Archivo de la categoría: Autores norteamericanos

El jilguero (Donna Tarth)

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El jilguero (Donna Tarth)
Donn Tarth. Comunidad Lectora

La enigmática Donna Tarth: Vive en una granja en Virginia y escribe un libro cada 10 años. Apenas concede entrevistas. ¿Hay algún punto del patrón ‘escritora de culto’ que no cumpla esta mujer?

Acabo de terminar este libro esta misma tarde. Me ha parecido tan inmenso que no he podido evitar ponerme a escribir inmediatamente sobre él. He estado echando un vistazo a lo que se dice de El jilguero en la red, aunque en realidad ya sabía que Donna Tarth es una de las autoras norteamericanas más notables – yo creo que tiene un halo europeo que hace de ella la escritora bohemia, al estilo al que anhlea y aspira todo buen cosmopolita norteamericano, es decir: un “Dickens en París”, mezcla de talento, misterio y glamour -. También supe que Amazon había galardonado a esta novela como ‘Libro del Año’; y luego, ¡ZASCA!, se lleva nada menos que el Pulizter 2014.

Donna Tarth es una autora muy poco prolífica, escribe una obra cada década, aproximadamente. Pero si con su primera novela, ‘El secreto’, ya disfrutó de un rotundo éxito, a la tercera, ‘El jilguero’, se le ha llegado a considerar una de las obras maestras de inicios del S. XXI. He podido ver la única entrevista que la autora ha concedido para hablar de esta maravillosa obra, (subtitulada: aquí) y la verdad, me ha decepcionado un poco escucharla hablar de cosas que no eran,  exclusivamente, el libro. Porque me ha dejado tan obsesionada que necesito saber más sobre ese laaaaargo proceso de creación. El jilguero ha sido escrito durante 10 años. ¡¡Diez añazos!! ¿Pero vosotros recordáis dónde estábais hace 10 años! La agenda de Donna Tarth no debe tener muchas páginas… Lo que sí es cierto es que mantiene ese aura de intelectual misteriosa, que no concede entrevistas, admirada, inalcanzable. Un poco la Greta Garbo de las letras norteamericanas. Yo sigo diciendo que, de todas formas, a estos yankees les va mucho esto de adornar las cosas de un resplandor peliculero, pero a lo que íbamos…

No sé si voy a ser capaz de hacerle el suficiente honor a esta obra al hablaros de ella. Simplemente: inmensa.  El jilguero es un libro redondo. No sólo la trama es difícilmente definible (tranquilos, lo voy a intentar) por sofisticada, sino que ésta se desdobla lo suficiente como para no ser lineal, sino que tiene suficientes giros como para abarcar estilos como la novela negra, el drama, o la novela juvenil, evitando siempre finales predecibles. Destila de todo, pero lo francamente difícil de describir, y a la vez una de las razones por las que es tan hipnótico es ese nivel de in-ti-mi-dad. Con Theo, con su entorno, con su trabajo, con su drama, con sus adicciones. Con el cuadro.

Tampoco había oído yo antes nada sobre el cuadro que tiene tanto valor en esta historia como Theo y que se llama precisamente igual que la novela. Parece ser que su autor, Carel Fabritius, un pinto flamenco del S. XVII, también tiene una historia detrás, debida sobre todo a su prematura muerte y a la falta de datos acerca de su vida. Por supuesto, he estado informándome todo lo que he podido sobre él porque no puedes terminar este libro sin ir derecho a Google a verlo, aunque sea a través de píxeles. Con todos ustedes, El jilguero de C. Fabritius.

El-jilguero, de C. Fabritius. Comunidad Lectora

Los pensamientos del protagonista te llevan muy lejos. Lo compadeces. Lo entiendes. Lo puedes sentir. Las últimas 10 páginas son de un filosófico que, lejos de asustar, te deja convulso pero con los ojos muy abiertos. De sorpresa y admiración, se entiende, no es que provoque ataques epilépticos a lo ‘Pokemon’. Y, una vez terminado el libro (ojito, son más de 1.100 páginas), sigues con esa sensación de vértigo. Vértigo profundo pero muy racional, analizando en soledad, con el libro en la mano, esas reflexiones sobre qué es ser uno mismo, las sensaciones que nos produce enfrentar la realidad, y también todolo contrario: qué sentimos cuando traspasamos la línea porque queremos ser algo que no somos, no poder elegir, a pesar de todo. Y por supuesto, sobre el arte.

