Archivo de la categoría: Autores norteamericanos

Alejandro Magno (Roger Caratini)

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Hoy quiero confesar que vivo enamorada… En realidad no es de la Pantoja, con todos mis respetos por esta señora y las folklóricas en general, sino por el héroe por excelencia de la Historia Antigua, Μέγας Αλέξανδρος, querido Aléxandros III rey de Macedonia desde el 336 a.c. hasta su muerte por (presuntamente, que hay opiniones varias al respecto) paludismo en el 323 a.c. No voy a aburrir a nadie con datos históricos, lo prometo. Para consultar está Google, que recoge casi 2 millones de entradas por esta consulta.
Ha sido siempre admirado, principalmente porque consiguió vencer al Imperio Persa, la madre de todos los Imperios de la Antigüedad anteriores al Romano. Una acumulación tan vasta de territorio que nadie en su sano juicio se planteó conquistar, más por el temor a su gigantesco ejército, que por lo poderoso que fue militarmente. Y no se quedó ahí. Pero he prometido no dar la chapa en plan libro de texto.

No soy nada original buscando fetiches en la Historia, lo sé. Tampoco voy a ponerme romántica contando algunos detalles de lo que los entendidos opinan que pudo conformar su carácter: su ansia de ir más allá, el anhelo incombustible de un chaval que lo único que quería era llegar al final. De algo. De todo. De hecho, no se caracterizó por ser un buen gobernante, porque lo hacía en realidad era conquistar territorio tras territorio, fundar ciudades y puertos (varias Alenjandrías, de las que sólo pervive la ciudad egipcia) y seguir adelante con su ejército, pero dejando en manos de otros la gestión de estas provincias. Puede que esta sed insaciable de ir más lejos estuviera relacionada con las tensiones vividas en la infancia, tanto con su padre como son su madre, algo que convirtió su vida en una espiral de satisfacción por lo conseguido, (hasta el punto de ser considerado un dios, también por él mismo) e insatisfacción crónica al mismo tiempo. Magnánimo en el agradecimiento y terrible en la cólera. Viviendo como si fuera a durar para siempre, y a la vez como si fuera el último día.

Lo mejor de todo esto es que él también era fan y tenía sus propios héroes, a los que quería acercarse tanto en sus logros personales como en los militares. Por ejemplo, la relación tan intensa que mantuvo con su amigo Hefestión, comparable y paralela según él a la de sus idealizados Aquiles y Patroclo, héroes de Troya. O Ciro el Grande, mítico Gran Rey de Persia, que creó el impresionante imperio del que hemos hablado, y al que rindió homenaje en su propia tumba y al que pretendía emular. ¿No es curioso el hecho de que los héroes sean fans de otros héroes?

Bueno, al final algún datillo sí que ha caído. Pero es que es inevitable explicar por qué Alejandro es “el Magno”, por qué desde el mismo día de su muerte fue adorado y admirado. Se dice que tanto Julio César como Augusto fueron a visitar su tumba (hoy aún no sabemos dónde está). A mí, en realidad me encanta el mito por varios motivos, como a miles de personas amantes de las leyendas de la Historia, ya he dicho que me confieso poco original. Pero es que he tenido la suerte de tener en mis manos montones de libros maravillosos (dejo aquí solamente estos dos “botones”: uno es novela, el otro ensayo) sobre el tema que, lejos de dejarle a uno satisfecho con lo aprendido, avivan ese come-come de saber cómo serán otras opiniones, de volver a leer otra vez cómo cruzó el desierto o cómo enloqueció a la muerte de Hefestión, no sé, es como ver una buena peli muchas veces: sabes cómo termina, pero no te cansas de verla. Porque la imaginación es el proyector con el que vemos las películas que narran los libros.

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El club de la lucha (Chuck Palahniuk)

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El club de la lucha (Chuck Palahniuk)

Hace tiempo que tuve la suerte de tener “El club de la lucha” entre manos. No recuerdo los detalles, pero no importa. Hacía tiempo que no leía una historia tan original, con unos personajes tan redondos, un protagonista tan contradictorio y a la vez tan irresistible. Alguien que sabe que no es un héroe. Tan humano, en una palabra. Y es que ¿no estáis algo cansados de esos best-seller en los que el protagonista es siempre alguien especial? ¿Uno entre un millón? No siempre una historia del tipo de la de “El club de la lucha” consigue enganchar a todo el mundo. Porque tiene mucho de extrema. Pensad que todo en la novela rodea al hecho de que los fines de semana montones de jóvenes oficinistas insatisfechos, se ostian entre ellos sin ningún objetivo aparente. Inquietante, ¿no?

Un pero que muy bien traído protagonista sin nombre de la versión en cine de El club de la lucha.

Un pero que muy bien traído protagonista sin nombre de la versión en cine de El club de la lucha.

Llevar las novelas al cine es algo que me provoca una reacción de amor-odio casi siempre (hay excepciones). Tengo la sensación de que, a pesar de que la

peli tuvo un éxito pero que muy considerable, no llegó a generar la polémica que sí consiguió en su día la novela. Y es que hay cosas que sólo pasan en el mundo literario. Me refiero principalmente a lo que yo llamaría sorpresa intelectual. Esto es: de repente entender una realidad que nunca antes te habías planteado. Verlo en cine, a través de los ojos de un director, teniendo en cuenta los matices de los actores, que si la iluminación, que si los guiones… Que si hay que dedicar siempre un momento a la comparación con el libro… Es mucho trabajo. Y sí, puede llegar a sorprendernos una película, claro. Pero solamente a ciertos niveles. Tengamos en cuenta que siempre esperamos cosas sorprendentes en una película, no es nada novedoso que lleguen los extraterrestres, que caiga una bomba nuclear en algún sitio, o que al final Bruce Willis estuviera muerto.

Nunca viene a ser lo mismo que abrir un libro, devorarlo y digerirlo por nosotros mismos. Son varios días de digestión al más puro estilo boa constrictor. Estas otras digestiones pasadas por la turmix del cine suelen estar bien, pero pocas te dejan con la boca abierta, pensando: ¡¿pero SERÁ POSIBLE…?!

"Tío, te confieso que no me he leído el libro"

“Tío, te confieso que no me he leído el libro”