Archivo de la categoría: Autores españoles

El viaje íntimo de la locura (Robe Iniesta)

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El viaje íntimo de la locura (Robe Iniesta)

No va a ser fácil hablar de esta novela… ¿Por dónde empezar? Lo primero es que sí, habéis leído bien, su autor es Robe Iniesta, el catatónico alma máter de Extemoduro (ahí es ná). Para quien no lo sepa, Extremoduro es una de las bandas de rock más interesantes de nuestra música patria. Se han caracterizado por siempre, entre otras cosas, por sus corrosivas letras – y me quedo corta- que para los recién iniciados o no familiarizados pueden ser agresivas, soeces, ofensivas, transgresoras y hasta blasfemas. Ya digo: cuestión de gustos. A mí me gustan. Si por algo en realidad son interesantes es, además de por todo esto, por cómo están descritos los sentimientos en las letras de sus canciones. Almas sensibles, abstenerse. Porque, ciertamente, no han bebido de las fuentes de Rubén Darío, pero sí saben describir el amor, digamos, de otra manera a la que nos tienen acostumbrados.

La última calada y me pongo con el siguiente capítulo.

No me extiendo mucho más con Extremo, que seguro que todos sabéis de quiénes hablo, y mejor os dejo un ejemplo de a qué me refiero en el párrafo anterior:  “me coge de la mano, yo me sueño con su pelo. Para estar tan colgado hace falta echarle huevos”. Pura poesía 😉

Sobre Robe (Roberto Iniesta), el autor, se pueden decir aún más cosas que de su mítica banda. Os recomiendo consultar algunas de las declaraciones que él mismo ha hecho públicas acerca de las cosas que lo rodean, aquí. Pero, resumiendo, Robe es especial (o para echarle de comer aparte, según se mire). Tiene una visión de la vida en general a la que es fiel sin pertañear y sin pensar mucho en las consecuencias. Podríamos definirlo como un alma libre de las que ya no hay. Caiga quien caiga. Pero no es un alma libre en su versión romántica, qué va. Su relación con las drogas, controvertida (como siempre lo es), lo ha marcado en todo lo que ha hecho. Ha declarado siempre abiertamente el consumo de las mismas, aunque limitarnos a las drogas sería quedarnos solamente con la parte más morbosa de lo que Robe entiende por vivir la vida. Lo importante es que esta concepción vital ha marcado todo lo que ha hecho, partiendo de la música y llegando desde luego a su novela, El viaje ínitimo de la locura.

Uoho (guitarrista de Extremoduro y anteriormente de Platero y tú) intenta zurrale a Robe en plena entrevista. Ya hemos dicho que el tipo es una joya. No quiero ni pensar en las giras de esta peña.

En realidad, y sientiéndolo mucho, he de decir que se trata de una novela mediocre. Lo siento, Robe, pero te sale mejor cantarle a la resaca que sigue a que ella te deje tirado, que montar una historia consistente y con personajes sólidos. La trama se inicia con la historia de Don Severino, un estirado notario de vida calculada al milímetro, cuya metódica existencia se ve alterada cuando su casa comienza a ascender hacia el cielo sin motivo aparente.

Qué queréis que os diga… Don Severino es un patrón, de los pies a la cabeza, de todo aquello que supone lo que Robe siempre ha criticado: vida burguesa y sedentaria; ya se sabe, pagando facturas, sin haberse enamorado nunca, comiendo de latas. Un triste vamos. ¡Joé, pero podía haberle quedado un triste interesante! Es que el protagonista es tan plano que ni siquiera cuando comienza a sufrir cambios radicales que lo llevan a ser otra persona, Don Severino llega a ser algo atrayente. Desde luego, lo que sí hay que reconocer es que a Robe no le falta imaginación. Pero aún así la novela le queda floja, la historia, a menudo llega a ser aburrida, y de los personajes no hablo más porque es que de Don Severino no hay mucho más que decir.

Lo único a destacar es que a lo largo de los capítulos, el autor aprovecha para servirse agusto con todos los estamentos que siempre ha criticado y le han valido de inspiración para algunas de sus mejores canciones: La Iglesia, la Realeza (literalemente Severino se caga sobre la Reina de Inglaterra ;)), la visión social de la conducta sexual, los bancos, los notarios y las inmobiliarias. No deja títere con cabeza. También pueden identificarse muchas concesiones al Robe más poético. No olvidemos que se manifiesta lector y admirador de varios poetas, y esto queda reflejado en algunas de sus canciones, así como en pasajes de El viaje íntimo de la locura.

