y realista de la Roma post-César, y de las intrigas y poder de su familia, los omnipotentes Julia-Claudia.

Yo claudio titulos

Graves lo hace con la suficiente distancia y equilibrio hacia la historia verídica que resulta una obra real, totalmente creíble, donde se mantiene un rigor acerca de lo que se cuenta que hace de esta novela una auténtica maravilla. Y es que éste es uno de los casos donde se conjuga un autor bien documentado sobre el marco histórico y los hechos ciertos que se nos cuentan, con un sentido de la elegancia, dignidad y psicología del personaje que hace que podamos considerarlo casi una biografía en todo su sentido.

Cuando hablamos de lo bien documentada que aparece la época imperial de Roma, no es arbitrario. Graves se basó en las obras de Tácito, Plutarco o Suetonio, llegando a traducir del latín algunas de ellas. La obra es asombrosamente precisa.

Si por casualidad os interesa esta seductora época de la Historia, aunque no tengáis especial interés por las biografías o las obras monográficas, tenéis la obligación de leer Yo, Claudio. No en vano estamos hablando de uno de los grandísimos best-seller del S.XX.

La comedida, circunspecta y prudente interpretación del Claudio de la serie.

La comedida, circunspecta y prudente interpretación del Claudio de la serie, D. Jacobi.

Toda la obra está narrada en primera persona y en realidad esta novela es solamente la primera parte de la historia de Claudio; la segunda es Claudio el dios y su esposa Mesalina. El éxito de esta obra también fue el motivo por el que se realizó una adaptación de la misma a serie televisiva, la cual, por cierto, también gozó de un importante éxito de público y crítica.

Entre limones: historia de un optimista (Chris Stewart)

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Entre limones: historia de un optimista (Chris Stewart)

No suelo recomendar los libros así a bocajarro. En general, tanto si me han encantado como si no, procuro dar una justificación razonable (de esto se trata mantener este blog ¿no?). Pero haré una excepción en el caso de “Entre limones”. ¿Por qué? Porque todo es bueno en este libro.

Desde luego que habrá a quien no le haya gustado en absoluto, pero francamente, de vez en cuando cómo se agradece disfrutar de una historia que contenga suficiente dosis de realidad (incluso tratándose de ficción, necesitamos que resulte creíble aquello que nos cuentan), que podamos sentirnos identificados con los personajes (el protagonista es el típico guiri que llega de pardillo a “conquistar” la 052D4GRA-CUG-P1_1.jpgAlpujarra Granadina, ahí es nada. ¿Quién no se ha sentido ese pardillo fuera de lugar que se dice a sí mismo “¡¿qué coño hago yo aquí?” alguna vez). Por citar otro de los atractivos que encontraréis en “Entre limones” está que se narra en primera persona. Como podéis ver en las categorías, se trata de un relato autobiográfico, así que quien nos está contando esas situaciones tan reales como surrealistas es el propio autor, Chris Stewart, auténtico como la vida misma; que sufrió en sus carnes todo tipo de vicisitudes para poder cumplir su sueño de vivir en el mismo campo granadino, cayera quien cayese…

Y es que, amigos, aún hay personas que lo dejan todo para vivir en otro país, con otras costumbres, idioma, gastronomía y AN-ME-82-199x300.jpgmodo de vida, sin tener previamente la seguridad de un puesto de trabajo o un modus vivendi “al uso”.

Porque la experiecia que Chris Stewart nos cuenta en esta novela es una de las historias reales más exóticas que podréis llegar a leer.

Otra de las mejores bazas de Entre limones es su enfoque humorístico. Verdaderamente os aseguro que llegaréis a pasar un buen rato con este libro, ya que las situaciones que en él se narran son hilarantes y cómicas, si bien no es ése su objetivo principal: no es un libro de humor. Pero el matiz que le da a la historia el que el protagonista sea alguien completamente ajeno a este entorno tan típica (y tópicamente) reconocible como “España profunda”, termina por dejarnos perplejos y con una sonrisa en los labios.