En fin, el caso es que otra de las peculiaridades que me ha dejado sin aliento con esta novela es el nivel de descripción de los mundos que trata: la orfandad, el arte, shock post-traumáticos, el mundo de las antigüedades y la restauración (con detalles de una profesionalidad increíble), las drogas, la alta sociedad neoyorkina, el mundo del crimen organizado. De todo sabe estar mujer y todo lo expresa con una rotundidad que es invetable pensar si tirará de experiencias propias a la hora de documentar las vivencias de Theo. Que no son pocas (acompañamos al protagonista desde su pre-adolescencia hasta una madura juventud), y teniendo en cuenta, como decía antes, ese grado de intimidad en que logra Tarth que te veas involucrado como lector. Parece que estés leyendo el diario de alguien muy cercano, de un familiar, de un hermano.

Añadir, por último, porque merece una mención, la calidad de la escritura, la elección de las palabras y la traducción. Lo dejo en un sólo epíteto, para que no quede muy empalagosa la crónica: sublime.

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Las brujas de Salem (Arthur Miller)

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Las brujas de Salem (Arthur Miller)

Con “Las brujas de Salem” innauguramos nuestra sección de teatro. El teatro es una forma literaria que considero infravalorada por el gran público en favor de la novela, cuando lo cierto es que el primero nos permite una lectura tremendamente fácil. El autor contribuye más a la hora de dibujarnos el marco imaginario donde se desenvuelven los personajes y desarrollan las tramas. Es cierto que en la novela se establece de igual manera una descripción de los personajes y sus relaciones (aspectos fícicos y psíquicos). Pero bien es verdad que con el teatro, además, podemos experimentar cómo nuestra imaginación vuela al lado de la del propio autor, puesto que no sólo nos plantea la historia, sino que va más allá con la descripción detallada de escenas, decorados, iluminación… En fin, lectores vagos del mundo: el teatro es vuestra respuesta.

Lo cierto es que se trata de una obra (repito lo de sieeeempre: en mi humilde opinión) más bien tirando a facilona. No lo digo Juicio-a-las-brujas-de-Salem. Comunidad Lectoradespectivamente, más bien quiero referirme a que puede leerse en dos días sin despeinarse, sin que nos resulte apagada, lenta o aburrida. Tiene una trama realmente atractiva, y es que para quien no lo sepa, el juicio de las brujas de Salem fue un hecho real, ocurrido en Salem (Masachussets) en el S.XVII, en una comunidad cristiana de un fanatismo extravagante incluso para entonces, (comparadlo con los fiestones de Versalles, misma época), donde el mero hecho de bailar era pecaminoso.

Y hete aquí que un grupo de jóvenes es sorprendido en plena danza campestre, siendo ésta la disculpa para que se liara la de Dios es Cristo – comentario aquí muy bien traído – cuando acaban por ser consideradas brujas, acabando por delatar a otras tantas supuestas compañeras de aquelarre. Y ancha es Castilla. La sospecha, los abusos, las enemistades, los mandamientos, el chantaje, la mentira y el miedo tienen en “Las Brujas de Salem” un caldo de cultivo que pudiera ser muy fiel a los hechos reales. No en vano Miller se documentó para acometer su obra. Éxito rotundo en teatros de la época, por otra parte.

Love is in the air. También los intelectuales con gafas se enamoran.

Ahora bien, se espera una de semejante genio de la Literatura, premio Príncipe de Asturias de las Letras, ganador en dos ocasiones del premio Pulitzer, considerado uno de los mejores dramaturgos del S.XX., algo un poco más… complejo. No es que la obra no me haya gustado, todo lo contrario. La recomiendo fervientemente, pero bien es cierto que uno espera algo más. Quizá sea el valor que se tuvo la obra como arma arrojadiza contra la política del presidente norteamericano McCarthy y su personal “caza de brujas” contra el comunismo, lo que le quita un poco del aire místico y oscuro de la época.

“Las Brujas de Salem” tiene innumerables versiones, por supuesto en teatro, además de series de TV y películas. No las he visto todas, Dios me libre, pero sí puedo deciros que sin duda, sin duda alguna, mi John Proctor es Daniel Day-Lewis de aquí a Masachussets.