Aún así, siento decir que la novela no me convence. Esperemos que la próxima, si es que la hay, le salga un poco más equilibrada y sólida. Al fin y al cabo todo lo creativo debe sufrir un proceso gradual de evolución. Sólo nos queda confiar en que sea a mejor.

El asombroso viaje de Pomponio Flato (Eduardo Mendoza)

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El asombroso viaje de Pomponio Flato (Eduardo Mendoza)

Eduardo Mendoza es uno de esos autores con los que no te aburres leyendo. Sus historias pueden engancharte en mayor o menor medida, pero en general se trata casi siempre de una prosa fresca y fluida. Vamos, que se deja leer estupendamente. Y una cosa más, que no por obvia debe ser obviada: el sentido de lo cómico, que nunca falta en sus obras, aunque se trate de obras “serias”.

Sus personajes, principalmente los protagonistas, podrían perfectamente enmarcarse en el género del anti-héroe al que las cosas no le salen del todo mal, pero después de dar numerosos bandazos previos, y siempre por casualidad, casi nunca debido a su gran destreza en la resolución de problemas. El gran anti-héroe por excelencia de Eduardo Mendoza es, sin duda, Gurb. Probablemente muchos de vosotros conozcáis ya las historias absolutamente disparatadas de Gurb, el extraterrestre que viene a la Tierra con una misión, y al que esta aventura le depara la mayor cantidad de absurdeces que puedas imaginarte.

Las disparatadas aventuras de Gurb comenzaron publicándose por entregas en un diario. La posterior novela consiguió para Mendoza un rotundo éxito de público.

Parece obligado, hablando de este escritor, hacer una mención a Sin noticias de Gurb; aunque en este caso vamos a dejarlo aquí para centrarnos en la “gamberrada” literaria con forma de novela llamada El asombroso viaje de Pomponio Flato.

La acción se sitúa en el Siglo I de nuestra era y el protagonista principal es un romano que viaja en busca de unas aguas que le den la eterna juventud. Esto le obliga a probar todas las aguas que encuentra en su camino, sufiendo por esto problemas intestinales. Esta búsqueda le lleva a Nazaret, donde se ve envuelto en la investigación de un crimen. El relato está lleno de referencias bíblicas que hasta el más ateo conoce, la mayoría tratadas con humor, unas veces sofisticado, otras negro. Mezcla varios géneros literarios, desde el policíaco hasta el histórico.Y no son pocos los que encuentran paralelismos muy obvios entre Pomponio y la figura de nuestro más famoso hidalgo, Don Quijote, que pasó por la turmix varios géneros de la época con un resultado de lo más jocoso.

Quien espere encontrar en esta obra un ejemplo de novela histórica al más puro estilo Matilde Asensi, que se despida de sus aspiraciones porque no es así. Bien es cierto que la historia se narra durante el siglo I de nuestra era, pero eso no hace de este libro novela puramente histórica. Yo diría que el término que mejor describe lo que en ella se narra es: hilaridad, comicidad, en una palabra, el humor. A grandes dosis. Para empezar, Pomponio Flato… Hasta para la elección del nombre del protagonista Mendoza ha hilado fino.

Es cierto que, como ya hemos destacado, la comicidad de esta historia puede restarle credibilidad al contexto histórico o a la profundidad de los personajes de la novela. Ciertamente, estos y otros detalles pueden pasar a un segundo plano. Sin embargo no debemos olvidar que Eduardo Mendoza es un escritor de los más reconocidos, tanto dentro como fuera de España, con numerosos premios y grandes éxitos de ventas (vaaaale, lo reconozo: ni lo uno ni lo otro hacen de por sí grandes escritores). En dos palabras: muy recomendado.

Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven (Albert Espinosa)

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Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven (Albert Espinosa)

Emociones a flor de piel. Parece que Albert Espinosa es un virtuoso en eso de remover lo más ínitmo y emocional de uno mismo en cada uno de sus libros. Tercera obra después de El mundo amarillo y Todo lo que podríamos haber sido tu y yo si no fueramos tu y yo. Albert Espinosa (Barcelona, 1973) es una persona conocida en el mundo de la cultura por  ser, además de escritor, actor, director, guionista de cine, teatro y televisión (e ingeniero industrial químico, amigos: no es moco de pavo). También colabora en programas de radio y escribe una columna semanal para “El Periódico de Catalunya”. En el cine destaca por películas como “Planta 4ª”, “Va a ser que nadie es perfecto”, “Tu vida en 65’” y “No me pidas que te bese porque te besaré”. Como actor (era lo único que le faltaba para ser tan polifacético como Pedro Ruiz) destaca por su papel en la serie Abuela de verano, que por cierto recomiendo, con el que consiguió el premio al actor revelación del año.

En Si tú me dices ven… parece que Espinosa continúa con el estilo emotivo que inició con Todo lo que podríamos…, su primera novela. Ambas tienen varias cosas en común (aparte de los títulos largos, largos por los que se decanta este chico) con respecto a la trama. Hay un personaje protagonista, que narra sus vivencias en primera persona, alternando sus emociones más íntimas y personales, con experiencias de tipo social o profesional. Son personas normales, con la excepción de algún don o… ¿cómo decirlo? Alguna capacidad psíquica que los hace especiales. Sobre todo a la hora de relacionarse con otras personales a niveles muy profundos. También han sufrido enormemente por pérdidas recientes de seres queridos y otros avatares que los hacen más o menos infelices. Eso sí, todo ello acaba sirviendo como trampolín a situaciones mejores en sus respectivas vidas.

En la obra que nos ocupa el protagonista es alguien que tiene por delante la búsqueda de un niño desaparecido (se dedica a estos menesteres), a la par que intenta encontrarse a sí mismo en medio de una dolorosa ruptura matrimonial. El argumento no tiene mucho interés, esto es cierto, si no es por saber cómo de bien termina la situación sentimental de nuestro amigo. Porque ciertamente, estas angustias existenciales con final feliz acaban teniendo cierto tufillo a autoayuda que les hace algo menos atractivas para algunos lectores. Sin embargo, también tienen su público, y en el caso de Albert Espinosa, es muy numeroso. Puede que se deba a que, al tratarse de un escritor (y no escritora como es más habitual en este tipo de Literatura) no cae en aquel sentimentalismo empalagoso que es tan fácil encontrar. Hasta he encontrado un “tráiler” de la novela en youtube.

Hay que destacar aquí que este autor sabe bien de lo que habla cuando de superar problemas vitales se refiere. Cuando era pequeño sufrió un terrible cáncer, debido al cual le tuvieron que amputar una pierna, un pulmón y parte del hígado. Pasó gran parte de su juventud en el hospital luchando contra esta enfermedad. Como muestra de su sentido del humor y de su naturalidad para hablar de sus propias experiencias, os dejo una selección de lo que fue su entrevista con Buenafuente hace un par de años.

Pura Vida (José María Mendiluce)

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Pura Vida (José María Mendiluce)

No hace mucho que leí esta novela, y sin embargo hacía mucho tiempo que tenía en mente leerla. Para mí, no es una obra francamente destacable, a pesar de que cuenta en su trayectoria con haber quedado finalista de los Premios Planeta en el año 1998. Me ocurre con esto de los Premios que me gustan, “pero no…”. Me explico: me sirven de gran ayuda cuando quiero descubrir autores de los que no he oído hablar, pero a los que quiero leer. O de aquellos que sí he oído hablar, pero no conozco una obra destacada por la que decantarme para empezar. Y hago aquí un inciso para opinar sobre el Premio Planeta.

Raro es el año que no lo otorgan a un autor suficientemente reconocido, a pesar de que estos, por salvaguardar las sospechas sobre la calidad de sus obras, se presentan en su mayoría con seudónimos – al menos los que vienen ganando los últimos años-. Y algunos os preguntaréis por qué hablar tanto de los Planeta ahora… No sé si estaréis al tanto de las polémicas que se derivan del fallo de este premio. Precisamente porque (¡oh!, casualidades de la vida) en casi todas las ocasiones el Primer Premio o Finalista va a parar a escritores/as ya consagrados. Se acusa al grupo que lo otorga (Prisa, para los más despistados) de asegurarse las ganancias de las ventas de estos libros premiados, yendo a tiro fijo con los galardonados. Famosas son ya las declaraciones de Juan Marsé hace algunos años, después de formar parte de su jurado. Es por esto que algunos autores se presentan con seudónimo, intentado despejar así las posibles dudas en caso de ser elegidos, avalando de esta forma que ha sido juzgada su obra y no su proyección comercial.

