Patria (Fernando Aramburu)

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Patria (Fernando Aramburu)

Qué lejos parecen los años de plomo de ETA. Aquellos años 80 plagados de atentados bomba y tiros en la nuca, continuamente noticias en los telediarios, y en todos los ambulatorios (por decir un lugar cotidiano) de cualquier pueblo de España, los póster con las caras de los terroristas más buscados. Todavía recuerdo con claridad algunas historias: detenciones en la frontera, manifestaciones pro-ETA de familiares de presos, bombas contra población civil en lugares concurridos. También recuerdo el reciente fin de la banda.

Atentado ETA Vich. Comunidad Lectora

Atentado ETA en Vic, Barcelona. 1991

Después de leer “Patria” es como que todo aquello sigue dando un poco de miedo. Y todo ha pasado ya. Especialmente para los no-vascos. Nos tocó de cerca, pero no es comparable a lo vivido en Euskadi. Porque ciertamente, la novela de Aramburu hace un repaso por los últimos 20 años a pie de calle del conflicto vasco, antes y después del alto al fuego. En un pueblo. De dos familias. Cada uno de los miembros, con sus vivencias propias en relación a este conflicto. No se puede personalizar más la historia.

Quien espere de “Patria” sesudas conclusiones sobre el movimiento terrorista vasco o sofisticadas teorías acerca del sentimiento independentista, no va a encontrar lo que busca. Precisamente si “Patria” ha sido un superventas en este 2.017 ha sido por lo accesible de las historias, que son, principalmente, humanas.

Bittori, Miren, amigas desde la más tierna infancia. Viuda de asesinado, la una. Madre de etarra la otra. Hasta aquí el planteamiento podría resultar un tanto simplista, pero vienen a complicarlo – como siempre pasa en la vida, al fin y al cabo – las circunstancias. En este caso sobre todo los hijos, cada cual con su propia perspectiva sobre el tema, y no en menor medida, el entorno: un pequeño pueblo donde el independentismo ha calado tan hondo en el día a día municipal de sus ciudadanos, como la humedad del clima.

Personalizar los conflictos de una región no es nada nuevo en literatura. De esta manera se han tratado todo tipo de problemáticas sociales: raciales, sexistas, homófobas, religiosas o políticas. Así se humanizan; es más fácil transmitir. El formato de la novela sirve muy bien al efecto: hacer sentir al lector el mismo sentimiento del personaje. Eso con una monografía o un artículo periodístico no se consigue.

Pero, si la habéis leído, decidme: ¿pensáis que Armaburu juzga? No es su deseo, pero sí.

Aquellos personajes pro Euskadi libre son:

a) ignorantes: lo mismo lloran la muerte de Franco que, llegado el caso y el consiguiente cambio de circunstancias, no faltan a ningún acto independentista puño en alto.

b) radicales: en función de lo visto y aprendido en el entorno, se echan al monte. Sin el fundamento mínimo que soporte algún tipo de ideología o dé respuestas  razonadas/argumentadas a lo que se está emprendiendo.

En este sentido Aramburu deja algo cojo en sentimiento independentista el cual, por otro lado, existe y está ahí, por más que sepamos que lo de el fin justifica los medios es pura mierda.

Dicho esto, la moraleja final que todos acabamos compartiendo está muy bien planteada desde el inicio de “Patria” y es ésta: ningún movimiento justifica lo vivido por las víctimas de ETA. Y todo lo acontecido no ha servido de casi nada.

Y todos estamos hasta tal punto de acuerdo en esto que “Patria” es la novela más leída en España en lo que llevamos de año.

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