Archivo de la categoría: Autores latinoamericanos

La tregua (Mario Benedetti)

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La tregua (Mario Benedetti)

La Tregua es una pedazo de historia de amor. Pero que nadie espere acarameladas y vibrantes escenas a lo Federico Moccia porque esta historia no pertenece a ese romanticismo más tópico y popular, puede que con un toque comercial (cuidado: no se lea aquí comercial como término despectivo, sino representativo), ni es de esas relaciones estandarizadas que todos esperamos cuando se intuye que exista un atisbo de posibilidad de “chicha” entre dos personas. No busquéis 000_550501_469290523102685_1002165794_nflechazos. Tampoco los protagonistas son los típicos porque, como decía, esta historia no trata – ni lo requiere – de adolescentes con grandes dosis de  intensidad amorosa corriendo a raudales entre sístoles y diástoles, con morreos bajo la lluvia y tal. Pero sí creo que estos dos implicados de La Tregua comparten con los púberes protagonistas de estas otras historias de amor una cosa: la intención del “quiero vivir a mi manera”. Ahí lo dejo.3ae525b064963a30e2370e90eb79a292

Precisamente por lo que acabo de contar, no se puede esperar de esta obra un ritmo trepidante. No hay carreras esquivando gente por llegar a la chica, que se ha ido cabreadísima y llorando a moco tendido después de dar un portazo en la cafetería, todo ello envuelto en ese glamuroso estilo “made in Hollywood” que todos tenemos en mente. Lo que quiero decir es que La Tregua tiene un tempo lento, que nadie lo deje a la mitad por eso, porque es ni más ni menos que el que requiere la historia. Aún así, es imposible que deje indiferente la cantidad de sentimiento (no sentimentalismo) que desprende Martín, el Romeo de nuestra novela. Él es quien narra los sucesos, y también quien los protagoniza. Es a través de su corazoncito pesimista, de cincuentón con familia, quien reconoce abiertamente no saber si llegó a amar alguna vez a su difunta esposa, y que no espera nada ya de la vida, emocionalmente hablando, desde el cual llegaremos a sentir en qué consiste esta tierna historia de amor a destiempo. La Tregua es un título que tiene una misión: la de resumir el concepto de esta historia y lo que ella supone a nuestro tristón Martín.

mario-benedetti. Comunidad Lectora

Benedetti, en una de sus últimas entrevistas. No se le ven, pero tiene mucha pinta de ir en zapatillas de andar por casa.

Beneditti era un grandísimo romántico. Un poeta de consolidada trayectoria (¿existe consolidadísima?. Voy a mirar…). Las frases lapidarias de este autor uruguayo sobre el amor, los sentimientos, y la vida en general, son usadas a diario para dedicatorias personales desde que Google sirve para buscar versos de otros con los que impresionar. Toda una inspiración para Acción poética. No en vano se dedicó, además de a la poesía y la novela, al ensayo. Un señor con aspecto de “abuelo abracitos” que vivió su propia historia de amor durante 40 años. A menudo me pregunto qué sabrán del desamor los individuos que sólo han amado (y siguen amando) a una única persona en su vida. ¿Qué pueden saber de la oportunidad de fallar, para acabar eligiendo entre varios/as al definitivo/a? Nunca sabremos cómo entienden el desamor, pero, lo que tengo claro después de leer La Tregua, es que se puede representar en palabras el sentimiento ajeno, y hacerlo tan vívido, que otras personas lo puedan llegar a sentir también. Tiene mérito cuando no se tira de vivencias propias, ¿no creéis?

Benedetti. Comunidad Lectora

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Cien años de soledad (Gabriel García Márquez)

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Cien años de soledad (Gabriel García Márquez)

Nos vamos a atrever con una de las novelas más leídas, y consecuentemente, también más comentadas de la historia de la literatura: “Cien años de soledad”. No es fácil enfrentarse con un clásico cuando a la vez es de creación tan relaticamente reciente. Muchos de nosotros hemos leído la obra o al menos, sabemos de muchos conocidos que la han leído, hemos oido o tenemos nuestras propias impresiones y comentarios. También nos enfrentaremos a hablar un poco del realismo mágico, ese estilo tan particular de los países latinoamericanos que nos ha fascinado, y del que “Cien años de soledad” viene siendo un estandarte.