Estambul (Orhan Pamuk)

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Estambul (Orhan Pamuk)

Comencé este libro con muchas ganas. Ya sabéis: eso siempre te predispone a un resultado positivo, pero corres el riesgo de crear unas expectativas que finalmente pueden no llegar a cumplirse.

Llegué a Orhan Pamuk -como a tantos otros escritores no occidentales- a través de la concesión del Premio Nobel de Liteartura en 2.006. Esto, que a priori puede parecer una garantía, nos puede llevar a conocer los más áridos rincones de la Literatura. Porque no siempre lo considerado mejor es lo más fácil de consumir, en fin, el debate de siempre: calidad versus divertimento, y bla, bla, bla…

Y es que es totalmente cierto: hay novelas y autores imposibles, infumables para la mayoría; mientras que muchas obras que han conseguido grandes éxitos de ventas nos pasan por delante de nuestras narices sin que les prestemos atención, sólo porque las consideramos mayoritarias. Esto se resume en una sencilla palabra: los prejuicios.

Pero bueno, estamos aquí para hablar de “Estambul”, la original autobiografía de Pamuk que, sí, finalmente terminó por engancharme y dejar en mí ese sabor de boca tan especial que (afortunadamente) no se ha ido con los años.

Para los que no conozcáis Estambul os diré que es una ciudad fascinante, incluso para un primer contacto como turista estándar, puede dejarte embelesado en cuatro días con sus contrastes y su combinación de tradición y modernidad. Las calles, las casas, las zonas menos transitadas, y las más turísticas también… todo tiene un encanto especial si sabemos verlo. Así pues, éste fue otro elemento que me hizo llegar a este libro de lo más receptiva.

Ahora bien, aunque reconozco que me atrajo en un principio el hecho de que no se trata de una biografía al uso, y que la vida de Pamuk tampoco es que sea moco de pavo, según iban pasando los capítulos sí que se me hacía cada vez más denso el recorrer de su mano (es un decir, amigos) esta ciudad que tan bien conocía él, y que descubrí que tan, pero tan poco conocía yo. Orhan Pamuk es un científico de su ciudad natal, un auténtico fan fatal, entregado a recorrer sus avenidas y plazas una y otra vez desde su más tierna infancia, a fotografiar sus casas, dibujar las fachadas, los cruces de caminos, las calles menos pavimentadas, los restos arqueológicos menos conocidos, y los rincones más secretos. Esto le hace un erudito de Estambul aunque cueste unas cuantas de cientos de páginas darse cuenta. Sabe de lo que habla, y no se limita en exclusiva a contar lo que sabe de sí mismo, que también, sino a enmarcarlo de una forma milimétrica en la ciudad que tanto ama, y que fue testigo de todo cuanto relata.

Como digo, la vida de Orhan Pamuk no tiene desperdicio (¿por qué esta gente casi nunca tiene vidas aburridas?). Hijo de una familia acomodada pero cuyos padres vivieron una relación insatisfactoria e infeliz, el autor acaba marcado por esa ciudad tan mediterránea y oriental al mismo tiempo, mucho más de lo que yo misma puedo decir de que me marcó mi propia ciudad (y eso que, inevitablemente todos estamos marcados de alguna forma por el lugar donde crecimos).

Las fotografías antiguas de la ciudad, tomadas a menudo por un joven Pamuk, son un auténtico tesoro.

De verdad: es que este hombre es un virtuoso de Estambul (si se puede usar esta expresión) desde su más tierna juventud, con una entrega hacia su propia ciudad que no estamos acostumbrados a vivir. Será que suele deslumbrarnos más lo que hemos descubierto en nuestra vida adulta. Lo mejor de todo es que, cuando uno termina el libro, ese largo paseo que supone su lectura nos deja la sensación de compartir con Pamuk la pasión que, año tras año de su existencia y arropándole en cada capítulo de su vida, el autor vive por su ciudad. Llegamos a identificarnos con sus gustos, que recién descubiertos por nosotros, podemos llegar a comprender y compartir: el arte del detalle en los dibujos de Melling, por ejemplo, o sin lugar a dudas, las fotografías antiguas de las calles sucias, de los barrios pobres, sin pavimentar, mal iluminadas, los palacetes derruidos, consumidos por las llamas…

Una vista de Estambul del S.XVIII de Melling.

