Drácula (Bram Stocker)

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Drácula (Bram Stocker)

Otro clasicazo, en este caso, de terror. Escrito en 1.897, en pleno romanticismo literario, con todo lo que ello implica: la fascinación por lo exótico y lo sobrenatural. De toda la vida hemos escuchado historias sobre vampiros. Pero en mi caso hasta que no llegué a la época adolescente no descubrí que había un libro, Drácula, y también un personaje histórico, el conde Vlad Dracul, y que ambas historias se habían fusionado en la leyenda de los vampiros que yo, y casi toda la gente de mi generación, conocíamos casi exclusivamente por las películas que veíamos en los 80, cuando solamente había 2 cadenas (la 1 y la UHF, para los olvidadizos). Me refiero a esos tipos que te mordían la yugular, repelían el ajo, y con quienes se podía acabar únicamente clavándoles un crucifijo en medio del corazón. En fin, que si lo piensas puede dar miedo, sí (a mí me lo daba, qué narices), pero romántico, lo que se dice romántico, se puso después.

En los 90 los vampiros retomaron cierta relevancia para la gente de mi edad con las Crónicas Vampíricas de Anne Rice, empezando por Entrevista con el Vampiro, y sobretodo con la peli que siguió el rastro de aquel éxito literario. Aquí sí podemos decir que los vampiros supieron rodearse de cierta aureola de glamour, pasando a ser un poco divos, héroes románticos del mal, de aparecer en las carpetas forradas de quinceañeras de la época (ojo: en la mía no).

Después., también en los 90 y puede que a rebufo de todo lo anterior, Coppola llevó al cine la novela que nos ocupa el comentario de hoy: el Drácula original de Stocker.

La película es increíble, concentra todo lo que puede conocerse de este personaje a través del libro y sobre todo, pasa olímpicamente de antiguos clichés sobre vampiros de los que os hablaba al principio de este post. Se centra en la historia de Drácula, como digo inspirada en la del Conde rumano Vlad Dracul (uno que de verdad sí que daba miedo y del bueno), y sobre todo de la historia de amor con su eterna prometida: Mina. En ésta la historia que Sotcker narra en su novela, amor a través de los tiempos con un velo de terror sobrenatural que tanto gusta a los góticos. En realidad no se trata de una novela que dé tanto miedo que no te deje dormir por las noches; recordemos que está escrita a finales del XIX y toda la trama rodea una historia de amor atenporal, por lo que los ramalazos románticos de la novela y por tanto del libro, están por doquier. Famosa donde las haya es la frase del Conde cuando “recupera” a su amada varios siglos después de su “muerte”: “he cruzado océanos de tiempo para encontrarte“.

Coppola dió en el blanco, en mi opinión, sobre todo con dos aspectos de su película:

1) sigue fielmente la narración a través de los diarios de los principales personajes

2) la recreación del Conde Drácula avenjentado

 

 

 

Stocker aúna en su obra las tradiciones orales y leyendas medievales de Centroeuropa donde se habla de los muertos vivientes, aquellas personas que necesitan beber sangre para poder así vivir eternamente, con la romántica “telenovela” del Conde y su prometida a través de los tiempos. Al hilo de estas referencias no quiero olvidarme del mítico Nosferatu, una peli muda de 1922, donde el argumento viene a ser el mismo de siempre, pero ese vampiro: ¡¡qué miedo da!!

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