John Proctor-Lewis. Comunidad Lectora

La trilogía de Nueva York (Paul Auster)

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Ya era hora de que tocáramos algo de Paul Auster; recordemos que este señor es uno de los autores del S.XXI más leídos, reconocidos por público, crítica y también por otros autores contemporáneos, y por lo tanto, muy premiado. Recordemos que es Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2.006 y eterno aspirante al Nobel desde hace tiempo.

Auster en un retrato al más puro estilo "soy un escritor de culto"

Auster en un retrato al más puro estilo “soy un escritor de culto”

Como veis Auster es un autor de lo más consagrado, y aunque es conocida su faceta como guionista, pocos saben que se trata de un escritor versátil que ha experimentado con géneros como la poesía o el teatro, la traducción (del francés, con Sartre entre otras influencias) además del ensayo y la autobiografía. A pesar de semejante currículum, a mí, qué queréis que os diga, con toda la humildad del mundo, no me termina de enganchar. No penséis que soy uno de esos lectores de “lo sigo desde hace tiempo”, pero no he leído ninguna de sus obras. No puedes ir de farol si tienes un blog.En realidad tampoco me desagrada, sino que simplemente, no me parece tan fascinante.

Con “La trilogía de Nueva York” me decidí a traspasar la frontera de mi ignorancia frente a Auster, y aunque debo reconocer que la novela me gustó, no dejó en mí esa huella profunda que otros autores con menor proyección, e incluso más complicados de leer, sí han conseguido dejar.

Esta obra fue publicada originalmente en tres partes: Ciudad de cristal”, “Fantasmas” y“La habitación cerrada, y supondría el lanzamiento de Paul Auster como uno de los grandes narradores norteamericanos de los últimos tiempos.

Trilogía de Nueva York. Comunid@d Lectora

Como veis, se trata de tres relatos inconexos entre sí, algo ideal para quien quiera conocer un poco más de cerca el estilo de este autor, contrastanto entre ellos el estilo narrativo de Auster: sus obsesiones personales con toques de novela negra, la mezcla de ficción con ensayo, el enfoque del mundo real desde el punto de vista más intimista, el cuestionamiento de la identidad, ese sentimiento que se le achaca siempre de pensar que el azar no es algo arbitrario, sino que siempre nos llevará a alguna parte…

Se trata, pues, de una novela en la que para disfrutar de este autor en toda su plenitud, debemos saber leer entre líneas e intentar sacar el mayor partido posible al personal estilo de su prosa. No voy a engañaros: hay a quien este tipo de literatura le acaba decepcionando. En realidad no se trata de algo complicado de leer: absolutamente no. Sencillamente se trata de un autor al que hay que examinar con detenimiento para obtener de su obra todo lo que ésta puede aportarnos. Es la diferencia entre ser un lector aficionado sin más, y un cultureta en toda regla ;))

Nada mejor que hacer el intento personal de probar con alguno de estos relatos. Esperamos vuestras impresiones.

Los Borgia (Mario Puzo)

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Los Borgia (Mario Puzo)

Muchos de vosotros conoceréis a Mario Puzo por su inolvidable saga de El Padrino. Realmente fueron estos libros los que lo catapultaron a la fama e hicieron de él un  autor reconocido, especialmente cuando algunos de ellos fueron adaptados al cine con tan grandiosa elocuencia como hizo Coppola (de las que Puzo fue co-guionista, llegando incluso a ganar el Oscar en esta categoría por los dos primeros filmes). Sin embargo, no todos conoceréis que uno de sus pasiones fue la Edad Moderna europea, siendo Los Borgia uno de sus grandes mitos personales.

“Una copa de vino con César Borgia”. Nos da la imagen que casi todos tenemos de la intrigante familia a través de la evocación de John Collier.

Puzo dedicó gran parte de su vida a leer acerca del Renacimiento, pero fueron sus novelas sobre la mafia lo que lo catapultó al éxito y lo que las editoras y lectores habían reclamado siempre de él como autor. Por este motivo, no fue hasta los últimos años de su vida cuando decidió dedicarse a escribir “Los Borgia”, aquella  carismática familia a la que tantos años había dedicado a estudiar y tanto interés suscitaba en él, olvidando los intereses más comerciales de su trabajo literario.