Metafísica de los tubos (Amèlie Nothomb)

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Metafísica de los tubos (Amèlie Nothomb)

Muchos de vosotros conoceréis, aunque sea de oídas a Amèlie Nothomb, una jovencísima autora belga que lo petó con su novela “Estupor y Temblores”. Por cierto, que recomiendo a todo el mundo su lectura porque además del particular estilo de Amèlie para contar historias, en este caso está también la historia en sí misma: veréis que la realidad puede en ocasiones superar a la ficción, ciertamente.

Nothomb pertenece a una familia belga acomodada, de padre diplomático, por lo que ha vivido en países tan exóticos como China, Japón (ella nació en Kobe), Birmania o Bangladesh. Ya podéis imaginar que con ese recorrido tendrá muchas cosas que contar en sus obras. Pero como suele suceder en estos casos, a todo esto se suma su propia y particularísima percepción de la vida, las personas, las relaciones, y sus vivencias personales como individuo digamos… un tanto diferente. Yo, obviamente, no tengo la suerte de conocerla en vivo y en directo, pero habiendo leído alguna de sus novelas no me cabe duda de que debe tratarse de alguien extravagante e insólita.

Como también hemos visto en otros casos de autores de recorrido vital similar al de Amèlie Nothomb (véase por ejemplo, Bryce Echenique), a menudo estos parten de hechos biográficos para construir algunas de sus obras. Éste de “Metafísica de los tubos” es un ejemplo de ello. A pesar de su título tan científicamente estrambótico, se trata sencillamente de una novela construida a partir de los primeros recuerdos de la autora en su más tierna infancia, en Kobe (Japón). Después de llegar a los dos años y medio en estado de tubo (¡!), la pequeña Amèlie despierta al mundo por obra y gracia de un “milagro” propiciado por su abuela que le descubre el sentido de la vida: el placer. En “Metafísica de los tubos” podemos comprobar la contraposición entre su extravagante forma de entender el mundo, de la que ya hemos hablado, con la curiosa manera en que los nipones tratan, educan, miman y consideran a los niños. Os prometo que no tiene desperdicio.

Su interpretación de la cultura japonesa para con la infancia (¡curiosísima, por otro lado!), unida a la percepción inocente de realidades como la naturaleza , o de la muerte por una Amèlie cándida de dos años y medio hace que de verdad que sea una maravilla leer las descripciones tan emocionales, tan espirituales, tan, tan… orientales que hace de los paisajes o de las sensaciones que experimenta al bañarse en el mar, por ejemplo, o al observar las flores de su jardín.

Todos los personajes son absolutamente reales. De hecho, en la edición española, la portada es una fotografía de la propia autora junto con su querida hermana Juliette. Yo he preferido incluir en el post la edición en francés, donde es la propia Amèlie la que aparece retratada con cara de sorpresa, porque es justo ésa la predisposición para empezar a conocer e interpretar el mundo que ella traslada en este relato autobiográfico.

Después de leer “Metafísica de los tubos y conocer de primera mano la forma en que Nothomb aprendió a leer sola o su total convicción de ser un pequeño e ingenuo dios, puede que también sea ésa la expresión que nos queda a los lectores.

Permiso para vivir (Antimemorias) (Alfredo Bryce Echenique)

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Permiso para vivir (Antimemorias) (Alfredo Bryce Echenique)

Antes de comenzar debo reconocer aquí que Bryce Echenique ha sido y es uno de los autores más leídos y admirados por quien aquí escribe. Aún no he tenido oportunidad de leer la totalidad de su obra. Sin embargo, desde que “La vida exagerada de Martín Romaña” cayó en mis manos, mi vida no ha vuelto a ser la misma.