Bien, aclarado esto, el Planeta no es un premio del que yo me fíe a pies juntillas por lo anteriormente he expuesto. Sin embargo, he llegado a picar en muchas ocasiones, y lo que te rondaré, morena. Con Pura Vida me ocurrió algo así. Y me decepcionó.

Tengo que decir que la historia me pareció más de tele-novela que de novela, merecedora además de un premio como éste. Tipo: “chica joven, guapa, inteligente, adinerada y desencantada, busca al otro lado del mundo nuevas experiencias. Que encuentra chico macizo (el más macizo del barrio, ¡cómo no!), y se enamoran.” Hasta aquí no podía ser más típica la historia, pasando, por supuesto, por la diferencia de clases sociales entre ambos. Lo mejor de todo es que la acción se desarrolla en Costa Rica y bien es cierto que algunos de los pasajes describen la vida de parte de la población que nos puede resultar sorprendente y con los que podemos aprender cosas nuevas, igual que le ocurre a la protagonista. Eso, y las ganas que te quedan de trabajar para la ONU y vivir una experiencia amorosa en pleno Caribe, son lo mejor de la novela. Nada más.

Los personajes me resultaron planos, aburridos y predecibles. Al menos la historia no termina bien, si no sería cuestión de proponer que se hiciera una película protagonizada por Jennifer Aniston y terminamos. 

Hay que mencionar (ya que hemos hablado de la polémica sobre lo mediáticos que son algunos de los ganadores/ finalistas del Planeta) que el autor, Mendiluce, es una persona cultivada que saltó a los medios por encabezar las listas de los Verdes para las elecciones a la alcaldía de Madrid en 2003, y que durante la campaña protagonizó algunos artículos con motivo de su salida del armario. Bien es cierto que esto ocurrió varios años de quedar Finalista con esta novela.

A pesar de lo dicho, tengo que mencionar que a casi todas las personas que conozco y que han leído Pura Vida, les ha gustado. Así pues, como siempre, lo que recomiendo es que la leáis y juzguéis. No se trata de una lectura tediosa, por lo que puede llenar perfectamente las horas de esas tardes en las que nos gustaría estar bañándonos en el Pacífico entre palmeras, pero estamos en cualquier otro sitio y con ganas de leer algo sencillo.

El Asedio (Arturo Pérez Reverte)

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El Asedio (Arturo Pérez Reverte)

Hace tiempo que leí esta novela, aunque me ha parecido de lo más apropiado comentarla antes de que termine este año, por eso de la conmemoración del bicentenario de la Pepa. Para quien no lo sepa, en España tuvimos nuestra “segunda Reconquista” con la Guerra de Indendencia de los franceses, allá por el año 1.808.

Fue una turbulenta y apasionante época de la Historia, que ha dado lugar a numerosísimas obras literarias, algunas de ellas noveladas, además de películas y series de TV. Todas ellas nos han permitido alardear de un orgullo patrio algo rancio y casposo, sí, pero del que no se avergüenza uno, dados los tiempos que corren. Será por eso de que hace mucho ya de aquel glorioso 2 de Mayo y no da tanto palo sentirse un poco patriota.

Como decía, se trata de una época interesantísima en la Historia de España: hija de la Ilustración  del siglo XVIII pero acunada en el Despotismo Ilustrado del recién iniciado XIX. Todo esto para explicar que el pueblo acabó siendo el gran protagonista de los hechos que desembocaron en la citada Pepa, esto es, la Constitución de 1.812. Según algunos, acabó saliendo más liberal de lo que podíamos resistir.

En este marco es donde Pérez Reverte teje las historias de varios personajes, participantes todos en mayor o menor medida de los cambios que estaban produciéndose en nuestro país en general, y en Cádiz en particular. Pero igualmente integrantes todos ellos de una sociedad que no era tan parecida como se podía esperar a la del resto de la Península. Porque, como hemos dicho ya, las tramas de esta novela se desenvuelve en tierras gaditanas, una especie de “España” independiente del resto, donde la guerra se desarrollaba de una forma bastante especial.

