Archivo de la categoría: Autores españoles

El Asedio (Arturo Pérez Reverte)

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El Asedio (Arturo Pérez Reverte)

Hace tiempo que leí esta novela, aunque me ha parecido de lo más apropiado comentarla antes de que termine este año, por eso de la conmemoración del bicentenario de la Pepa. Para quien no lo sepa, en España tuvimos nuestra “segunda Reconquista” con la Guerra de Indendencia de los franceses, allá por el año 1.808.

Fue una turbulenta y apasionante época de la Historia, que ha dado lugar a numerosísimas obras literarias, algunas de ellas noveladas, además de películas y series de TV. Todas ellas nos han permitido alardear de un orgullo patrio algo rancio y casposo, sí, pero del que no se avergüenza uno, dados los tiempos que corren. Será por eso de que hace mucho ya de aquel glorioso 2 de Mayo y no da tanto palo sentirse un poco patriota.

Como decía, se trata de una época interesantísima en la Historia de España: hija de la Ilustración  del siglo XVIII pero acunada en el Despotismo Ilustrado del recién iniciado XIX. Todo esto para explicar que el pueblo acabó siendo el gran protagonista de los hechos que desembocaron en la citada Pepa, esto es, la Constitución de 1.812. Según algunos, acabó saliendo más liberal de lo que podíamos resistir.

En este marco es donde Pérez Reverte teje las historias de varios personajes, participantes todos en mayor o menor medida de los cambios que estaban produciéndose en nuestro país en general, y en Cádiz en particular. Pero igualmente integrantes todos ellos de una sociedad que no era tan parecida como se podía esperar a la del resto de la Península. Porque, como hemos dicho ya, las tramas de esta novela se desenvuelve en tierras gaditanas, una especie de “España” independiente del resto, donde la guerra se desarrollaba de una forma bastante especial.

Como es lógico, la variedad de personajes, (cada uno perteneciente a una clase social distinta, con intereses, anhelos e ideologías diferentes), sirve al autor para tejer una red de historias que nos sirve para hacernos una idea del retrato que pretende conseguir del Cádiz de la época: liberal, pero con fuertes raíces tradicionales, patriota pero interesado en las ventajas que pueda aportar lo internacional, y pendiente siempre del hilo de la guerra para poder mantenerse en ese presente tan inestable, y con un futuro muy incierto por delante. Esta red de variados personajes, como decía, permite a Pérez Reverte que captemos el devenir de aquella sociedad. Y aunque consigue su propósito, se trata de un recurso un poco sobado, literalmente hablando.

Pocos personajes llegan a sorprender de verdad, y la macabra historia de los crímenes, que sirve de hilo conductor para relacionar entre sí estas vidas tan dispares, no llega a sorprendernos con un final en plan “el asesino era el mayordomo”.

Pero en realidad, exceptuando estos pequeños detalles, se trata de una novela interesante, principalmente por dónde se sitúa, tanto en el tiempo como en el espacio. Las situaciones geográficas están muy bien descritas, así como las narraciones sobre las batallas que acontecieron. Se nota que el autor ha sido concienzudo y se ha documentado debidamente, eso sieeeempre es de agradecer. Que para ficciones al 100% ya tenemos otros formatos.

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Pasos sin huellas (F. Bermúdez de Castro)

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Pasos sin huellas (F. Bermúdez de Castro)

Tengo debilidad por esta novela. La he leído como cuatro veces, y lo que te rondaré morena. Porque es una historia absolutamente genial, que se disfruta cada vez que se lee, sea cual sea la página desde la que retomemos la lectura. En resumen: absolutamente recomendable. Sobre todo porque se trata de una obra con un estilo personalísimo que mezcla humor y drama con un sentido tal, que consigue hilvanar sucesivamente y con una viva naturalidad los sucesos que van componiendo esta historia, alternando una cosa con la otra (sonrisas y alguna lágrima) sin que perdamos el humor, y sobre todo, lleguemos a desear haber conocido alguna vez al Señor Cánel.

La verdad es que Pasos sin Huellas tiene ese toque, que evita toda aparatosidad de las grandes tragedias (aunque alguna hay).

Su protagonista, como decía, es Martín Cánel, todo un señorito español que acude a las prestigiosas instituciones británicas para labrarse un prometedor futuro. Es un estudiante de Económicas que llega con su divertido y sarcástico sentido de la vida a Londres, acompañado únicamente de su buen amigo, Antonio Ordovás. Como vemos según va desarrollándose la historia, ambos no tienen absolutamente nada en común y terminan alejándose de forma inevitable. Paralelamente, nuestro buen Martín comienza a relacionarse de una manera trepidante con montones de personajes, cada cual más redondo y mejor configurado por el autor, con personalidades francamente arrolladoras e historias conmovedoras a su alrededor. Y todo este montón de personajes bailando al son del gigantesco cinismo de nuestro querido Cánel. Hasta que en este escenario irrumpe (¡y de qué manera!) alguien a quien yo he amado en silencio todos estos años: la señorita Huguette de Guenard. Francesa y pija, para más señas. Si alguien espera una historia de amor al uso, está pero que muy equivocado. Francamente: tenéis que leerlo.

