La princesa de hielo (Camila Läckberg)

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La princesa de hielo (Camila Läckberg)

Era imposible: antes o después había que sacar a relucir la triunfante ristra de escritores escandinavos de novela negra que lo están petando desde la publicación de la saga superventas Milenium, de Stieg Larsson. El éxito de estas publicaciones supuso el  nórdico alumbramiento de un montón de autores y una explosión de publicaciones de las que hoy disfrutamos todos, en especial las editoriales.

Desde luego, la sueca Camila Läckberg es uno de estos exponentes. Ella se estrenó precisamente con La princesa de hielo en 2002 y ha publicado desde entonces otras tantas obras, todas policíacas, y no creo que se atreva a decir que le haya ido nada mal; varias de sus obras han sido adaptadas como serie televisiva como Los crímenes de Fjälbacka, y también existe una versión de cómic  de La princesa de hielo

 

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Vista del pueblecito de Fjälbacka. Si algo he sacado en claro de La princesa de hielo, es que con nombres como éstos jamás podré leerlo en versión original.

A mí, sinceramente y a pesar de lo descriptivo del título, no me ha dado ni frío ni calor. He de reconocer que para que una novela policíaca me atraiga intensamente debe salir algo más de los característicos preceptos del género. Esto es:

 

a) pintoresco pueblecito costero/interior (léase cualquier localidad de número reducido de población) en el que todos sus habitantes se conocen, existen oscuras relaciones entre ellos y nadie es lo que aparenta.

b) un macabro crimen que altera la supuesta paz municipal, si es lejano en el tiempo aún mejor, y del que casi todos los habitantes conocen alguna parte de la incógnita.

c) forastero/a, bien sea policía, periodista, escritor o similar, que se propone la resolución del crimen para lo cual va descubriendo los sombríos secretos de los vecinos, a sazón de lo cual siempre habrá pequeñas historias satélite de la principal y que explican la composición de la vida local desde lo particular a lo general, hasta el descubrimiento del asesino/s. Por supuesto, quien menos espera uno, faltaría más.

Voilá! Esto es también La princesa de hielo, que sin ser nada nuevo resulta relativamente interesante (a ratos), y que nos regala con un final que termina por ser, no por más inesperado, ridículo.

 

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