De hecho, Puzo dejó esta obra inconclusa tras su muerte y fue terminada por su  colaboradora y pareja sentimental (previamente enfermera, un poco de cotilleo nunca hace mal a nadie), Carol Gino en 2.005.El resultado es una novela bastante completa, donde se conjugan los hechos reales e históricamente contrastados con el analítico tratamiento que Puzo hace de los protagonistas. Todos los seguidores de novela histórica coincidiréis conmigo en que este modo de abordar estas obras es el habitual, y el hecho de combinar la parte verídica con la inevitable interpretación personal del autor para tratar los matices, defectos y virtudes de cada personaje, es inevitable. Y nos procura a los lectores una manera de llegar a la Historia y a la vez comprenderla en parte, al menos vista con los ojos de alguien (mejor o peor) documentado.

Hablemos un poco de quiénes son los protagonistas.

Alejandro VI: a Dios rogando y con el mazo dando…

Rodrigo Borgia, el cabeza indiscutible de familia y posterior Papa Alejandro VI. Qué decir… en dos palabras: ¡MENUDO PÁJARO! Consiguió, con todo en contra, convertirse en un Papa extranjero y llevar a la familia Borgia a lo más alto; desde luego sin reparar mucho en asuntos de moralidad ni ética alguna, es decir: el fin justifica los medios, y para engrandecer los Estados Pontificios y favorecer de paso a los suyos, a este señor nada se le ponía por delante.

César, sin la máscara que llevó tantos años para ocultar las secuelas de la sífilis… ay pillín.

César Borgia, gran promesa familiar desde su infancia debido a su fuerte carácter y ambición. Su padre se encargó de hacerlo cardenal y posterior capitán general del ejército vaticano, además de duque y otro montón de títulos nobiliarios (aquí se ve que la avaricia era un pecadillo sin importancia). Su relación, las malas lenguas afirman que incestuosa, con su hermana Lucrecia ha hecho correr ríos y ríos de tinta. Pero a estas alturas, de qué nos vamos a extrañar ya con esta gente…

Lucrecia, la bella entre bestias. Aquí con un look pre Woodstock-hippie del S.XV.

La bella, dulce e inocente Lucrecia Borgia. Los historiadores nos vienen contando que con esta mujer no se ha hecho nunca la justicia debida, pues se nos presentó siempre como una auténtica devorahombres sin piedad, además de ser descrita como ambiciosa y sin escrúpulo alguno. El mismito demonio, vaya. Sin embargo últimamente varias biografías suyas han pincelado a una mujer que se limitó a ser un peón en manos de su padre, que hizo uso de ella como más beneficioso le resultara a sus intereses, y que se trató de una mujer culta y con una sensibilidad fuera de duda.

Éstos son unos apuntes muy leves de lo que podríamos (o no) conocer de antemano de algunos de Los Borgia. Pero que no decaiga porque como pasa con casi todos los libros, los personajes, como las personas reales, estos están cargados de cientos de connotaciones, matices y contradicciones, y sus actos no siempre se corresponden con lo que se espera de ellos. Así que podéis llevaros alguna sorpresa a la vez que conocéis un poco mejor lo que fue la Roma y El Vaticano de los S. XV y XVI. Pues para quien no haya tenido ningún contacto anterior con la historia de aquella oligarquía italianala Roma renacentista, esta novela es una introducción estupenda. Sin duda, una época apasionante donde las haya.

“Los Borgia” de Mario Puzo nos acercará un poco más a las tramas e intrigas vaticanas que tantas leyendas han levantado a su paso, teniendo en cuenta que muchísimas de las cosas que se nos cuenta fueron absoluta y definitivamente reales.

Danza de dragones (George R.R. Martin)

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Danza de dragones (George R.R. Martin)

Muchos de vosotros conoceréis, ya no como lectores, sino como espectadores, la serie de televisión Juego de Tronos. Ése no es más que el título de la primera novela de la serie de fantasía épica Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin, en la que se basa dicha serie televisiva.

Yo te nombro friki mayor de los Siete Reinos.

Los seguidores de los libros, declaro aquí públicamente que soy uno de ellos, sabréis que antes del verano llegó a España “Danza de Dragones”, la quinta y (parece ser) antepenúltima obra que cerraría esta estupenda serie de aventuras medievales y de ciencia ficción que trae a medio mundo de cabeza. Lo cierto es que verdaderamente los lectores de esta saga están de forma absoluta entregados a su autor, los cientos de tramas, personajes y misterios que rodean a estos libros. Parece que ser que ha sido la ingente cantidad de seguidores en todos los países, lo que ha llevado a la productora HBO a apostar por una serie que difícilmente iba a defraudar a nivel de audiencias. Eso sí, jugando siempre con el riesgo de que lo fans-fatales de Martin pudieran considerarla una chapuza… Pero no ha sido así. En este caso, el éxito se consigue contando con el impagable asesoramiento del propio autor al rodaje y guiones de la serie. Recordad el enorme triunfo cosechado por Peter Jackson con las adaptaciones de Tolkien al cine, tanto a nivel de público como de crítica (Oscars y demás vainas). Por cierto que Martin se ha declarado siempre abiertamente seguidor del grandísimo Tolkien y sus mundos de fantasía épica.

