Quién fuera Dios (Tibor Fischer)

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Quién fuera Dios (Tibor Fischer)

¡Madre mía! Acabo de descubrir un nuevo escritor fetiche. En realidad es la primera, y hasta ahora única novela suya que he leído. Pero me atrevo a recomendarla ávidamente a todos aquellos que quieran pasar un buen rato con una lectura sencilla, pero de gran calidad estilística. Los recursos de Fischer a la hora de describir lugares, personas, y especialmente situaciones, está llevada en este caso a un nivel espectacular, por lo que tienen de descriptivas sin llegar a ser pesadas. Pero lo mejor de esta novela es el tono acidisísisismo que tiene de principio a fin.

La historia es la del protagonista, Tyndale Corbett, un señor amargado de la vida que decide, en un giro estrambótico y definitivo, darle nuevos aires a su amargada existencia de cuarentón separado y aburrido de sí mismo. Esto, que puede parecer un inicio poco prometedor, se convierte en una serie de excéntricas situaciones de las que ni el propio Tyndale da crédito. Verdaderamente, Fischer consigue hacernos reír de verdad solamente imaginando cómo podrán ser esos personajes que se cruzan en el caminio de este protagonista, desde el mismo momento que aterriza en Miami (escenario de las aventuras de este pobre hombre).

Sólo como ejemplo de alguna de estas disparatadas escenas, os haré partícipes de las curiosas reflexiones que llega a hacer Tyndale sobre la gente con la que se va cruzando. Sobre “el Lama Lodo”, una especie de predicador de tres al cuarto al que acude a ver en plena conferencia, cito:

“-Acérquense más – dice el Lama-. Según una antigua creencia tibetana sentarse en primera fila es magnífico para el karma.

– Ni presentándose con una banda de rock, hielo seco y rayos láser podría el lama ser más mediático.”

O cuando alaba la vida que se llevaba hace años:

“Antiguamente entendían mejor la vida. Recuerdo a mi abuela decir: << Me pasé años deseándole la muerte a tu abuelo, pero ahora andamos mal de dinero>>.”

Y, una auténtica perla, cuando describe la historia deNelson, su antiguo amigo del colegio, un mentiroso compulsivo que pierde la cámara de fotos de su padre en el tren:

“[Nelson] era consciente de que, en comparación con la mayoría de sus anteriores patrañas, la frase << Me la dejé en el tren>> poseía una franqueza gloriosamente sencilla y convincente. Comparadla con su mítica <<Papá, te digo que fue un puma quien te pisoteó los narcisos>>, por la que […] consiguió incluso que publicaran su careto en el periódico local junto a la noticia “PUMA URBANO””.

Y a todo esto, ejerciendo como voluntario para la Iglesia del Cristo Fuertemente Armado (¡¡¡!!!).

Aunque, para quien quiera rumiar un poco las profundidades de esta historia, también tenemos citas pero que muy sólidas:

“- Una limosnita para droga, por favor, sufro de sobredosis de realidad – mendiga el barbudo […]” o “- Todos tenemos un límite – dice el hierofante-, pero todos nos equivocamos creyendo saber dónde está.”

En fin, que en mi humilde opinión de aquí sale una novela redonda con todos los ingredientes para que, al terminarla, acabes viendo la realidad de otra forma… más a lo “Tyndale style” 😉

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