Como es lógico, la variedad de personajes, (cada uno perteneciente a una clase social distinta, con intereses, anhelos e ideologías diferentes), sirve al autor para tejer una red de historias que nos sirve para hacernos una idea del retrato que pretende conseguir del Cádiz de la época: liberal, pero con fuertes raíces tradicionales, patriota pero interesado en las ventajas que pueda aportar lo internacional, y pendiente siempre del hilo de la guerra para poder mantenerse en ese presente tan inestable, y con un futuro muy incierto por delante. Esta red de variados personajes, como decía, permite a Pérez Reverte que captemos el devenir de aquella sociedad. Y aunque consigue su propósito, se trata de un recurso un poco sobado, literalmente hablando.

Pocos personajes llegan a sorprender de verdad, y la macabra historia de los crímenes, que sirve de hilo conductor para relacionar entre sí estas vidas tan dispares, no llega a sorprendernos con un final en plan “el asesino era el mayordomo”.

Pero en realidad, exceptuando estos pequeños detalles, se trata de una novela interesante, principalmente por dónde se sitúa, tanto en el tiempo como en el espacio. Las situaciones geográficas están muy bien descritas, así como las narraciones sobre las batallas que acontecieron. Se nota que el autor ha sido concienzudo y se ha documentado debidamente, eso sieeeempre es de agradecer. Que para ficciones al 100% ya tenemos otros formatos.

Pasos sin huellas (F. Bermúdez de Castro)

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Pasos sin huellas (F. Bermúdez de Castro)

Tengo debilidad por esta novela. La he leído como cuatro veces, y lo que te rondaré morena. Porque es una historia absolutamente genial, que se disfruta cada vez que se lee, sea cual sea la página desde la que retomemos la lectura. En resumen: absolutamente recomendable. Sobre todo porque se trata de una obra con un estilo personalísimo que mezcla humor y drama con un sentido tal, que consigue hilvanar sucesivamente y con una viva naturalidad los sucesos que van componiendo esta historia, alternando una cosa con la otra (sonrisas y alguna lágrima) sin que perdamos el humor, y sobre todo, lleguemos a desear haber conocido alguna vez al Señor Cánel.

La verdad es que Pasos sin Huellas tiene ese toque, que evita toda aparatosidad de las grandes tragedias (aunque alguna hay).

Su protagonista, como decía, es Martín Cánel, todo un señorito español que acude a las prestigiosas instituciones británicas para labrarse un prometedor futuro. Es un estudiante de Económicas que llega con su divertido y sarcástico sentido de la vida a Londres, acompañado únicamente de su buen amigo, Antonio Ordovás. Como vemos según va desarrollándose la historia, ambos no tienen absolutamente nada en común y terminan alejándose de forma inevitable. Paralelamente, nuestro buen Martín comienza a relacionarse de una manera trepidante con montones de personajes, cada cual más redondo y mejor configurado por el autor, con personalidades francamente arrolladoras e historias conmovedoras a su alrededor. Y todo este montón de personajes bailando al son del gigantesco cinismo de nuestro querido Cánel. Hasta que en este escenario irrumpe (¡y de qué manera!) alguien a quien yo he amado en silencio todos estos años: la señorita Huguette de Guenard. Francesa y pija, para más señas. Si alguien espera una historia de amor al uso, está pero que muy equivocado. Francamente: tenéis que leerlo.

Con esta obra, F. Bermúdez de Castro ganó el Premio Plantea en 1.958. Cuando pienso en esta historia y en sus personajes, me parece increíble que todo esto fuera concebido en los años 50. Se parece demasiado a nuestros días. De hecho, parece ser que Bermúdez de Castro tomó algunas de las anécdotas de sus propias vivencias personales. Y cuando veo su retrato en la contraportada del libro… ¡uf! cuesta creerlo. Parece de todo menos un tío divertido.

Lo que no sé es por qué este señor, con ese don para las narraciones que Dios le dió, no escribió nada más que Pasos sin Huellas. ¡Si hasta ganó el Planeta! ¿De cuántas pesetillas sería la dotación por aquel entonces?

Cañas y barro (Vicente Blasco Ibáñez)

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Cañas y barro (Vicente Blasco Ibáñez)

Podemos decir que Cañas y Barro se trata de un clásico de la Literatura española, una de las “novelas valencianas” de Blasco Ibáñez, donde la historia de Toñet y Neleta es la excusa perfecta para decribir la vida en pleno 1.900 en la Albufera. Estas “novelas valencianas” forman parte de la corriente costumbrista que durante el Modernismo se desarrolló en parte de la Literatura española, con autores como el propio Blasco Ibáñez, Azorín o Unamuno.