De esta obra, como digo, se ha dicho de todo. Vamos a intentar que este post recuerde lo más emblemático de la novela, intentando introducir alguna cosa nueva. A mí, particularmente, me sedujo desde el principio. No había leído nada de García Márquez hasta esa fecha. La historia de Macondo, la humildísima aldea nacida en medio de la nada, espejo de todas las ciudades del mundo porque, en realidad ¿qué ciudad nace siendo una gran metrópoli? Se ha hablado largo y tendido sobre si Macondo era o no un lugar real. Su autor siempre afirmó que no existía, pero parece ser que pudo inspirarse en un pueblo auténtico cercano a la selva colombiana: Aracataca, localidad natal de Márquez.

Macondo es una metáfora; del mundo occidental, del paso de la vida rural a la industrial, de la historia y evolución del mundo, en una palabra (me he prometido no ponerme muy petarda). De cómo algo pequeño se convierte en algo tan grande que acaba por resultar incontrolable. El progreso puede ser un espejismo de algo mejor. Vivir el crecimiento de Macondo a través de las sucesivas generaciones de los Buendía es, para mí, lo mejor de “Cien años de soledad”.

Por otro lado, podemos encontrar parelelismos con la historia real de Colombia, situándonos entre el S.XIX y XX, una época de movilizaciones, guerras e inestabilidades políticas.

La familia Buendía, hilo conductor de la novela y eje a través del cual seguiremos la evolución de Macondo, es la que nos permite atribuir carne, sentimientos, nombres y caras a las historias. Porque hablamos de generaciones de Buendías, encontrándonos en cada una de ellas a personajes con caracteres propios. En ocasiones,  con rasgos heredados de aquellos parientes que los precedieron y con los que suelen compartir nombre. Esto puede acabar resultando bastante complicado de seguir en ocasiones, por lo que no es extraño que en muchas ediciones de “Cien años de soledad” se incluya un árbol genealógico de esta familia.

Los Buendía de Cien Años de Soledad. Comunidad Lectora¿Qué decir sobre el realismo mágico? En pocas palabras, es la corriente literaria donde se da una interpretación de la realidad en la que se mezcla lo verdadero con lo imaginario, marcado por ciertos toques sobrenaturales. García Márquez fue un gran ejemplo de esta corriente literaria, entre otros. Podríamos citar también a Isabel Allende, Laura Esquivel o Juan Rulfo. Márquez atribuía a su abuela materna muchas de las historias extraordinarias que le habían contado, y que él utilizaba como inspiración en algunas de sus obras.

En general, “Cien años de soledad” es una novela que se lee relativamente bien, en especial la primera parte, donde Macondo es ese pueblecito pequeño que poco a poco vamos viendo crecer junto con la maraña de las vidas de sus habitantes. Es verdad, y lo oiréis comentar a muchos lectores, que la obra se pone más pesada a partir de su segunda mitad. El hecho de que los Buendía se multipliquen a lo largo del tiempo, y que muchos de sus nombres coincidan, hace que nos cueste seguir el hilo de la historia. Además, se dan situaciones cíclicas, que se repiten entre algunos de ellos a tarvés de los años. También es más tedioso cuando Macondo pierde aquel encanto humilde de sus inicios.

 

Lobas de mar (Zoé Valdés)

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Lobas de mar (Zoé Valdés)

No sé ni cómo empezar este post en el que tengo que explicar lo mala que me ha parecido esta novela. Lo cierto es que la cubana Zoé Valdés es una autora reconocida en el mundo literario de habla hispana y con varias obras premiadas. Así pues, a menudo los autores más prolíficos

Y qué mejor que poner esta foto de la autora, después de lo dicho en este post, para culminar mi venganza. Habla por sí sola.