Con esta obra, F. Bermúdez de Castro ganó el Premio Plantea en 1.958. Cuando pienso en esta historia y en sus personajes, me parece increíble que todo esto fuera concebido en los años 50. Se parece demasiado a nuestros días. De hecho, parece ser que Bermúdez de Castro tomó algunas de las anécdotas de sus propias vivencias personales. Y cuando veo su retrato en la contraportada del libro… ¡uf! cuesta creerlo. Parece de todo menos un tío divertido.

Lo que no sé es por qué este señor, con ese don para las narraciones que Dios le dió, no escribió nada más que Pasos sin Huellas. ¡Si hasta ganó el Planeta! ¿De cuántas pesetillas sería la dotación por aquel entonces?

Cañas y barro (Vicente Blasco Ibáñez)

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Cañas y barro (Vicente Blasco Ibáñez)

Podemos decir que Cañas y Barro se trata de un clásico de la Literatura española, una de las “novelas valencianas” de Blasco Ibáñez, donde la historia de Toñet y Neleta es la excusa perfecta para decribir la vida en pleno 1.900 en la Albufera. Estas “novelas valencianas” forman parte de la corriente costumbrista que durante el Modernismo se desarrolló en parte de la Literatura española, con autores como el propio Blasco Ibáñez, Azorín o Unamuno.

En esta novela se nos describe una historia principal, la de amor entre los protagonistas, que se cruza con la de otros personajes secundarios pero, a mi parecer, mucho más interesantes y curiosos y de mucho más calado psicológico: el borracho Sangonera, el tío Paloma o el propio Toño (abuelo y padre del protagonista, respectivamente). Todo ello se desarrolla entre canales y anguilas, redes y botes de pesca, en El Palmar. Una población donde nadie querría acercarse ni siquiera a verlo de lejos. Porque si hacemos caso de las descripciones del autor, el paisaje es desagradable, el olor del aire es el del pescado viscoso y el lodo, y sus habitantes tienen el mismo color y aspecto que las anguilas de las que se alimentan. ¿Realmente era este sitio así? ¿O es que el autor tiene algún interés en hacernos creer lo horroroso que era formar parte de semejante lugar?

No sé si es que estamos acostumbrados a que muchos autores que escriben sobre su propia tierra nos idealicen en cierta medida algunos aspectos de la misma, o al menos, no nos lo pinten prácticamente como el infierno en la tierra (léase Valencia). Porque a mí no me ha parecido que todo aquello pudiera ser tan escandalosamente repulsivo. No se salvan ni los niños. Quizá sea ésta una características propias de Blasco Ibáñez, quizá desengañado de la vida de las clases más humildes; la verdad es que no he leído otras obras suyas, aunque me queda pendiente.

Cierto es que la vida en aquellos (y muchos otros) lugares para la clase obrera a principios del S. XX debía ser tremendamente difícil. Pero de ahí a que vivir como pescador en la Albufera sea símil de, poco menos, ser una anguila humana.

En fin, por lo demás la historia tiene su interés, sobre todo porque (exageraciones aparte) podemos hacernos una idea de la vida en comunidad, y cuando hablo de comunidad me refiero a las aldeas, a lugares donde casi todos los habitantes están unidos por algún lazo de sangre, todos conocen los secretos y debilidades de sus semejantes. Una comunidad en un lugar muy concreto y en una época histórica de mucho interés, concretamente en España, por su contexto político y social. De hecho, el propio Blasco Ibáñez fue diputado republicano.

Para quien quiera conocer algo más visualmente esta historia, puede echar un vistazo a la serie de TVE, símbolo de la transición, pinchando aquí.

 

Presagio (Jorge Molist)

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Presagio (Jorge Molist)

Se trata de una novela, supuestamente de cierta intriga, donde se alterna la acción entre el contexto de las empresas de publicidad y la feroz competencia que existe entre altos directivos en Los Ángeles (EE.UU.), con personajes menos cosmopolitas y aparentemente exóticos de la Baja California.

Ya conocemos el patrón de muchos best-seller (acudo a menudo a este término cuando hablo de libros que terminan compartiendo un estilo que considero más “comercial”, independientemente de sus ventas) de contar por turnos dos historias paralelas que finalmente llegan a converger en un punto, haciendo que sus personajes estén relacionados de algún modo. Bien, éste es uno de esos libros.

Se supone que lo tiene todo, y de hecho en parte trasera de la cubierta nos dicen “brujería, sexo, religión, dinero, amor y muerte forman un relato trepidante con un final impredecible” [sic.]. Pues no. En realidad sería falso decir que Presagio no contiene un cócktail con todos estos elementos, pero es cierto también que la acción trepidante, lo que se dice trepidante, no lo es en absoluto. Tengo que confesar que es un tipo de narrativa que no va conmigo: malos muy malos, que lógicamente se dedican a hacer el mal pero a quienes al final, milagrosamente, todo se les vuelve en contra en favor de un personaje bueno, normalmente algo anodino, que además suele ser guap@ o atractiv@, a quien desde un principio todo les sale mal aunque, ¿sorpresa?, el final  de la obra les tenga reservado un destino en el que terminan triunfando. Si no es así es porque al menos se llevan a la chica/ o por el que suspiran. En fin, ¿a quién no le suena esta cantinela?