En esta novela se nos describe una historia principal, la de amor entre los protagonistas, que se cruza con la de otros personajes secundarios pero, a mi parecer, mucho más interesantes y curiosos y de mucho más calado psicológico: el borracho Sangonera, el tío Paloma o el propio Toño (abuelo y padre del protagonista, respectivamente). Todo ello se desarrolla entre canales y anguilas, redes y botes de pesca, en El Palmar. Una población donde nadie querría acercarse ni siquiera a verlo de lejos. Porque si hacemos caso de las descripciones del autor, el paisaje es desagradable, el olor del aire es el del pescado viscoso y el lodo, y sus habitantes tienen el mismo color y aspecto que las anguilas de las que se alimentan. ¿Realmente era este sitio así? ¿O es que el autor tiene algún interés en hacernos creer lo horroroso que era formar parte de semejante lugar?

No sé si es que estamos acostumbrados a que muchos autores que escriben sobre su propia tierra nos idealicen en cierta medida algunos aspectos de la misma, o al menos, no nos lo pinten prácticamente como el infierno en la tierra (léase Valencia). Porque a mí no me ha parecido que todo aquello pudiera ser tan escandalosamente repulsivo. No se salvan ni los niños. Quizá sea ésta una características propias de Blasco Ibáñez, quizá desengañado de la vida de las clases más humildes; la verdad es que no he leído otras obras suyas, aunque me queda pendiente.

Cierto es que la vida en aquellos (y muchos otros) lugares para la clase obrera a principios del S. XX debía ser tremendamente difícil. Pero de ahí a que vivir como pescador en la Albufera sea símil de, poco menos, ser una anguila humana.

En fin, por lo demás la historia tiene su interés, sobre todo porque (exageraciones aparte) podemos hacernos una idea de la vida en comunidad, y cuando hablo de comunidad me refiero a las aldeas, a lugares donde casi todos los habitantes están unidos por algún lazo de sangre, todos conocen los secretos y debilidades de sus semejantes. Una comunidad en un lugar muy concreto y en una época histórica de mucho interés, concretamente en España, por su contexto político y social. De hecho, el propio Blasco Ibáñez fue diputado republicano.

Para quien quiera conocer algo más visualmente esta historia, puede echar un vistazo a la serie de TVE, símbolo de la transición, pinchando aquí.

 

Presagio (Jorge Molist)

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Presagio (Jorge Molist)

Se trata de una novela, supuestamente de cierta intriga, donde se alterna la acción entre el contexto de las empresas de publicidad y la feroz competencia que existe entre altos directivos en Los Ángeles (EE.UU.), con personajes menos cosmopolitas y aparentemente exóticos de la Baja California.

Ya conocemos el patrón de muchos best-seller (acudo a menudo a este término cuando hablo de libros que terminan compartiendo un estilo que considero más “comercial”, independientemente de sus ventas) de contar por turnos dos historias paralelas que finalmente llegan a converger en un punto, haciendo que sus personajes estén relacionados de algún modo. Bien, éste es uno de esos libros.

Se supone que lo tiene todo, y de hecho en parte trasera de la cubierta nos dicen “brujería, sexo, religión, dinero, amor y muerte forman un relato trepidante con un final impredecible” [sic.]. Pues no. En realidad sería falso decir que Presagio no contiene un cócktail con todos estos elementos, pero es cierto también que la acción trepidante, lo que se dice trepidante, no lo es en absoluto. Tengo que confesar que es un tipo de narrativa que no va conmigo: malos muy malos, que lógicamente se dedican a hacer el mal pero a quienes al final, milagrosamente, todo se les vuelve en contra en favor de un personaje bueno, normalmente algo anodino, que además suele ser guap@ o atractiv@, a quien desde un principio todo les sale mal aunque, ¿sorpresa?, el final  de la obra les tenga reservado un destino en el que terminan triunfando. Si no es así es porque al menos se llevan a la chica/ o por el que suspiran. En fin, ¿a quién no le suena esta cantinela?