Y volviendo a “Danza de dragones”, os recomiendo fervientemente recurrir a la edición de Gigamesh, puesto que existe una versión que el propio autor, a modo de deferencia cariñosa, hizo llegar en primer lugar a sus fans de todo el mundo para que fueran ellos mismos quienes lo tradujesen a sus propios idiomas (ya os digo que es peña muy organizada) antes de ponerlo editorialmente en circulación. Y la traducción se ha hecho por diferentes personas en cada capítulo. En una palabra: un horror.

¿Qué encontraréis de nuevo en esta quinta entrega? Pues mucho y nada. A nivel de estilo épico-fantástico medieval, es más de lo mismo. Lógicamente. Y así será hasta que la serie esté finalizada. De eso se trata, amigos. Pero viene avisando de lo bueno: se acerca el invierno, no digo más. A nivel de tramas, un poco de lo mismo también: muchas historias cruzadas, algunos personajes nuevos, otros que no tenían mucha relevancia en obras anteriores destacan algo más, y viceversa. Sin embargo no deja nunca de sorprendernos con giros inesperados en las historias de los personajes más interesantes y destacados. La acción se desarrolla en gran parte en las llamadas ciudades al otro lado del Mar Angosto: Meereen, Pentos, Yunkai. Y bueno, las traiciones y alianzas propias de Canción de Hielo y Fuego, enmarcadas en una situación de inestabilidades y guerras en los Siete Reinos sigue siendo la base de todo lo demás. Aunque quizá puede que la situación haya llegado a ser más convulsa que en los libros anteriores. Eso sí: para acabar dejándonos en la más absoluta ignorancia final. En esto de lo intriga, Martin es un maestro. Así que aquí, más de lo mismo significa leer sin poder parar hasta acabar el libro. Y esperar al próximo como agua de mayo…

Creo que en “Danza de dragones” Daenerys podría ser el personaje más destacado y quien termina teniendo la clave para lo que pueda suceder en próximas entregas. Por otro lado, Jaimie Lannister pierde fuelle en este libro, igual que Arya Stark, a pesar de que en el anterior nos tenían con el corazón en un puño con el viraje de sus historias. Y Jon, en el Muro, otro de los personajes más carismáticos… ¡uf! Sin sangre en las venas estoy aún.

Un dato curioso: ganó el Premio Locus en 2012 a la mejor novela de fantasía. Para saber más podéis echar un vistazo a todas las entradas que hay en Wikipedia. Os dejo el link a la de esta última novela.

Memorias de una geisha (Arthur Golden)

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Memorias de una geisha (Arthur Golden)

Esta novela, best-seller de éxito mundial, se publicó durante los años noventa y supuso toda una revolución porque abría una puerta al fascinante mundo asiático, y más concretamente al inaccesible de las geishas, al gran público. Algo que, queramos o no, siempre ha intrigado a los occidentales desde que los soldados norteamericanos volvieron a casa hablando a viva voz de su existencia después  de la Segunda Guerra Mundial. (Si bien los más eruditos conocían la historia de Madamme Buterfly, pero digamos que esta referencia pertenece a un mundo algo menos “popular”).

El libro está escrito de una forma exquisita en el sentido de que, aunque mantiene un estilo primordialmente occidental (su autor es Arthur Golden, un especialista en arte japonés y estudioso de la cultura china y japonesa, pero norteamericano de Tennesee al fin y al cabo), no dejan de aparecer matices de un estilo mucho más oriental en muchas descripciones o metáforas, que hacen que consiga mantenernos en una “estética visual imaginaria ” (si se me permite la expresión) constante durante el relato. De hecho, parece que la historia del gérmen de esta novela fue la inspiración de Golden en las aventuras y desventuras de una geisha real  (Mineko Iwasaki). Iwasaki acabó demandando a Golden, aunque finalmente llegaron a un acuerdo y la japonesa terminó escribiendo su propia novela: Vida de una geisha. Si bien hay que ser justos y comentar que Golden siempre advirtió que la historia de la protagonista de su novela era 100% ficticia.