Es por eso que después haber disfrutado de la reconocidísima “Un Mundo para Julius” (¡menos mal que no se llegó a rodar ninguna película!), y la ya citada “Vida exagerada de Martín Romaña”, me parecía que conociera a este señor personalmentede y toda la vida, como a un viejo amigo. Así pues, me lancé de cabeza a por su hilarante autobiografía, sin paracaídas y con una predisposición absoluta.

La imagen de un Bryce, con aspecto de humano “normal”, hace unos años.

Con esto no quiero decir que absolutamente todo lo que venga firmado por este señor me parezca igualmente destacable. No quiero comenzar el post hablando negativamente de mi admirado Bryce. Tampoco me refiero a que la obra que nos ocupa, “Permiso para vivir (Antimemorias)”, sea una obra de peor calidad que otras. Pero, sí quiero dejar constancia de que la admiración por alguien debe partir del conocimiento más OB-JE-TI-VO posible de su obra. Y esto incluye reconocer y saber ver sus posibles defectos.

Para empezar: lo más destacable es que toma contínuamente como inspiración su propia vida. No es que haya tenido una vida aburrida, para nada. Pero ciertamente, casi todos sus protagonistas están, total o en parte, basados en sus propias experiencias vitales. Eso le quita un poco de sorpresa y creatividad al asunto, no lo vamos a negar. Así pues, cuando decidí leer su autobiografía, lo hice también con una pizca de recelo : “ojo, que a lo mejor es más de lo mismo”. Sí y no.

Para quienes no conozcáis nada de la obra de Bryce Echenique, os diré resumidamente que es uno de los autores peruanos más reconocidos internacionalmente, con un número de premios acumulados bastante considerable. También ha estado varias veces entre los posibles Nobel de Literatura. Nacido en una familia adinerada y de muy alto abolengo, dedicarse a la escritura no fue nada fácil para él. Además de la oposición familiar, debió sufrir la precariedad laboral, la pobreza, la emigración, y la confrontación de ideales para con sus seres queridos. Esto ha sido una caldo de cultivo fabuloso que le ha ido de miedo a la hora de crear historias y personajes. Pero el mejor condimento que Bryce Echenique le pone a sus obras no son sus vivencias personales, sino su maravilloso y original enfoque de la vida, las personas y las relaciones. Así como un tremendo y campechano sentido del humor.

Y el Bryce actual. Más parecido a una muñeca cabbage patch kids que al hombre que fue.

Es ésta su arma más potente y con la que compensa con creces su presunta falta de creatividad. Y no me refiero exclusivamente a lo dicho en el párrafo anterior, sino al plagio puro y duro; ese fantasma tan feo que consigue que todo autor señalado como mero sospechoso, ya nunca deje de ser visto por los demás como un puro farsante, poco menos. Vaya, y con razón.

Bien: dicho esto, lo que puedo deciros de “Permiso para vivir (Antimemorias)” es que lo leáis. Pero no sin antes haberle dado algún tiento a alguna de sus obras más biográficas (sin serlo, pues son novelas en realidad), las ya citadas “Un mundo para Julius” y “La vida exagerada…”. Cronológicamente van en este orden, pues la primera narra su niñez, y la segunda su juventud y primer matrimonio. Es más fácil entender la autobiografía si hemos leído las otras dos. Aunque no obligado. Os advierto que para pasar un buen rato basta con que conozcáis sólo algunas de las impresiones de Bryce Echenique para pillarle el punto absurdo a las cosas que le pasan. Porque “Permiso para vivir” tiene mucho de esa interpretación que hace Bryce de las cosas importantes. Yo he llegado a llorar de la risa (!¡) con el capítulo Hugo Jugo. No tiene desperdicio tampoco la historia sobre su tesis doctoral… Pero hay además una parte de gran sensibilidad y emociones, tan propia de este autor como el humor.

Es por algo que la continuación de esta obra se llama “Permiso para sentir”.