Algo parecido sucede con esta historia, si bien hay un elemento curioso que a mí me parece destacable. No voy a entrar en el estilo narrativo, porque no encuentro mucho que decir: de hecho parece tratarse de la segunda novela de este autor, un ingeniero español con gustos y aspiraciones por la literatura. No vamos tampoco a decir que escribe mal. La obra tiene cierto ritmo en algunas partes y se deja leer fácilmente, que al final es lo que queremos casi todos. Pero como decía, resulta que dentro de este batiburrillo de historias sosas y personajes planos, aparece el fenómeno de “la velación”, que viene a ser una práctica sobrenatural en la que se pueden visionar los movimientos de la persona a la que se espía, a través de la luz de una vela. Parece ser que este tipo de prácticas se realizan todavía en algunas partes de México y zonas limítrofes con EE.UU. y que Jorge Molist pudo vivir en sus carnes algún tipo de vivencia relacionada con ella. Si el resultado de todo aquello es el libro, en mi opinión el final no merece mucho la pena. Sin embargo sí me despierta cierto interés cómo habrá sido el principio, lo que dió origen a Presagio.

Bueno, esto no lo sabemos a día de hoy, y si a alguien le interesa el tema, es posible que termine gustándole el libro. Por lo demás, sin embargo, a mí no terminó de darme ni frío ni calor.

Fortunata y Jacinta (Benito P. Galdós)

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Fortunata y Jacinta (Benito P. Galdós)

¡¡Empezamos con los clásicos!! Ya sé que para muchísimos lectores casi todas estas obras pueden ser un pestiño, sin embargo yo soy de las que he disfrutado y espero seguirlo haciendo, con obras como ésta. Recomiendo especialmente su lectura a todos aquellos que quieran revivir lo que fué el Madrid del S.XIX, cuando la Castellana era prácticamente campo y los que tenían posibles se hacían por la zona sus “casitas de fin de semana” (estos son muchos de los palacetes que hoy todavía nos quedan, por ejemplo el del mismísimo Marqués de Salamanca, que actualmente es la sede del BBVA). De hecho, éste es uno de los temas curiosos que se mencionan en el libro.

Lo mejor, para mí, de Fortunata y Jacinta, es lo perfectamente bien que queda retratada lo que fue la sociedad del Romanticismo en Madrid, con sus detalles más curiosos y abarcando todas las clases sociales.

En este sentido encuentro cierto paralelismo con  Balzac (grandísimo escritor francés destacado por el reflejo social que transmite en sus novelas ).
Con los detalles me refiero a las descripciones de los mercadillos, las corralas de vecinos, las tertulias en los cafés, la relación Iglesia-sociedad, cómo era
el interior de las viviendas, qué era lo que se comía, cómo eran los nacimientos o los entierros.


Personalmente me apasiona esta época precisamente en esta ciudad. Y aunque no he llegado a ver la serie que se emitió por TVE, leyendo esta obra he llegado a hacerme una idea bastante real de este batiburrillo de personajes y situaciones que rodean las vidas de aquellas dos mujeres. Me llamaron especialmente la antención las vidas de Juanito, el principal nexo entre Fortunata y Jacinta: un señorito bien que no tiene necesidad de trabajar y ¡ojo! mantenido por sus padres a mucha honra de estos, como venía siendo habitual en este tipo de familias adineradas. Hoy por hoy, aunque sea por guardar las apariencias, hasta los hijos de Julio Iglesias hacen como que trabajan… Y qué decir de Mauricia la Dura, una pobre mujer pobre, madre soltera, irresposable y desequilibrada, que no tiene ni quiere tener dónde caerse muerta, pero que inspira una lástima de lo más humana. Un personaje ciertamente sórdido…

Pérez Galdos leyendo en el salón del doctor Tolosa Latour, en Madrid, en 1897

Pérez Galdós leyendo en el salón del doctor Tolosa Latour, en Madrid, en 1897

Galdós escribió un gran número de obras en su vida. Es destacable su gusto por la narración histórica, pero centrándonos en la novela, creo que en el caso de Fortunata y Jacinta su enorme valor reside en el perfil psicológico tan minucioso que llega a hacer de los personajes (¡y son muchos!), en detrimento de la fluidez de la historia, que hacia la segunda mitad puede hacerse algo monótona.

Sin embargo seguro que volveré a leerla algún día, para pasear por algunos de los sitios que cita el autor y poder decir, ¡pero si siguen ahí! Eso es lo maravilloso de las ciudades: que igual que las personas, todas tienen una historia. Y ambas están irremediablemente ligadas las unas a las de las otras.