Y qué mejor que poner esta foto de la autora, después de lo dicho en este post, para culminar mi venganza. Habla por sí sola.

pueden llegar a contar con alguna que otra obra más floja entre otras que pueden considerarse mejores. A veces los escritores profesionales escriben novelas por encargo o la temática puede venir sugerida por las editoriales en función de unos u otros intereses. Pero es que en realidad lo sorprendente de su “Lobas de mar” no es que le haya salido floja a Valdés, sino que sea verdaderamente tan, pero tan mala. Qué queréis que os diga, este blog no está para dorarle la píldora a nadie.

Ann Bony & Mary Read. Comunidad Lectora

Las supuestas filibusteras. Propuesta de tatuaje en la nalga para cualquier fan.

“Lobas de mar” narra las aventuras (basadas en dos historias reales) de dos mujeres, Ann Bonny y Mary Read, que en el S.XVII se embarcan bajo apariencia masculina y por diversos motivos, en un barco pirata. Algunos pensaréis que puede tratarse de una trama atractiva, por aquello de las aventuras y demás fanfarrias.

Lo que a mí me llamó la antención (creo haberlo comentado ya en algún otra post) es que haya unos hechos reales detrás. Y para los seguidores de los premios, otro gancho para “Lobas de mar” podría ser que obtuvo el Fernando Lara 2003 (premio vinculado al Grupo Planeta, para que os vayáis haciendo a la idea). Sin embargo, no sólo se trata de una historia pobre, con personajes planos, telenoveleros -en el peor sentido de la palabra-, con situaciones absurdas, más propias de un héroe de cómic pasado de rosca, que de algo que remotamente hubiera podido suceder de verdad. Zoé Valdés hace suyo eso de cualquier parecido con la realidad... Se pasa de “comercial”, por no decir peliculera. Y no quiero dejar de mencionar las escenas de sexo, que le quedan de lo más soez, para dejarlo en un único término.

Pero si lo que os estoy contando os parece poco, documentándome en la red he encontrado comentarios de otros lectores en los que se hila realmente fino con esta novela. En este blog podréis encontrar un listado de (atención) ¡palabras que aparecen en la obra y que no existen en castellano! Yo, que no he conseguido ese nivel de análisis, sí que pude advertir repeticiones tediosas de sustantivos como filibustera (ahí es nada) cada cuatro renglones, o resbalones cronológicos o geográficos, como cuando habla de Santo Domingo y La Española como de dos lugares físicamente distintos (!). Mejor que un premio, yo le hubiera dado a Valdés un Atlas de regalo.

¿Es posible que una novela como ésta pueda obtener un premio literario? Si queréis saber lo que opino de los Premios Planeta, echad un vistazo a este post sobre “Pura Vida”, de Mendiluce.

Y no puedo dejar de citar otros resbalones, en este caso publicados por El Cultural en junio de 2003: “Ocurre en este tipo de obras que los sucesos prevalecen sobre el modo de referirlos. Y uno se deja llevar por lo que ocurre a pesar de cómo se dice. Anoto, por ejemplo, en las tres primeras páginas nada menos que 18 gerundios […] Muy cerquita, en tres líneas se encadenan los términos maquinadora, aprovechadora y conocedora, con un efecto sonoro deplorable.”

Y no digo más, que me da la risa. Si tenéis mucha curiosidad, lo mejor es leerlo y así sabéis de qué os hablo.

Permiso para vivir (Antimemorias) (Alfredo Bryce Echenique)

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Permiso para vivir (Antimemorias) (Alfredo Bryce Echenique)

Antes de comenzar debo reconocer aquí que Bryce Echenique ha sido y es uno de los autores más leídos y admirados por quien aquí escribe. Aún no he tenido oportunidad de leer la totalidad de su obra. Sin embargo, desde que “La vida exagerada de Martín Romaña” cayó en mis manos, mi vida no ha vuelto a ser la misma.