Polémicas aparte, se trata de una novela que tiene desgracias, amor, amistad, guerra (vamos, lo que no dejar de emanar cierto tufillo a telenovela, pero así son muchos best-seller). De hecho, la enorme mayoría de sus lectores han sido y son mujeres.  Pero también constantes guiños a una cultura y forma de vivir que en realidad es el gancho perfecto para decidirse a leer Memorias de una geisha porque en ese sentido, no decepciona.

Mencionar por último que este libro fue origen para la famosa película con el mismo nombre y ganadora de numerosos premios.

Una de las maravillosas imágenes que podemos disfrutar en la película

Alejandro Magno (Roger Caratini)

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Hoy quiero confesar que vivo enamorada… En realidad no es de la Pantoja, con todos mis respetos por esta señora y las folklóricas en general, sino por el héroe por excelencia de la Historia Antigua, Μέγας Αλέξανδρος, querido Aléxandros III rey de Macedonia desde el 336 a.c. hasta su muerte por (presuntamente, que hay opiniones varias al respecto) paludismo en el 323 a.c. No voy a aburrir a nadie con datos históricos, lo prometo. Para consultar está Google, que recoge casi 2 millones de entradas por esta consulta.
Ha sido siempre admirado, principalmente porque consiguió vencer al Imperio Persa, la madre de todos los Imperios de la Antigüedad anteriores al Romano. Una acumulación tan vasta de territorio que nadie en su sano juicio se planteó conquistar, más por el temor a su gigantesco ejército, que por lo poderoso que fue militarmente. Y no se quedó ahí. Pero he prometido no dar la chapa en plan libro de texto.

No soy nada original buscando fetiches en la Historia, lo sé. Tampoco voy a ponerme romántica contando algunos detalles de lo que los entendidos opinan que pudo conformar su carácter: su ansia de ir más allá, el anhelo incombustible de un chaval que lo único que quería era llegar al final. De algo. De todo. De hecho, no se caracterizó por ser un buen gobernante, porque lo hacía en realidad era conquistar territorio tras territorio, fundar ciudades y puertos (varias Alenjandrías, de las que sólo pervive la ciudad egipcia) y seguir adelante con su ejército, pero dejando en manos de otros la gestión de estas provincias. Puede que esta sed insaciable de ir más lejos estuviera relacionada con las tensiones vividas en la infancia, tanto con su padre como son su madre, algo que convirtió su vida en una espiral de satisfacción por lo conseguido, (hasta el punto de ser considerado un dios, también por él mismo) e insatisfacción crónica al mismo tiempo. Magnánimo en el agradecimiento y terrible en la cólera. Viviendo como si fuera a durar para siempre, y a la vez como si fuera el último día.

Lo mejor de todo esto es que él también era fan y tenía sus propios héroes, a los que quería acercarse tanto en sus logros personales como en los militares. Por ejemplo, la relación tan intensa que mantuvo con su amigo Hefestión, comparable y paralela según él a la de sus idealizados Aquiles y Patroclo, héroes de Troya. O Ciro el Grande, mítico Gran Rey de Persia, que creó el impresionante imperio del que hemos hablado, y al que rindió homenaje en su propia tumba y al que pretendía emular. ¿No es curioso el hecho de que los héroes sean fans de otros héroes?

Bueno, al final algún datillo sí que ha caído. Pero es que es inevitable explicar por qué Alejandro es “el Magno”, por qué desde el mismo día de su muerte fue adorado y admirado. Se dice que tanto Julio César como Augusto fueron a visitar su tumba (hoy aún no sabemos dónde está). A mí, en realidad me encanta el mito por varios motivos, como a miles de personas amantes de las leyendas de la Historia, ya he dicho que me confieso poco original. Pero es que he tenido la suerte de tener en mis manos montones de libros maravillosos (dejo aquí solamente estos dos “botones”: uno es novela, el otro ensayo) sobre el tema que, lejos de dejarle a uno satisfecho con lo aprendido, avivan ese come-come de saber cómo serán otras opiniones, de volver a leer otra vez cómo cruzó el desierto o cómo enloqueció a la muerte de Hefestión, no sé, es como ver una buena peli muchas veces: sabes cómo termina, pero no te cansas de verla. Porque la imaginación es el proyector con el que vemos las películas que narran los libros.