Algo parecido sucede con esta historia, si bien hay un elemento curioso que a mí me parece destacable. No voy a entrar en el estilo narrativo, porque no encuentro mucho que decir: de hecho parece tratarse de la segunda novela de este autor, un ingeniero español con gustos y aspiraciones por la literatura. No vamos tampoco a decir que escribe mal. La obra tiene cierto ritmo en algunas partes y se deja leer fácilmente, que al final es lo que queremos casi todos. Pero como decía, resulta que dentro de este batiburrillo de historias sosas y personajes planos, aparece el fenómeno de “la velación”, que viene a ser una práctica sobrenatural en la que se pueden visionar los movimientos de la persona a la que se espía, a través de la luz de una vela. Parece ser que este tipo de prácticas se realizan todavía en algunas partes de México y zonas limítrofes con EE.UU. y que Jorge Molist pudo vivir en sus carnes algún tipo de vivencia relacionada con ella. Si el resultado de todo aquello es el libro, en mi opinión el final no merece mucho la pena. Sin embargo sí me despierta cierto interés cómo habrá sido el principio, lo que dió origen a Presagio.

Bueno, esto no lo sabemos a día de hoy, y si a alguien le interesa el tema, es posible que termine gustándole el libro. Por lo demás, sin embargo, a mí no terminó de darme ni frío ni calor.

Fortunata y Jacinta (Benito P. Galdós)

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Fortunata y Jacinta (Benito P. Galdós)

¡¡Empezamos con los clásicos!! Ya sé que para muchísimos lectores casi todas estas obras pueden ser un pestiño, sin embargo yo soy de las que he disfrutado y espero seguirlo haciendo, con obras como ésta. Recomiendo especialmente su lectura a todos aquellos que quieran revivir lo que fué el Madrid del S.XIX, cuando la Castellana era prácticamente campo y los que tenían posibles se hacían por la zona sus “casitas de fin de semana” (estos son muchos de los palacetes que hoy todavía nos quedan, por ejemplo el del mismísimo Marqués de Salamanca, que actualmente es la sede del BBVA). De hecho, éste es uno de los temas curiosos que se mencionan en el libro.

Lo mejor, para mí, de Fortunata y Jacinta, es lo perfectamente bien que queda retratada lo que fue la sociedad del Romanticismo en Madrid, con sus detalles más curiosos y abarcando todas las clases sociales.

En este sentido encuentro cierto paralelismo con  Balzac (grandísimo escritor francés destacado por el reflejo social que transmite en sus novelas ).
Con los detalles me refiero a las descripciones de los mercadillos, las corralas de vecinos, las tertulias en los cafés, la relación Iglesia-sociedad, cómo era
el interior de las viviendas, qué era lo que se comía, cómo eran los nacimientos o los entierros.


Personalmente me apasiona esta época precisamente en esta ciudad. Y aunque no he llegado a ver la serie que se emitió por TVE, leyendo esta obra he llegado a hacerme una idea bastante real de este batiburrillo de personajes y situaciones que rodean las vidas de aquellas dos mujeres. Me llamaron especialmente la antención las vidas de Juanito, el principal nexo entre Fortunata y Jacinta: un señorito bien que no tiene necesidad de trabajar y ¡ojo! mantenido por sus padres a mucha honra de estos, como venía siendo habitual en este tipo de familias adineradas. Hoy por hoy, aunque sea por guardar las apariencias, hasta los hijos de Julio Iglesias hacen como que trabajan… Y qué decir de Mauricia la Dura, una pobre mujer pobre, madre soltera, irresposable y desequilibrada, que no tiene ni quiere tener dónde caerse muerta, pero que inspira una lástima de lo más humana. Un personaje ciertamente sórdido…

Pérez Galdos leyendo en el salón del doctor Tolosa Latour, en Madrid, en 1897

Pérez Galdós leyendo en el salón del doctor Tolosa Latour, en Madrid, en 1897

Galdós escribió un gran número de obras en su vida. Es destacable su gusto por la narración histórica, pero centrándonos en la novela, creo que en el caso de Fortunata y Jacinta su enorme valor reside en el perfil psicológico tan minucioso que llega a hacer de los personajes (¡y son muchos!), en detrimento de la fluidez de la historia, que hacia la segunda mitad puede hacerse algo monótona.

Sin embargo seguro que volveré a leerla algún día, para pasear por algunos de los sitios que cita el autor y poder decir, ¡pero si siguen ahí! Eso es lo maravilloso de las ciudades: que igual que las personas, todas tienen una historia. Y ambas están irremediablemente ligadas las unas a las de las otras.