Es por eso que después haber disfrutado de la reconocidísima “Un Mundo para Julius” (¡menos mal que no se llegó a rodar ninguna película!), y la ya citada “Vida exagerada de Martín Romaña”, me parecía que conociera a este señor personalmentede y toda la vida, como a un viejo amigo. Así pues, me lancé de cabeza a por su hilarante autobiografía, sin paracaídas y con una predisposición absoluta.

La imagen de un Bryce, con aspecto de humano “normal”, hace unos años.

Con esto no quiero decir que absolutamente todo lo que venga firmado por este señor me parezca igualmente destacable. No quiero comenzar el post hablando negativamente de mi admirado Bryce. Tampoco me refiero a que la obra que nos ocupa, “Permiso para vivir (Antimemorias)”, sea una obra de peor calidad que otras. Pero, sí quiero dejar constancia de que la admiración por alguien debe partir del conocimiento más OB-JE-TI-VO posible de su obra. Y esto incluye reconocer y saber ver sus posibles defectos.

Para empezar: lo más destacable es que toma contínuamente como inspiración su propia vida. No es que haya tenido una vida aburrida, para nada. Pero ciertamente, casi todos sus protagonistas están, total o en parte, basados en sus propias experiencias vitales. Eso le quita un poco de sorpresa y creatividad al asunto, no lo vamos a negar. Así pues, cuando decidí leer su autobiografía, lo hice también con una pizca de recelo : “ojo, que a lo mejor es más de lo mismo”. Sí y no.

Para quienes no conozcáis nada de la obra de Bryce Echenique, os diré resumidamente que es uno de los autores peruanos más reconocidos internacionalmente, con un número de premios acumulados bastante considerable. También ha estado varias veces entre los posibles Nobel de Literatura. Nacido en una familia adinerada y de muy alto abolengo, dedicarse a la escritura no fue nada fácil para él. Además de la oposición familiar, debió sufrir la precariedad laboral, la pobreza, la emigración, y la confrontación de ideales para con sus seres queridos. Esto ha sido una caldo de cultivo fabuloso que le ha ido de miedo a la hora de crear historias y personajes. Pero el mejor condimento que Bryce Echenique le pone a sus obras no son sus vivencias personales, sino su maravilloso y original enfoque de la vida, las personas y las relaciones. Así como un tremendo y campechano sentido del humor.

Y el Bryce actual. Más parecido a una muñeca cabbage patch kids que al hombre que fue.

Es ésta su arma más potente y con la que compensa con creces su presunta falta de creatividad. Y no me refiero exclusivamente a lo dicho en el párrafo anterior, sino al plagio puro y duro; ese fantasma tan feo que consigue que todo autor señalado como mero sospechoso, ya nunca deje de ser visto por los demás como un puro farsante, poco menos. Vaya, y con razón.

Bien: dicho esto, lo que puedo deciros de “Permiso para vivir (Antimemorias)” es que lo leáis. Pero no sin antes haberle dado algún tiento a alguna de sus obras más biográficas (sin serlo, pues son novelas en realidad), las ya citadas “Un mundo para Julius” y “La vida exagerada…”. Cronológicamente van en este orden, pues la primera narra su niñez, y la segunda su juventud y primer matrimonio. Es más fácil entender la autobiografía si hemos leído las otras dos. Aunque no obligado. Os advierto que para pasar un buen rato basta con que conozcáis sólo algunas de las impresiones de Bryce Echenique para pillarle el punto absurdo a las cosas que le pasan. Porque “Permiso para vivir” tiene mucho de esa interpretación que hace Bryce de las cosas importantes. Yo he llegado a llorar de la risa (!¡) con el capítulo Hugo Jugo. No tiene desperdicio tampoco la historia sobre su tesis doctoral… Pero hay además una parte de gran sensibilidad y emociones, tan propia de este autor como el humor.

Es por algo que la continuación de esta obra se llama “Permiso para sentir”.

Villa Diamante (Boris Izaguirre)

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Villa Diamante (Boris Izaguirre)

Qué queréis que os diga… Tenía que enfrentarme alguna vez con Boris Izaguirre. A pesar de todo. He de reconocer que su novela no me ha disgustado, a pesar de que no sabía qué esperar. Algo me hacía pensar que podría llegar incluso a gustarme. Y es que con respecto a los autores, y principalmente con respecto a los libros: ¡prejuicios fuera! De hecho, he procurado olvidar quién es el autor de Villa Diamante, por qué lo conozco, y cuál es mi opinión sobre él. No debe juzgarse a los hijos por los padres que tienen, aunque es inevitable que sean en parte un reflejo de aquéllos.

El caso es que he escuchado mucho hablar de Boris como escritor, y casi siempre bien. Eso me llamó la atención, principalmente porque (como muchos habréis adivinado ya) no se trata ni de lejos de un personaje que sea objeto de mi simpatía. No me hacen gracia, para empezar, ni sus gritos, ni sus estridencias, pero sobre todo y muy especialmente ese aire snob y de pijo pseudointelectual que se me da últimamente.

Eso de hablar de sus ejercicios junto a su entrenador personal, al más puro estilo Chábeli Iglesias, o declaraciones suyas como en las que afirma se inyecta bótox en las axilas para no sudar, le dejan a una pensando si este señor realmente será aquél que pasea por Londres en bicicleta hablando de Literatura y sin despeinarse ni un poco.

Dejo aparte el tema de Crónicas Marcianas y sus colaboraciones en aquel programa porque opino que sería injusto juzgar a la ligera por una serie de colaboraciones más o menos puntuales la trayectoria de nadie (estoy pensando en Leticia Sabater y cuánto mal le hizo aquello de “a mediodía…” Pa’bernos matao).

Pero hablemos de Villa Diamante. No se trata de una novela ni mucho menos frívola, al menos en su concepción. Otra cosa son los matices en la historia y en los personajes. La historia nos lleva a la Caracas de mediados del S.XX, durante la infancia de dos hermanas, Ana Irene y Ana Elisa, pertenecientes a una familia de la alta sociedad caraqueña venida a menos. Como no podía ser de otra manera, se cumplen ciertos clichés que esperaba encontrar antes de empezar: la fascinación de Boris por el mundo femenino, reflejado en las figuras de ambas hermanas, aparentemente los dos personajes protagonistas, y que me juego el cuello a que están inspiradas en dos estrellas de cine norteamericano en su época más dorada (otro cliché). Otra de las cosas que esperaba encontrar en esta novela es el telón de fondo de las dictaduras. Muchos, muchísimos de los autores sudamericanos dan, en mayor o menor medida, su visión sobre las agitadas trayectorias políticas de sus respectivos países. Izaguirre no iba a ser menos. Y estos hechos, vistos desde los ojos de dos “niñas bien”, resultan mucho más dramáticos. Porque la vida en las más altas esferas sociales, el lujo, las crónicas rosas, todas ésas son cosas que encajan también con la personalidad del propio autor. Y ya tenemos el cuarto cliché. No en vano Izaguirre se inició como guinista de culebrones en esto de la escritura.

Todo esto no hace de Villa Diamante una novela predecible o aburrida. Se trata de una lectura fácil, nada empalagosa y desde luego no falta de estilo. Lo que sí se dan es unos giros en la estructura de la historia y unos cambios de argumento demasiado drásticos. Me explico: cuando creemos que, aparentemente, conocemos el origen, los personajes, la esencia misma de lo que va a desarrollarse a continuación, el autor le da un giro de 180 grados y la historia re-comienza. De hecho, esta novela tiene 3 partes (3 giros de 180 grados) y todas ellas muy diferentes entre sí. Personalmente esto ha llegado a desorientarme un poco, sin que llegara a “cogerle el punto” a la protagonista.  Que, sí, al final es una de las hermanas (no digo cuál).

Reseñar también que este libro fue elegido Finalista del Premio Planeta 2.007. Podéis leer qué se cuchichea sobre estos Premios pinchando en este post anterior sobre la obra Pura Vida.